
Todo el mundo sabe, o al menos la gente decente, que los vecinos de Cho Vito hubiesen recogido sus bártulos, e incluso procedido ellos mismos a la demolición de sus viviendas para aprovechar muchos enseres y materiales que han acabado entullados por la primera pala mecánica que haya entrado en ese enclave nunca (porque todas esas humildes casas fueron construidas a mano y con carretillas y mulos), si previamente hubieran visto caer las impresionantes ilegalidades que se suceden a lo largo de la costa de Tenerife y de media España. Digamos, por poner un ejemplo tonto, la primera línea de impresionantes adefesios que construyó Antonio Plasencia en el frente del Puertito de Güímar (que dicen que tienen orden de demolición del Supremo desde hace uno montón de años) y que ha condenado esa costa para siempre. Es por eso que el artículo de Daniel Millet en La Opinión de este domingo representa no sólo una decepcionante interpretación sesgada de la realidad sino que, además, persigue descalificar una lucha que, efectivamente, les ha costado muy cara a unos vecinos que se han plantado democráticamente contra una injusticia y la indecente discriminación hacia el más débil en un supuesto estado de derecho.
Porque, asómbrense, este periodista de La Opinión viene a decir -textualmente- que no es cierto que no se tiren las casas de los ricos porque a Antonio Plasencia le van a quitar -le van a quitar porque lo de Cho Vito era prioritario aunque el supuesto paseo marítimo no lleve a ningún sitio en el poblado marinero- nada menos que la piscina y una parte de su cancha de tenis. Y, ojo al dato, que le van a quitar la piscina a cambio de dejarlo en el mismo centro de una impresionante playa que van a construir frente a estas mansiones que se quedarán en el eje de esta infraestructura. Pero es que el caso, análisis en el que no entra Daniel Millet porque -como si fuera el mismísimo alcalde de Candelaria- no interesa, es que tanto la piscina de Antonio Plasencia en Punta Larga como su cancha de tenis, o lo que sea, están más lejos de la costa que el propio chalet, si el Google Maps no engaña. ¿Hay que financiar partidos políticos políticos para disfrutar de este tipo de 'consideraciones'? Porque cuando uno ve los planos, publicados en la web del Ayuntamiento, del sendero costero que parece que tendrán los candelarieros después de décadas y que delimitará el deslinde en esa zona, no puede por menos que indignarse porque con esa vara de medir es probable que no hubiera tenido que caer ni una sola de las viviendas de Cho Vito.
Y la realidad, por más vueltas que haya intentado darle hoy La Opinión al Crimen de Cho Vito, es que en la página 14 de ese mismo periódico la teniente de alcalde del Ayuntamiento de El Rosario -Ana Lupe Mora que es la mano derecha de Santiago Pérez en el Cabildo- dice que si se actualiza el deslinde marítimo en el municipio "mucho nos tememos que puedan quedarse fuera de ordenación viviendas y complejos residenciales, con la consiguiente devaluación que esto lleva aparejado, sin olvidar la incertidumbre en la que se deja a los vecinos". Con la misma Ley, con los mismos protagonistas políticos y judiciales, resulta que los vecinos de Cho Vito ya no tienen incertidumbre ninguna, los han machacado sin piedad por muchas historias que nos quiera contar ahora la maquinaria propagandística indecente del PSOE. Que digo yo que será que los fiscales y los jueces no leen los periódicos, porque de otro modo... como no sea que muchos de ellos también vivan en esa urbanizaciones en primera línea...
Desde aquí siempre hemos mantenido lo mismo, para el caso de una isla como Tenerife lo que hay que hacer es poner sobre un mapa, detalladamente, todas y cada una de las viviendas -o construcción de cualquier tipo- que según esta Ley -y según estos personajes que la interpretan de forma tan curiosa- se han de demoler. Todas y cada una de ellas, y después hablaremos de lo que haya que hablar sin problemas de ningún tipo. Lo que es impresentable es esta especie de ruleta rusa que se pone en marcha de vez en cuando y que, como por arte de birlibirloque, siempre termina por disparar contra el más débil o el que menos molesta, como sin duda es el caso de Cho Vito donde todo el mundo tenía garantizado el libre acceso a la costa -acaso porque estaba ahí ese poblado- póngase como se ponga la jueza, los ecologistas o el Millet. ¿Cómo carajo se explica que en El Rosario no porque Macario se puede ver metido en líos, en Candelaria sí pero para los pobres? ¿Cómo se puede afirmar, como hace hoy La Opinión, que esto está afectando a ricos y a pobres cuando dirigentes del PSOE han presumido públicamente de haber conseguido parar demoliciones de algunos mientras a otros les mandan a las fuerzas especiales de la Guardia Civil por tierra, mar y aire con perros adiestrados por medio? ¿A qué tanta desvergüenza y cinismo?
Representa una ignominia lo que ha ocurrido y, sobre todo, las formas. Al principio eran siete vecinos los que podían permanecer en sus casas porque era su única vivienda, el resto fueron echados como agua sucia y no esperaron ni a que los niños se fueran al colegio para proceder. Ya no son siete, sino nueve, y a dos familias se les ha permitido volver a recoger sus enseres de entre los escombros porque se lo pensaron mejor. Una auténtica chapuza sin sentido porque es mucho más caro e inhumano ponerse a tirar casas sin solucionar previamente los casos particulares de cada vecino que, a diferencia de otros sitios que se han demolido en las cosas de Tenerife, tenían en ese poblado su única residencia. ¿Qué sentido tiene, entonces, haber comenzado de esta manera la demolición cuando no podrá comenzar paseo marítimo alguno hasta que no se solucione el problema en su conjunto? La explicación, para nosotros, está clara y no es otra que la venganza de unos personajes políticos (puestos en evidencia recientemente en televisiones nacionales) que carecen de escrúpulos y que han utilizado nuestros impuestos miserablemente para castigar a mujeres, hombres y niños por haberles plantado cara con un montón de razones, por muy equivocados que pudieran estar. Y los ecologistas que, como dice Millet, prefieren ahora callar, que tengan en cuenta que esto sólo ha sido un ensayo de lo que pueda representar la respuesta represiva del PSOE ante cualquier resistencia social el Crimen de Granadilla. Al tiempo.
Cho Vito, entre el agravio y la contradicción


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