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Tenerife
                 
Las mafias y la prensa, el primer medio que "confiesa"
                 
15-02-04

 

La Historia de atlanticocanarias.com, un periódico Digital que Coalición Canaria mencionó en su momento desde la propia tribuna del Congreso de los Diputados, una propaganda gratuita que no era casual, sino que era una campaña de lanzamiento para otro medio afín que en su momento dejó de tener interés para Manuel Hermoso, según nos cuenta uno de los protagonistas de la historia. Es el primer medio que saca a relucir sus vergüenzas, pero hay quien dice que no habrá de ser el último.

"Los lectores deben saber que, cuando este periódico era un refrito de agencias que se utilizaba para insidias y calumnias de guerrillas internas de partido, fue extensivo en personal y generoso en retribuciones. Y que ahora, cuando es un periódico de contenidos serios, con información propia y elaborada y con creciente número de accesos en Internet, los costes se han reducido a menos de un tercio… pero los profesionales han dejado de cobrar a fin de mes".

Entrevista publicada en atlanticocanarias.com en febrero de 2004

EL EDITOR RESPALDA NUESTRA INFORMACIÓN AUTOCRÍTICA
“No hay tema político, sino de moral cívica y de deontología profesional del periodismo”

SANTA CRUZ, Ricardo Peytaví

Carlos E. Rodríguez, editor desde noviembre de 2002 de AtlánticoCanarias.Com, es un periodista de amplia trayectoria en la información económica —fundó la agencia Otr/Press y dirigió el diario económico La Gaceta de los Negocios, las revistas Panorama, Dinero y Soluciones, la Radio Intereconomía y otros medios—. Según conocen nuestros lectores por lo publicado en los últimos días, los primeros tiempos de esta publicación en la red, hoy dedicada a la información económica, han estado rodeados de ciertas maniobras ajenas a las buenas prácticas del periodismo. La primera pregunta es inevitable.


—¿Cómo se ha llegado a esto?

El resumen del resumen es muy sencillo. Aquí no se trata de vendettas ni de luchas por tal o cual orientación de un medio. Lo que sucede es que unos creen que los medios informativos tienen que estar a su servicio, y nosotros creemos que están al servicio de los lectores y de su derecho a estar informados. Es la alternativa entre el periodismo de pesebre y el periodismo limpio, profesional, independiente y con una deontología que nos obliga a la transparencia y a la autocrítica. Pero antes de nada quiero dejar claro que me da cierto pudor hablar de mi peripecia personal en este asunto. Si lo acepto, es porque no se entiende bien lo sucedido sin contar un poco esta historia. Hay preguntas que me doy cuenta que la gente se hace. ¿Por qué hacemos ahora esta autocrítica y no antes? ¿Tenemos algo que ver con Román Rodríguez? Nada, absolutamente nada. Como liberal confeso que soy me encuentro en las antípodas exactamente igual de Román que de Hermoso.

—Pero la denuncia beneficia a Román Rodríguez.

Es que el tema no es Román Rodríguez, podría haber sido cualquiera. ¿Ayuda a Román decir que la campaña fue torpe y superflua porque ya estaba derrotado? El tema ni siquiera es una manera de actuar y unos métodos que parecen del más rancio caciquismo del siglo XIX, con desprecio absoluto a las personas, a la propia palabra, a todo. El tema que me duele es ver cómo un esfuerzo profesional serio, tecnológico y periodístico, puede ser cruelmente machacado en cuanto se niega a servir intereses espúreos. El tema no es político, es periodístico, profesional. ¿Y por qué esta autocrítica se hace ahora? Porque es cuando la trayectoria y el análisis de los hechos ha producido la revelación plena de lo sucedido. Hay cosas que hace falta reflexión y tiempo para creerlas.

—Empecemos por el principio. ¿Por qué te incorporas como accionista a AtlanticoCanarias.Com?

