Destinos masificados y caída
de la demanda
La caída de la demanda en
algunos importantes destinos turísticos y los cambios que se
están produciendo en el sector han provocado alarma entre algunos
empresarios que piden un plan de reconversión con participación
pública y privada para reposicionar el modelo de sol y playa.
El secretario general de Turismo, Raimon Martínez Fraile, asegura
que ese modelo, sin acompañarlo de una oferta complementaria
diferente, no es sostenible. Las expectativas para el próximo
verano anuncian una ocupación algo mejor al anterior.
El País (14/06/04, 10.10 horas)
En muchas zonas del litoral español
han empezado a sonar las alarmas. El turismo está mostrando síntomas
de agotamiento en un modelo que, tras 30 años de éxito,
hace aguas. Los tres últimos veranos las playas han estado tan
llenas como siempre, pero la rentabilidad de los negocios asociados
a esta industria decrece. Los hoteleros mantienen la ocupación
gracias a amplias campañas de rebajas en los precios, las agencias
ven cómo el tradicional paquete turístico diseñado
por el tour operador pierde peso y las compañías de bajo
coste arañan cuota de mercado a los vuelos chárter y las
compañías tradicionales. El modelo, que ha convertido
a España en la segunda potencia turística del mundo y
al sector en el alivio de la balanza de pagos, parece que ya ha dado
mucho de lo que podía dar de sí. ¿Se puede seguir
aumentado el número de turistas -el año pasado volvió
a ser récord con la llegada de 52,2 millones- y ser rentables?
En las áreas más saturadas,
como los archipiélagos o determinadas zonas de la costa mediterránea,
los distintos sectores implicados en el sector empiezan a pensar que
no. No es sólo que muchos destinos se hayan quedado obsoletos,
con un parque hotelero de baja calidad, unos servicios (agua, limpieza,
aparcamientos...) insuficientes y un medio ambiente degradado. Es que,
además, la oferta de servicios complementarios, el cada vez más
valorado ocio, está poco adecuada a la nueva demanda, que exige
una mayor personalización, "una nueva experiencia",
en expresión de José Luis Zoreda, vicepresidente de la
asociación empresarial Exceltur.
Si no se reacciona, muchos empresarios
empiezan a pensar que ni a base de bajos precios se podrá atender
a un turismo al que si sólo se le ofrece sol y playa, la encontrará
a precios hasta un 30% inferiores en países competidores.
La del turismo ha sido una historia
de éxito en España -supone el 12,1% del PIB y genera el
10,1% del empleo, según los datos del Instituto Nacional de Estadística-,
pero corre el riesgo de morir mirándose el ombligo. Algunos datos
lo señalan. El saldo por turismo y viajes de la balanza de pagos
pasa de compensar el 88,3% del déficit comercial en 1999, al
82,2% en 2002, lejos de la media del 98,7% de los últimos 12
años. El gasto medio por turista extranjero cayó un 6,7%
en 2002 y sólo se recuperó ligeramente -el 1,9%- el año
pasado y la aportación del turismo al crecimiento de la economía
española, el 0,1% el año pasado, está muy lejos
del 0,7% de los años 1998 y 1999.
"Hay dos problemas", dice
Zoreda, "el modelo de negocio y la gestión del mismo".
En su opinión, el turismo en España apenas se ha estructurado
y se ha configurado a golpe de demanda de tour operador.
"Hemos construido lo que nos han
pedido los operadores, para que ellos vendieran el producto que querían,
y a eso le hemos sacado un margen. Pero no hemos decidido el producto,
ni hemos controlado el destino ni conocido al cliente final. Ésas
han sido las vulnerabilidades del sector". Y en algunos destinos
maduros empiezan a ser patentes, según Exceltur.
Pese a la dificultad de medir los grados
de satisfacción o insatisfacción con datos estadísticos,
lo cierto es que la preocupación por la sostenibilidad del sector
ya es patente, sobre todo en las islas. Para algunos destinos del litoral
y los archipiélagos, el turismo es casi su única fuente
de renta, y, al tiempo, las islas y la costa mediterránea conforman
el mayor eje de concentración demográfica y de actividad
económica española, ya que concentran el 44,3% de la población
española y el 44,1% del PIB generado en España. Así
que de la buena salud del turismo depende la de muchas otras actividades.
Y en algunas zonas se sufren achaques.
"Tiene que haber una reconversión
para no perder el liderazgo", afirma Zoreda. Con esa idea, Exceltur
ha perfilado los Pridet (Proyectos de Reconversión Integral de
Destinos Turísticos), una especie de plan renove. "Una cirugía
integral" para aumentar la competitividad y hacer un turismo sostenible.
