Pese a la importancia de la industria turística en Canarias, sólo cuatro establecimientos alojativos de las Islas, tres hoteles de Tenerife y un complejo de apartamentos de Gran Canaria, poseen actualmente el conocido como EMAS, una certificación que identifica a las empresas que disponen de un sistema europeo de gestión y auditoría medioambiental.
Los expertos que participaron ayer en el III Foro de Medio Ambiente, en el marco de Canagua 2003, coincidieron en señalar que Canarias continúa a la cola de las comunidades europeas en implantación de criterios medioambientales en las empresas. En el ámbito nacional, Cataluña, Baleares y Madrid son las que cuentan con el mayor número de establecimientos con certificación EMAS, a mucha distancia de las trece empresas de diversos sectores que lo poseen en Canarias.
Elvira Carles, del departamento de Medio Ambiente de la Cámara de Comercio de Barcelona, advirtió en su intervención en el Foro que, "en lugar de ir hacia un crecimiento sostenible, el turismo se dirige hacia un sistema insostenible", dado que el sector crecerá el doble hasta 2025, mientras que la generación de residuos se multiplicará por tres y el consumo de energías y de agua se multiplicará por cuatro. En España, agregó, "las zonas costeras del Mediterráneo, Baleares y, sobre todo, Canarias son las que están peor en cuanto a capacidad de carga y esto se ha notado mucho desde hace dos años".
Por su parte, Raquel Aranguren, de la Fundación Entorno de Madrid, pronostica que este bajo grado de concienciación medioambiental de las empresas turísticas en Canarias está empezando a cambiar, en la medida en que los turoperadores europeos exigen a las cadenas hoteleras que implanten criterios medioambientales, apremiados a su vez por los clientes de los mayoristas, que piden alojarse en establecimientos turísticos respetuosos con el medio natural. De hecho, ocho empresas isleñas han solicitado este año obtener el EMAS y otras ocho están en proceso de implantación de este certificado en Canarias. Los turistas alemanes, ingleses, japoneses o canadienses son los más exigentes, según Aranguren, mientras que entre los españoles priman cuestiones como el precio o la categoría del establecimiento.
Fuente: La Provincia, 21-11-2003
