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Peytaví amenaza con que arderá Troya

29 - 09 - 08

A ver, yo creo que si Ricardo Peytaví tiene algo de interés sobre el pasado de Francisco Pomares que pueda tener algún interés para el resto del común de los mortales, teniendo en cuenta que efectivamente se trata de un personaje de relevancia pública, debería contarlo o, por el contrario, callarse la boca y dejarse de mamarrachadas y amenazas veladas desde la columna del periódico que le paga, y que lógicamente siente ya como suyo propio, por muchos fregados en los que se haya metido el dueño Pepito Rodríguez.

Que no seremos nosotros, desde luego, los que salgamos en defensa de Pomares porque bastantes puñaladas que nos ha dado con lo del Crimen de Granadilla, donde se ha aliado con el Peytaví y con todos los yonkis del piche y del cemento a mayor gloria de las cuantas de resultado de sus empresas. Otra cosa es que valoremos que fue el Pomares, junto con dos o tres más (entre ellos desde luego no se encontraba ningún parlamentario más que Santiago Pérez), de los pocos que se enfretaron a la lamentable ola de racismo y xenofobia que se desató en esta tierra no hace tanto y que desembocó en la manifestación más vergonzosa de la historia de Canarias, arengada desde el periódico El Día (con sus editoriales rayantes lo delictivo), desde columnas como la de Peytaví o desde emisoras como Radio Burgado donde Andrés Chaves -con la colaboración necesaria de Mateo López, Jorge Vargas y 'el-sin-ver-las-cosas' de Javier Abreu- asustaba a las viejecitas al grito de que cualquier día de éstos se iban a escapar los negritos del campamento improvisado de Las Raíces y a secuestrar familias.

Y yo no sé quién es el que va a venir a acabar aquí con este periodismo del chantaje, de la amenaza, del dossier... Cuándo llegará el día en el que la gente que crea opinión dejará de utilizar su poder -su alcachofa o columna- para amedrentar al personal, cuándo se dedicarán a investigar, a indagar y a sacar a la luz aquello que verdaderamente tenga relevancia social independientemente de que afecte a Zerolo (el intocable) o a Pepito el de los Palotes. Porque acaso, sin la pata de una prensa libre y bien embadurnada de democracia, este tortuoso camino hacia una sociedad libre -y por tanto bien informada- pareciera cada día más lejano en el horizonte.

Y es que está bien saber chismes de la gente -supongo y de hecho a nosotros del Peytaví nos llegan un montón- pero otra cosa muy distinta es que eso se convierta en base para argumento alguno, ni para defender a don Pepito (que por otro lado se sabe defender solito de puta madre y no hay más que ver el editorial amenazador y del mismo tono insultante de este domingo) ni para influir de una u otra manera en la opinión pública. Y, eso sí, considero que cuando se tiene la valentía para hacer insinuaciones sobre la gente desde un medio tan potente como El Día lo lógico, y lo decente, es poner el nombre de la gente a la que te estás refiriendo. Lo otro es un acto de indignidad y cobardía verdaderamente patético en personajes de esta categoría que diariamente se sitúan unos cuantos escalones por encima del resto de los mortales desde sus púlpitos mediáticos. Y es la táctica que lleva empleando el Peytaví y los editorialistas de El Día desde hace demasiado tiempo ya, que cuando les entra el punto te amenazan directamente sin firma y se quedan más anchos que largos porque a estos muchachos todo les ha sido consentido, precisamente por los mismos que el otro día pretendieron condenarlos, no sólo a destiempo sino torpemente porque de la declaración se desprende un tufillo muy chungo que efectivamente tienen que ver con la libertad de expresión, lo que resulta intolerable máxime cuando procede de los que han engordado a ese medio de comunicación con las perritas de todos los ciudadanos.

Así que atentos a lo que cuente Peytaví, que dice que le han contado los 'amigos' de Paco Pomares, porque anuncia que no sólo se va a divertir él sino, más importante, por lo visto nos va a alegar mucho la vida a nosotros también. Y verdaderamente, en los tiempos que corren, a todos nos viene bien una carcajada de vez en cuando aunque mucho me temo que sólo se trata de otra fanfarronada más, típica de estas estrellas mediáticas tipo Peytaví, Chaves o Vargas. Que tengo grabadas todavía (porque me las mandaron) las amenazas de chiquillo éste de Mírame Televisión, no me preguntes cómo se llama ahora, cuando vio peligrar la concesión digital, donde relataba sus andanzas por el Club Oliver y en un coche por la Cuesta de Piedra acompañado de políticos que supuestamente iban a comprar polvitos blancos. Lamentable pero real como la vida misma. Y con este ganado tenemos que arar, aunque al muchacho parece que la cosa le funcionó porque no sólo se llevó la adjudicación sino que las primeras autoridades de la Isla se subieron al escenario el día que presentó el canal bajo la torre de la Iglesia de La Concepción en La Laguna. Que así nos va.

