Este horno incinerador se encuentra
en una zona de cumbre, entre pinares, y es frecuente ver centenares
de gaviotas alimentarse entre las cenizas de este disparate ambiental
que ha originado incluso sanciones por parte de
la Unión Europea al estado español. Lo que se vendió
a los palmeros como lo último no hace tantos años ahora
se convierte en una pesadilla de la que no es fácil deshacerse,
entre otras cosas porque hay toneladas de cenizas tóxicas que
no están adecuadamente controladas.