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Tenerife
                 
Wladimiro y el estado de derecho: ¡Qué miedo!
                 
07 - 05 - 04

 

Verdaderamente uno llega a considerar que estas luchas que llevamos algunos colectivos o ciudadanos por la defensa de nuestro entorno, que en Canarias -a diferencia de otros lugares- se han llevado a cabo siempre de forma pacífica, acudiendo en la medida de lo posible a las movilizaciones ciudadanas o acciones judiciales cuando ha habido perras; carecen de sentido cuando ve o escucha lo que piensan algunos de nuestro políticos de esto de la democracia y el estado de derecho.

Según Wladimiro todas las escombreras que hay en Tenerife son ilegales. Es por eso, dice el Consejero, que cerrar cualquiera de ellas porque afecte a una plantita protegida o a cualquier mariconada de esas es un acto de irresponsabilidad por los efectos negativos que provocaría. Entonces, según él, esto de la democracia es sencillo: se trata de dejarlo a él, como hombre curtido en la "escuela de la vida", decidir entre lo que se puede permitir o no independientemente de lo que diga la legislación vigente. Es él el que decide cuándo se multa a un campista por plantar su tienda en un espacio protegido o no -todos los días aparecen en los boletines multas firmadas por él- sin tener en cuenta si es una necesidad para las personas el esparcimiento cuando no tienes perras para pagarte un apartamento, y las administraciones no tienen ni un solo camping legal en Tenerife. Pero el que lo decide es él, no es que lo diga la Ley. Seguro que si vas por allí y le cuentas tu historia y lo convences, se puede arreglar cualquier cosa.

Su partido, o los dirigentes de su partido, llevan gobernando esta tierra desde que existe la democracia -muchos de ellos desde antes- pero las leyes que ellos han hecho no hay porqué cumplirlas todavía, hay que estudiar cada situación y que sean personas curtidas como Wladimiro quienes decidan en cada momento. No se plantean ni cambiar las leyes, que lo pueden hacer desde que quieran. No, él lo que quiere es que se la dejen cumplir o no en cada caso, según su experimentado criterio.

Él insinúa algo que le pone los pelos de punta a cualquier demócrata, y es que la legitimidad, según él, proviene de los votos. Si te votan decides, si no te callas. Pero en ese "decides" va implícito el saltarte las leyes según tu criterio en cada momento, cuando es el "Imperio de la Ley" el valor sagrado de este sistema que se conoce con el nombre de Democracia.

Produce terror y desasosiego este pensamiento que no es invento suyo, sino que incluso está amparado por empresarios o medios de comunicación cuando se ven beneficiados por esta forma de proceder. Evidentemente cuando les perjudica acuden inmediatamente al juzgado de guardia. Comportamientos todos ellos típicos de las mal llamadas "repúblicas bananeras", porque muchas veces ni son repúblicas ni se producen bananos, sino plátanos chiquitos y con pintitas.

Aplicar las leyes no es agradable en muchas ocasiones, más grave que el vertido de escombros por ahí es tirarle la casa a una familia y dejarla en la calle con unos trastos y unos cuantos niños. Cualquier persona de bien está en contra de eso, pero lo aceptamos porque debemos reconocer que las leyes son para todos y nos afectan a los particulares y a las administraciones, independientemente incluso del número de votos que se obtengan en las elecciones.

La realidad es que, con estos comportamientos, muchas veces se tiran las casas de los más desgraciados y las grandes urbanizaciones ilegales son inauguradas por políticos como éstos, que consideran que las leyes las pueden cumplir a su antojo, que normalmente coincide con el antojo o los intereses de los más poderosos o influyentes.

Wladimiro y el estado de derecho: ¡Qué miedo!

 

Fuente: El Día 5 de mayo de 2004

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