Y a los muchachos del Parlamento, por cierto, que si quieren artículos de periódico donde se fomenta el pleito insular, para condenarlos y eso, que me digan cuántos quieren que yo les puedo dejar un montón precisamente de un diputado, imputado por varios delitos, que salió huyendo el otro día para Los Campitos a fin de no quedar mal con don Pepito y que hay llegado, en su chifladera, a no ver más que a canariones persiguiéndole por las calles de Santa Cruz, que hasta sus problemas con la Justicia se los imputa públicamente la la Isla de enfrente. ¿O es que la inmunidad también ampara en estas cosas?

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DESDE DENTRO RICARDO PEYTAVÍ

Una historia interesante

SI PIENSAS como yo, eres un demócrata perfecto. En caso contrario, te comportas cobardemente porque tienes miedo de enfrentarte a los poderes fácticos y tratar por igual a todos los canarios. Así se expresa un hombre que aspira a gobernar Canarias; un gladiador de la incansable lucha contra CC, siglas que en su credo interno no significan Coalición Canaria sino otro cosa; un hombre que volvió a su tierra a regañadientes porque Zapatero se hartó de tenerlo como ministro; un hombre que está dejando el PSOE de estos alrededores como un solar, porque ya no lo aguanta ni su padrino político: el propio Saavedra ha dicho de Juan Fernando López Aguilar que con él de candidato, los socialistas seguirán en la oposición hasta el año 2020. ¿Sólo hasta entonces?

A mí, que siempre me han caído bien los luchadores incansables, me hubiese gustado que durante todo este tiempo alguien tan impoluto como el señor López Aguilar hubiese pedido perdón por algunos "pasados". No por su historial como político, pues hasta donde yo sé es de los que tienen las manos limpias. Al César, lo que es del César. Pero el PSOE no ha estado exento de bergantes en sus filas. Y no me refiero a los Roldanes, Veras, Corcueras, etcétera, sino alguien igual de lejano en el tiempo, la verdad sea dicha, aunque no tan distante en lo territorial.

Hoy que es domingo y todos tenemos un poco más de tiempo para leer el periódico, quisiera contarles una historia algo olvidada a cuenta del Parlamento de Canarias. Institución a la que hasta no hace mucho pertenecía don Juan Fernando, pues yo a partir de ahora a sus señorías vernáculas pienso tratarlas con mucho respeto. Prefiero no arriesgarme a que el día menos pensado otra periodista -o periodista masculino- de Las Palmas escriba un artículo, se reúna la Mesa de la Cámara y, tras cobrar la dieta por la asistencia al ilustre edificio de la calle Teobaldo Power, me declaren sujeto no grato con un sonado aplauso en los escaños de la progresía archipielágica. Una respetuosa deferencia hacia los depositarios de la voluntad popular que no me impide -¿o sí?- escribir aquí y ahora que allá por el año 1983, cuando era redactor de este periódico, recibí la visita de un matrimonio alemán. Empresarios del ocio nocturno, para ser precisos, afincados en Tenerife desde años atrás. Venían con un periódico que reproducía una foto con los entonces miembros de la Mesa del Parlamento, y señalaban, demacrados, al secretario primero. No voy a decir el nombre de tal político (José Vicente Hernández Díaz) porque en su día ya fue condenado y sufrió prisión; es decir, purgó su culpa y no merece que ahora se lo recordemos una vez más. Sí les diré que era un político del PSOE, y que antes de diputado regional había sido primer teniente de alcalde del Puerto de la Cruz, cargo en el que cometió los delitos por los que en 1985 lo sentenció a cuatro años y cuatro meses el TSJC.

Tuve la mala suerte -estos asuntos, a la larga, son desagradables y ocasionan severas enemistades- de ocuparme periodísticamente de aquel caso. Ante la imposibilidad de hablar con el inculpado, acudí al entonces jefe del gabinete -¿o era el jefe de prensa?; la verdad, no me acuerdo- del presidente del Parlamento (Francisco Pomares). Una mala idea por mi parte. "Gilipollas de mierda, ¿cómo se te ocurre atacar a un compañero socialista?", fue lo primero que dijo con un fallido afán, pronto lo supe, de atemorizarme. Felipe González había ganado las elecciones generales meses antes, y la progresía andaba muy subida a la parra.

Ciertamente, cualquier mequetrefe puede respondernos así en el momento más inopinado. Por ahí, nada que objetar. Lo curioso del caso es que el fulano en cuestión es de los que ahora llaman tiparraco, viejo chocho y otras lindezas a José Rodríguez, al mismo tiempo que lo acusan de insultar a diestro y siniestro. Sea como fuese, dicho fulano ha dejado durante todos estos años, en su asimismo impoluto quehacer periodístico, un reguero de amigos como de aquí a Lima; amigos, faltaría más, que me han contado durante estos días un montón de cosas. Cómo me voy a divertir. Y seguro que ustedes también.

Nota: Los nombres en rojo y en cursiva no se corresponden con el artículo original, sino que se trata de aclaraciones para que se sepa por dónde vienen las amenazas de Peytaví.

Fuente: El Día, 28-09-08


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