Acababa de trasladar mi residencia a Canarias, cumpliendo un sueño de mi vida y algo muy grato para mi mujer y mi hija, que son de aquí. Me hablaron de un periódico digital, bajo los auspicios de Manuel Hermoso y que dirigiría Paco Martín, y entonces yo tenía a los dos por amigos y pensé que podía permitirme echar una mano… porque me pareció que estaban muy verdes, que no tenían más que la idea. Claro, no sabía yo entonces que la idea era otra… En fin, puse unos dineros minoritarios, no recuerdo si una quinta parte o algo así, y encargué a gente mía un proyecto, un plan financiero, busqué oficinas, avalé personalmente un leasing para los equipos y el mobiliario… Parecían felices conmigo. Vamos, luego me he dado cuenta que me habían aplicado la frase del hampón en una vieja película: “Cada día sale a la calle un tonto y es del primero que se lo quede”.

—Es decir, que participas desde el primer momento, junto a otras personas, en la creación de ‘atlanticocanarias.com’. ¿Cuándo empiezan los desacuerdos?

Desde muy pronto. En uno de los primeros consejos que celebramos, Manuel Hermoso propuso asignarle al director, Paco Martín, un sueldo de 6.000 euros mensuales. Mi participación tenía entonces dos consejeros y nos quedamos de piedra. Con sueldos así no podía llevarse a cabo el plan de negocio que habíamos elaborado. Sólo ese sueldo era el 40 por ciento del presupuesto mensual. En fin, pese a todo, supuse que si el señor Hermoso había realizado esa propuesta, era porque tenía algún medio de financiación para el diario que yo desconocía, aunque luego se habló de cobrar algo a los ayuntamientos de ATI por servicios de comunicación o algo así.

—¿Y después?

Pues toda una serie de despropósitos a cual mayor. Por supuesto, ni siquiera se tomaron la molestia de echar un vistazo al plan de negocios que había preparado. Después de mucho tiempo he llegado a la conclusión de que lo que interesaba no era crear una empresa rentable, con capacidad de sobrevivir por sí misma. Pero entonces me resultaba difícil concebir algo semejante.

La ruptura se materializó en el último trimestre del año 2001. No había entrado un euro y el capital estaba agotado, así que di instrucciones al administrativo para que, como habíamos hablado en el consejo, se pidiera un crédito avalado por todos los accionistas. Nunca lo hubiera hecho. Fernández del Pino convocó reunión urgente en sábado y aquello parecía un tribunal acusándome de extralimitarme en mis atribuciones al pedir un crédito. Vamos, como si yo fuera el culpable de la situación en vez de haber metido dinero y trabajado gratis para la sociedad. Fue el primer atisbo que tuve del verdadero rostro de estos personajes, aunque me faltaba mucho por ver.

—¿Qué actitud adoptaste entonces?

Les dije que hicieran ellos lo que quisieran, decidí no volver por las oficinas, y olvidarme del periódico, deseando eso sí, que les fuera bien, para no perder el dinero invertido. Me alejé por completo. Un día me llamó Paco Martín por teléfono para decirme que habían decidido una ampliación de capital, al doble, en vez de pedir el crédito. Hice mi depósito bancario en tiempo y forma y de nuevo por teléfono, Paco Martín me dijo que a finales de enero habían celebrado consejo, ejecutado la ampliación de capital y aceptado mi dimisión como consejero delegado. Tardaría tiempo en conocer la verdad.

—¿Y cuál era esa verdad?

Algo que si no estuviera en los documentos, nadie lo creería. Dos o tres meses después, un día pasé por las oficinas del periódico y subí a saludar a la gente. El administrativo me entregó unos papeles que yo, sin verlos, guardé en la cartera, pensando que sería algo personal que me habría dejado por allí. Cuando abrí la cartera y saqué los papeles no daba crédito a mis ojos.

—¿A qué te refieres?

Tenía en mis manos dos escrituras notariales. Ambas elevaban acuerdos a documento público, sobre la base de las correspondientes certificaciones del Acta del consejo de finales de enero. Una de ellas, bueno, me cesaba como consejero delegado, lo que respondía a mi dimisión, ah, pero me nombraba apoderado mancomunado. Así por las buenas y sin conocimiento ni aceptación mía lo veía en escritura notarial. La otra era aún más grave, porque ejecutaba la ampliación de capital y, como en los juegos de manos, mi participación no aparecía. Qué bien, pensé, me he ahorrado 36.000 euros…

—Por el tono de tus palabras deduzco que no hubo esa suerte.

