Foro contra la Incineración

Tenerife
                 
Endeudada Navidad
                 
29 - 12 - 03



Salvador Lachica

En estas fechas siempre me acuerdo del magnífico economista y genial escritor José Luis Sampedro, pues él fue quien definió la existencia de la comunidad invisible, formada por un batallón de personas que no puede acceder a los bienes de consumo y que convive con todos nosotros sin que nos demos cuenta de su existencia.

Un pelotón que en Canarias lo conforman aproximadamente 42.000 familias perceptoras de pensiones no contributivas, cuyo valor medio es de 275,33 euros al mes, o lo que es lo mismo, 45.811 de las antiguas rubias. Según los datos del Observatorio de Empleo de Canarias (Obecan), seis de cada diez miembros de estas unidades familiares sin sombra que perciben este tipo de ayuda (que, por cierto, CC se negó junto al PP a que sea incrementada por cada una de las comunidades autónomas según el nivel de sus arcas) están por debajo del oficial umbral de la pobreza de los 359 euros por persona al mes.

Frente a esta realidad que no queremos ver, resulta mucho más intelectualmente obsceno constatar que durante casi dos meses invadamos las calles sedientos de un consumismo que transmuta la felicidad en la capacidad que se tiene para exprimir unas tarjetas de crédito (esas que los invisibles no tienen) que fagocitan guirnaldas, solomillos, luces con música, cava, jamón, serpentinas, langostinos, videojuegos, chernes, cigalas, cordero, musgo, zapatos, bogavantes, perfumes, mazapán, muérdago artificial, turrón, figuritas para el belén, patés, espumillones, el maletín de la Señorita Pepis para invertir la RIC en África, las uvas... Así, de euro en euro, hasta la bancarrota final que nos ha llevado a deber a las entidades bancarias cuatro billones (con b de burrada) de las añoradas pesetas, casi el triple que hace siete años y, para pasmo de José Carlos Mauricio, todopoderoso consejero de Hacienda, cinco veces más dinero que el que tiene consignada la Comunidad Autónoma en los presupuestos del próximo año.

¿Este claro ejemplo de que expulsamos el aire más alto que por donde la espalda pierde su nombre es consecuencia directa del empeño de Adán Martín cuando dijo en el discurso de investidura que quería que los canarios fuéramos felices, olvidándose del pequeño detalle, aunque sin embargo fundamental, de que tenemos los antepenúltimos emolumentos más bajos de todas las españas? ¿Su olvido ha hecho que también nosotros seamos salarialmente amnésicos y nos creamos Dodi Al Fayed o dueños de El Corte Inglés?

Esta alocada carrera por deslumbrar al vecino con los últimos adelantos tecnológicos y comidas pantagruélicas nos oculta que, tras los fastos, cuando nos estemos atiborrando de Almax o Bemolan gel, caeremos en la cuenta de que nuestra ídem corriente pertenece por entero a CajaCanarias, al igual que nuestra casa, nuestro coche, la lavadora, el ordenador portátil y toda la demás quincalla navideña que acaba ajada en un caja de cartón en el sótano, en el PIRS de Arico o flotando en el mar porque las depuradoras no han dado abasto.

La Opinión de Tenerife, 22-12-03



 
                 
 
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