Unos proyectos que por su envergadura involucran al destino en su conjunto:
sus equipamientos, su ordenación urbanística, sus inversiones...
"Se trata", dice Zoreda, "de definir qué producto
se quiere producir y en qué entorno". A su juicio, ello
requiere un pacto institucional, empresarial y social, y una visión
a largo plazo. "A corto", dice Zoreda, "muchos pasarán
un purgatorio. Por eso hay que estar convencidos que es un sacrificio
para alcanzar después el cielo".
Pridet puede haber tantos como los destinos
maduros lo requieran, pero la novedad del proyecto, su calado y la ausencia
de experiencias parecidas hacen aconsejable, según la asociación
empresarial, que se elija un proyecto piloto. ¿Dónde?
Exceltur no adelanta nada al respecto, pero ha de ser un lugar que cuente
con el firme compromiso, no sólo de las administraciones públicas
y del sector turístico empresarial, sino del conjunto de la sociedad.
Ese nivel de compromiso es el primer
requisito para que el Pridet sea operativo. "Primero, el consenso",
dice Zoreda, "y luego la capacidad de ejecución".
Definir el producto
Según el proyecto de Exceltur, que ya ha sido avanzado a algunas
autoridades, la primera función del Pridet sería definir
el producto adecuado al destino concreto, algo que deberían hacer
expertos en la materia. En principio, el Plan debería tener como
mínimo una duración de 10 años, con planes parciales
operativos trianuales que incluyan actuaciones para añadir valor
a la cadena de la industria, especialmente a la estancia y el entretenimiento,
los dos eslabones centrales.
¿Qué tipo de actuaciones
debería redefinir el plan? Múltiples. Por ejemplo, la
diversificación de las líneas de productos turísticos;
el fomento de la calidad integral -lo que implica a su vez medidas de
cambio en movilidad y transporte público, una estrategia global
de calidad medioambiental, o la rehabilitación o puesta en valor
del patrimonio cultural- o la modernización de empresas y servicios.
A nadie se le escapa que esta reconversión
requiere enormes recursos financieros. ¿Quién paga el
Pridet? Fundamentalmente las administraciones, pero con fórmulas
que incentiven igualmente la inversión privada y aprovechando
todos los recursos existentes como la utilización de fondos estructurales
de la UE donde sea posible. El establecimiento de incentivos a la participación
privada, sin cuyo concurso Exceltur opina que el Pridet tampoco sería
operativo, debería combinar medidas de índole financiera
-entre ellas financiación privilegiada, el establecimiento de
un sistema de garantías recíprocas o la constitución
de nuevos fondos de inversión inmobiliaria-, legales -nuevo planeamiento
urbanístico-, administrativas y fiscales.
Toda la inversión se canalizaría
a través de una sociedad gestora, encargada de llevar a cabo
el Pridet, controlada por un consejo de administración con representación
de todos los sectores involucrados y cuya gestión diaria estaría
en manos de profesionales "que pondrían racionalidad empresarial
a un tema lleno de connotaciones políticas y de cuyos vaivenes
el Pridet debería quedar al margen". Un observatorio evaluaría
su ejecución.
Para Zoreda, la mayor complejidad consiste
en ponerlo en marcha, "pero no hay otras muchas soluciones alternativas".
Los efectos económicos del Guggenheim
Dentro de la dificultad de encontrar
algún ejemplo de plan renove del turismo, Exceltur cita la construcción
del Museo Guggenheim en Bilbao como una aproximación a lo que
se pretende, ya que a través de la reconversión de un
obsoleto y degradado espacio industrial -los astilleros- y con la creación
de un producto -el museo- se ha conseguido un reposicionamiento turístico
del que se ha beneficiado todo el entorno. Desde que se inaugurara en
1997 el Guggeneim ha generado unos efectos económicos superiores
en más de 10 veces a sus costes iniciales de inversión.
Según el estudio realizado por K Consulting para el museo, su
impacto sobre la economia vasca se cifra en 816,7 millones de euros,
con unos ingresos inducidos sobre las arcas de las haciendas vascas
de 143,5 millones de euros. Los efectos directos, indirectos e inducidos
del Guggenheim representan el 0,4% de todo el PIB generado por la economía
vasca y el 0,5% del total del empleo de la región.

En Tenerife nos preparamos para afrontar
los nuevos retos construyendo encima de las montañas, levantando
muros de 20 metros para salvar los desniveles y haciendo una tercera
pista para recibir muchos más millones de turistas a los que
vamos a tener que pagarles hasta el pasaje para que vengan. De hecho
ya vienen por 180 euros una semana con media pensión, incluido
el avión. En negocio aquí está en el cemento, el
futuro del turismo les importa una mierda una vez que se pongan más
morados todavía los especuladores y los constructores sin escrúpulos.