Efectivamente. Llamé al Banco y, para mi sorpresa, supe que se había dispuesto del depósito de los 36.000 euros. Así que había desaparecido el dinero, pero no habían aparecido las acciones. Sorprendido, llamé al secretario letrado de la sociedad, Marcos Hermoso, quien, con el mayor desparpajo, me dijo que sí, que habían decidido no incluirme en la ampliación, pero que habían utilizado el depósito para diversos pagos y que me lo reconocerían como préstamo de accionista. No daba crédito a mis oídos al escuchar a un abogado en ejercicio reconociendo con tanta alegría una apropiación indebida.

Pero es que la cosa no terminaba ahí. En las certificaciones del Acta, que acompañaban a las escrituras, me encontré con que yo figuraba como asistente al consejo, aceptando y aprobando todo, mi nombramiento como apoderado mancomunado y la volatilización de los 36.000 euros.

—¿Cuál era el objetivo entonces?

Pues ahora tengo la impresión de que el objetivo era proporcionar trabajo a unas personas del entorno de Manuel Hermoso, que se habían quedado sin ocupación al concluir éste su mandato como presidente del Gobierno de Canarias, y tenerlas preparadas para cuando fuera necesaria alguna operación política como la que se produjo con Román Rodríguez.

—Tras la descapitalización inicial se pidió, y consiguió, un crédito de CajaCanarias, cuyos pormenores ya conocemos. ¿Por qué te implicaste de nuevo en el proyecto?

Lo del crédito fue con otra sociedad y fue una operación rocambolesca. Además yo no me enteré hasta después de la aparente reconciliación. Antes de renunciar a mi cargo como consejero, le había dicho a Manuel Fernández del Pino, presidente del Consejo, que por cada millón de pesetas que perdiera yo debido a la mala gestión, ellos, como también accionistas, iban a perder cuatro, pero es que yo pensaba en términos de la realidad de la empresa, no de cosas raras.

Esta vez, la tarea de engañarme la asumió el propio Fernández del Pino. Me llamó por teléfono, me pidió infinitas disculpas, echó toda la culpa de lo ocurrido a Paco Martín, de quien dijo horrores como si no fuera uno más del grupo, y me instó a un arreglo. Ahora me doy cuenta de que lo que más les preocupaba era el delito de estafa, y además el periódico era ya un incordio, porque a esas alturas Román Rodríguez estaba decapitado, aunque él aún no lo supiera. Pensando aquello de que mejor un mal arreglo que un buen pleito, puse unas condiciones profesionales, un modelo de periódicos y de gestión que aceptaron fervorosos… Claro, como no pensaban cumplir nada...

—¿Qué salió mal esta segunda vez?

He tenido que llegar al final de este vía crucis para darme cuenta que el grupo de accionistas vinculado a Manuel Hermoso no tenía muchas ganas de mantener vivo un proyecto, cuyo objetivo inicial de enredar en política mediante personas de confianza ya no tenía razón de ser. Francisco Martín había sido acomodado en la campaña electoral de CC, y los demás ya no estaban en la empresa.

En realidad, la única intención del aparente arreglo era ganar tiempo hasta después de las elecciones autonómicas del año pasado. A partir de ese momento, la estrategia era que la empresa se fuese muriendo de inanición y, sobre todo, que no llegase viva a la actual campaña electoral. Sin embargo, en sus cálculos falló el tesón de una redacción y de un director, que habéis mantenido vivo el proyecto a pesar de tres meses y medio sin cobrar los salarios por culpa de la... divertida indolencia del grupo de accionistas vinculados a Manuel Hermoso.

—Ante esta delicada situación, ¿cuál es el futuro?

Aguantaremos mientras podamos el compromiso con nuestros lectores de seguir en la red. Lo más asombroso de todo es que el pasado 22 de diciembre se llegó a un acuerdo de los accionistas para trasferirme casi íntegramente la sociedad, dejándola saneada, a la fecha de la trasferencia, de una parte de sus deudas, en concreto, las que tiene con el personal, Hacienda, seguros sociales y acreedores terceros. A partir de ese momento, yo me hacía cargo de la misma. Los accionistas empresariales estaban dispuestos a pagar la mayor parte de las deudas. Pero desde entonces ni Manuel Fernández del Pino, ni ninguna de las personas de su grupo se han tomado la molestia de formalizar el acuerdo adoptado, sin que les importe para nada que el personal no cobre desde octubre.

—¿Pueden estas personas lograr el cierre?

