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Yo hace mucho tiempo que tengo la más absoluta de las certezas de que Ricardo Melchior es un desvergonzado, políticamente hablando al menos. Pero de ahí a hacerse autoproselitismo y a pedirse el voto, casi que sin muchas sutileces, en plena jornada electoral desde el periódico El Día, cómo lo diría yo, pareciera que el personaje se ha pasado como un par de pueblitos, como mínimo.
El artículo es un rollo en su primera parte donde comienza a darle vueltas insistentemente al sexo de los ángeles, para terminar nombrando como logro el haber metido a 8 millones de viajeros en el tranvía, a costa fundamentalmente de la guagua y de los taxis, para terminar planteando la necesidad de "mantener esa misma línea de actuación para lograr ver cumplidos otros objetivos trascendentes para nuestro futuro. De esa manera, seguiremos demandando políticas adecuadas para el fomento del empleo o la aportación de recursos para una mejor prestación sanitaria, al igual que apoyo a la reconversión turística o a las exportaciones del sector agrario, sin olvidar el control efectivo de la inmigración ilegal". Y, obviamente, mantener 'la misma línea' y 'demandando' no se sabe a quién cosas -que no son otras que las que ha repetido una y otra vez en la campaña- significa votar por Ricardo Patrick Melchior Navarro al Senado.
En fin, que vivimos en el reino de la desvergüenza lo que no es ya para casi nadie ningún descubrimiento. Todo seguramente legal, dicen que la Junta Electoral ha declarado lícito el numerito de la 'primera traviesa' al principio de la campaña para unas molestas obras que comenzarán, evidentemente, dos días después de que la gente deposite el voto. Obrita que, en plena campaña, lo único que ha significado es que los barrios más populosos de La Laguna se vean inundados de folletos supuestamente 'informativos' donde se mostraba a los vecinos lo cojonudo que iba a quedar todo con esos 2.200 metros de tranvía por unas avenidas recientemente remodeladas, lo que nos costará casi 10 mil millones de pesetas a costa del escaso espacio para la guagua y el taxi, que seguirán sin haber carriles exclusivos pese a que, necesariamente, tendrán que seguir pasando por esos sitios en un continuo atasco a mayor gloria de la catenaria dichosa.
Pero la desvergüenza es de tal calibre que hasta
Antonio Alarcó, el segundo jefe del Cabildo que también se quiere mandar a mudar al Senado donde, entre otras muchas cosas, gozarán todos de una inmunidad que les puede ser muy útil en un momento dado, decía el otro día en una radio y a propósito de los orgasmos de Zerolo que el homosexual chicharrero, y desde su punto de vista como médico, tenía cara de enfermo. El hombre más encantado de sí mismo utilizando sus conocimientos médicos -supuestos en este caso- para denigrar a un contrincante político. ¡Chiquita manada de miserables!
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Una jornada singular
L a jornada de hoy representa una ocasión singular para los tinerfeños porque, al igual que el resto de los españoles, estamos convocados de nuevo a elegir entre todos a nuestros representantes en las Cortes Generales. En este día ejercemos el derecho democrático que asiste a los ciudadanos de las sociedades libres de participar directamente en determinar quiénes van a asumir el encargo de administrar y defender los intereses comunes.
Los electores nombramos con la suma de los votos individuales a los candidatos de variadas opciones que previamente han tenido la oportunidad de formular sus particulares propuestas y proyectos. Y nos decantamos por una u otra en función de las posturas ideológicas de cada cual o, en cambio, atendiendo al grado de compromiso que se haya demostrado haber adquirido con nuestra tierra y la gente que la habita.
Expresarse con el voto es la mejor manera que tienen los ciudadanos de un país abierto y democrático de tomar parte en la gestión de los asuntos que atañen a todos, de definir los pasos que marcarán el futuro. Por ese motivo es tan importante que la presencia ante las urnas sea numerosa; en la medida en que la participación obtenga cifras elevadas, se alcanzará una mayor representatividad y las personas elegidas contarán con un respaldo más consistente para desempeñar posteriormente su labor.
Porque de porvenir se trata. Hoy nos jugamos cómo se van a desenvolver los cuatro próximos años en lo referente nada menos que a aquellas cuestiones que nos atañen como pueblo. Es preciso, consiguientemente, ejercer el voto con responsabilidad, sin atender a posiciones maximalistas que nada tienen que ver con la serenidad y, sobre todo, el conocimiento necesario para desarrollar una tarea cuyas consecuencias, en uno u otro sentido, van a afectar indefectiblemente al conjunto de los ciudadanos.
Sin duda, este día es muy importante para los españoles y, en concreto, para los tinerfeños. Nosotros decidiremos en qué medida van a ser abordados los principales problemas que padece nuestra Isla, si a conveniencia o, por el contrario, sin la atención requerida, diluidos entre otros muchos y con las soluciones pospuestas sin remisión. En todo caso, seremos los votantes quienes estableceremos las reglas y eso es tan respetable como indiscutible.
Después de hoy, sin embargo, continuará la existencia común y los habitantes de esta tierra, cada cual desde su puesto, seguiremos contribuyendo a su engrandecimiento para que, día a día, se desarrolle una mejor calidad de vida en nuestra sociedad. Por fortuna, ya hemos dado pasos muy destacados en esa vía, con innovaciones destacadas, como ocurre con el tendido del tranvía -con 8 millones de usuarios antes de cumplirse el primer año de funcionamiento- o iniciativas de todo tipo destinadas a satisfacer las demandas de la ciudadanía.
A partir de ahora se hace necesario mantener esa misma línea de actuación para lograr ver cumplidos otros objetivos trascendentes para nuestro futuro. De esa manera, seguiremos demandando políticas adecuadas para el fomento del empleo o la aportación de recursos para una mejor prestación sanitaria, al igual que apoyo a la reconversión turística o a las exportaciones del sector agrario, sin olvidar el control efectivo de la inmigración ilegal.
Seguiremos, por tanto, planteando cuestiones de sumo interés para Tenerife y sus gentes.
Ricardo Melchior Navarro - Presidente del Cabildo de Tenerife
Fuente: El Día, 09-03-08