Sobre el jefe de servicio de Costas que también nos salió constructor
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Que un alto funcionario de la Demarcación de Costas pueda intentar ponerse millonario con el ladrillo, cuidado con eso, se supone que está en su derecho. Que tal cosa pueda considerarse éticamente como muy bonita cuando, precisamente, en algunas de las obras en las que está, o ha estado, involucrado un buen saltador podría lanzarse al agua desde el balcón de esas edificaciones sin muchos problemas, pues más bien se presenta a los ojos de cualquier observador medianamente imparcial como un poco indecente, sin entrar en otro tipo de valoraciones.
Si, además, toda esta historia ocurre en la 'socialista' costa de El Rosario, paradigma a nivel mundial de los disparates urbanísticos que se pueden hacer sobre unos acantilados sobres los que antaño batía el mar, pues el asunto se provoca cierto grado de revoltura. Y si el mismo individuo, interrogado por la Farnés en relación al pelotazo de Las Teresitas en lo referente al deslinde, mostrara una desmemoria impropia no de un alto funcionario, sino del ordenanza de la puerta, pues qué quieren que les diga, el asunto resulta más grotesco todavía si no fuera porque éstos personajes necesitan hasta cerrar una playa para poder hacer el edificio por el peligro evidente que correrían los usuarios. Usuarios a los que, como es lógico, el asunto no les ha hecho como mucha gracia entrado ya el verano prácticamente.
En fin, que yo no digo ni que sí ni que no ni todo lo contrario. De cómo es posible que estas cosas puedan ser legales -según todas las autoridades competentes- cuando éstos mismos individuos pretenden que los caseríos de Anaga o de Agache se retiren hasta 100 metros del mar, pues hombre, yo espero que nadie se moleste si uno piensa que aquí las leyes favorecen a unos cuantos por muchas monsergas que nos cuente la Constitución del 78. Que esto me recuerda cuando el Labajos compró unos terrenos en La Caldereta, donde a sus antiguos propietarios no se les permitía ni hacer un cuarto de aperos por encontrarse dentro de un espacio protegido, y en un momentito el Labajos montó probablemente la urbanización más disparatada del mundo que ha tenido que ser incluida inmediatamente hasta en una relación de zonas con alto riesgo de avenidas de agua en La Palma. Asombroso pero real como la vida misma en pleno siglo XXI.
Claro que si después, para más Inri, cuando se casa el hijo o la hija de algún político o empresario potentado, acuden al convite los jefes de los guardias, los jefes de los jueces y fiscales o los responsables políticos tanto de los del gobierno como los de la oposición, pues hombre, como que la esperanza de alguna independencia o de alguna investigación de oficio decente, se disuelven de repente cual azucarillo. Que al fin y al cabo todos estamos con las manifestaciones de Salvador Iglesias a Santa Cazorla de que eso de jubilarse con trescientas mil pesetas es una puta mierda. Lo que hay que hacer, como bien ha aprendido este de Costas -al parecer- es retirarse a tiempo dejando buenos amigos por aquí y por allá. Que del dicho al hecho no siempre tiene por qué haber un gran trecho.