Al menos, están al borde de conseguirlo. Los lectores deben saber que, cuando este periódico era un refrito de agencias que se utilizaba para insidias y calumnias de guerrillas internas de partido, fue extensivo en personal y generoso en retribuciones. Y que ahora, cuando es un periódico de contenidos serios, con información propia y elaborada y con creciente número de accesos en Internet, los costes se han reducido a menos de un tercio… pero los profesionales han dejado de cobrar a fin de mes. Por eso es oportuno y honesto que los lectores conozcan lo que está sucediendo.

—La autocrítica es algo poco usual en la prensa.

Hay ejemplos emblemáticos de autocrítica en la más importante Prensa anglosajona e hicieron mucho por su prestigio. Algunos, de buena fe, temen que nos perjudique, que dañe la imagen de la empresa, y yo digo que será ante quienes piensan en las empresas como los famosos ‘negocios de la cárcel’. Pero ya se dan condiciones objetivas para que cada vez sean más las empresas gestionadas con honradez, que se nieguen a pagar comisiones y fielatos a los que se pretenden jefes o exclusivistas de galería carcelaria.

—¿Has recibido ‘advertencias’ en los últimos días?

Veo que optas por los eufemismos. En fin, no sé si cabe calificar ciertos avisos como advertencias o amenazas abiertas. Hay quienes me han advertido, porque son buena gente y les preocupa lo que pueda sucederme, y hay quienes me han transmitido una advertencia, que es cosa muy distinta. Sí, me he sentido amenazado varias veces, no lo voy a ocultar, pero no puedo denunciarlo, porque ya tienen cuidado de que no haya testigos.

—Discúlpame que insista en la pregunta.

La primera vez fue una escena casi siciliana, de esas que vemos en las películas, sentado a un velador de una cervecería próxima a la sede central de CajaCanarias, donde un personaje importante de esta Isla me dijo que si aceptaba lo que el grupo de Manuel Hermoso quería, todo tendría arreglo, y que hasta volveríamos a ser amigos, y si no, añadió con una sonrisa inquietante, “yo soy más malo que nadie”.

—Son cosas que cuesta creer.

Desde luego. Como no tengo testigos, no puedo ni decir el nombre del personaje, pero es verdad que esa noche la pasé en vela. Luego, cuando tuve el accidente en octubre pasado, también hubo buenas gentes que, cuidando mucho, eso sí, que no les vieran hablar conmigo, me contaron cosas y me recomendaron que investigara lo sucedido, pero yo sigo creyendo que sólo fue una caída tonta, como todas las caídas. Y eso sí, hace dos días, un desconocido me ha insultado y amenazado por teléfono, pero tampoco puedo demostrarlo, así que todo queda en bla, bla,bla... Mira, yo pienso fatal, peor imposible, de ese grupo, de su capacidad para la traición, el enredo, la mentira, pero no creo que lleguen más lejos. Otras cosas que la gente cuenta en voz baja pienso que son leyendas, que les vienen bien, porque así dan miedo, pero que no son reales. Ahora, de ahí a negar cierto miedo... Yo he estado en el corazón informativo de temas de inmensa envergadura, como Banesto, KIO y muchos más, y nunca me sentí amenazado ni inquieto mientras tuviera conciencia de la corrección deontológica de mi comportamiento. Es una sensación nueva, y muy desagradable desde luego.

—¿Está todo perdido?

Eso pretenden, el cerrojazo. Y encima hablan de “una disolución ordenada” para lo que no es otra cosa que llevar deliberadamente al cierre a una empresa viable. Pero está claro que aquí han pasado tantas cosas que la única disolución ordenada que cabe es el procedimiento de quiebra y que el juez determine los delitos societarios que hayan podido cometerse y las responsabilidades derivadas.

—¿Es, por lo tanto, el fin de atlanticocanarias.com?

No necesariamente. El periódico seguirá en Internet. La justicia nos dará la razón y la opinión pública, también. La exhibición de las vergüenzas de estos personajes tendrá, sin la menor duda, un importante valor catártico. Vivimos, a Dios gracias, en una sociedad libre, en un país democrático y en un Estado de Derecho que todavía, afortunadamente, no se ha fragmentado. En todas las partes de nuestra geografía, incluida Tenerife.

 
                 
 
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