BEN MAGEC-ECOLOGISTAS EN ACCIÓN DENUNCIA EL MALTRATO QUE SUFRE EL USUARIO DE LA GUAGUA
Las precarias condiciones en las que se encuentran las paradas, la mayoría de las veces carentes de marquesinas, o con espacios sucios y muy precarios, unido al estado y al diseño de los vehículos, son sólo algunas de las carencias que la Federación ecologista ha estudiado.
Un informe fotográfico elaborado por Ben Magec - Ecologistas en Acción pone de manifiesto los múltiples obstáculos a los que se enfrentan las personas que utilizan el servicio de guaguas en Tenerife, desglosándolo en varios procesos, que se pueden concretar en los siguientes puntos:
Acceso a las paradas de guaguas. Los accesos son muchas veces altamente peligrosos, ubicados en curvas sin visibilidad, sin pasos de peatones para acceder a ellos o colocados en vías rápidas en las que no hay acera ni arcén. Muchas de estas paradas peligrosas están ubicadas en lugares altamente frecuentados, destacando con especial relevancia la del Hospital.
Paradas de guaguas. Muchas paradas carecen de marquesinas, con lo cual no hay sitio donde sentarse ni donde refugiarse del sol, del viento o de la lluvia. Otras están en condiciones inseguras o insalubres, en lugares desprotegidos, con obras alrededor, o ubicados junto a contenedores de basura. La mayoría de las veces carecen de iluminación o incluso de visibilidad.
Frecuencias y líneas. En muchas líneas, las frecuencias de paso de las guaguas son mínimas, con lo cual a menudo las esperas son interminables, o incluso no se dispone de un horario que convenga a las necesidades. En la mayoría de ocasiones, las paradas no disponen de un listado de líneas y frecuencias, con lo que se produce el hecho de que una persona espere durante un largo rato hasta cambiar de idea e intentar buscar otro medio de transporte o buscar otra parada.
Identificación de la guagua. En muchos casos, la señalización es tan reducida que resulta imposible, para una persona con dificultades de visión (discapacitados visuales, ancianos...), identificar qué guagua es la que está llegando a la parada. Lo mismo sucede con los pocos paneles que anuncian las llegadas o salidas de las guaguas que, en muchos casos están tapadas por obstáculos que impiden su visión.
El acceso a la guagua. En demasiadas guaguas, el acceso al vehículo tiene más de 30 centímetros de altura, por lo que no resulta sencillo subir y bajar, sobre todo, cuando se trata de personas de movilidad reducida. Demasiadas guaguas no disponen de puerta adaptada para las personas que van en silla de ruedas, y muy pocas disponen de un sistema para colocar bicicletas.
En ocasiones, las guaguas llegan tan llenas a una parada que no paran, con lo cual el usuario se queda fuera y debe esperar a la siguiente. Esto es especialmente gravoso en líneas con poca frecuencia, como ocurre en el aeropuerto de Los Rodeos.
La ocupación de la parada por parte de coches también dificulta el acceso a las guaguas.
El coste del billete. Los precios de cada viaje han aumentado sin que con ellos aumente la calidad del servicio. Las posibilidades de realizar trasbordos con la misma tarifa se han reducido, y el uso combinado de guagua y tranvía se ha penalizado con 35 céntimos.
El interior de la guagua. En horas punta, la falta de mayor frecuencia de paso hace que las guaguas se abarroten, y muchas personas se ven obligadas a viajar de pie. A diario muchas personas mayores vuelan por los pasillos de las guaguas cuando éstas se ponen velozmente en marcha.
El viaje. Conocer la parada en la que se desea bajar es muchas veces difícil, sobre todo cuando el usuario viaja por esa ruta por primera vez. Solicitar su detención es también complicado, porque no hay timbres suficientes o adecuados, y las personas deben levantarse con la guagua en marcha para pulsar el botón.
La falta de prioridad de la guagua, de carriles bus, y el excesivo recorrido único de muchas líneas convierte el trayecto en un periplo interminable.
La bajada de la guagua. Muchas paradas no disponen de espacio suficiente entre la carretera y la acera o el arcén. Del mismo modo, carecen de pasos de peatones para acceder a las aceras seguras. Incluso en ocasiones el usuario atravesará un largo recorrido antes de llegar a ese lugar seguro.
Y al final de todo, hay que sentirse orgulloso. Después de sortear todas las dificultades que se le crean, cada día más, al usuario de la guagua, éste bien puede sentirse satisfecho y orgulloso de haber renunciado al coche y de haber contribuido así a crear un planeta más limpio.
UNA SOCIEDAD DESARROLLADA NO ES AQUÉLLA EN LA QUE TODO EL MUNDO PUEDE PERMITIRSE TENER UN COCHE, SINO AQUÉLLA EN LA QUE TODO EL MUNDO PUEDE PERMITIRSE NO TENER UN COCHE.
Poder permitirse no tener un coche pasa por dedicar una mayor inversión en las políticas que favorezcan el transporte público, frente al desmedido crecimiento de infraestructuras que fomentan el uso del coche privado.
Más información: Francisco Castro (679.459.511)

ÁLBUM DE FOTOS DE BEN MAGEC SOBRE EL TEMA
07-08-08 Los penúltimos 'militantes' de la guagua, con dos cojones
