El que ha sido presentado como proyecto
"modelo" del Cabildo -pagado con dinero de todos nosotros-
de lo que habría de ser el correcto enfoque de una política
sostenible para el turismo en la Isla, se está revelando como
una auténtica chapuza inacabada con graves implicaciones ambientales,
ofreciendo una lamentable imagen para la Isla.
El Buenavista Golf, pese a competir
por el agua frente a los agricultores de la zona, se está poniendo
amarillo, la obra se encuentra inacabada, con una valla consistente
en unos alambres, se entierran basuras a la vista de todo el mundo...
pero lo más asombroso es un gran vertido que se produce directamente
al mar en un lugar de difícil acceso. No sabemos qué tipo
de vertido es, pero las rocas sobre las que se produce éste demuestran
muy a las claras la presencia de nutrientes que son característicos
de las aguas residuales. Un auténtico espectáculo viniendo
de todo un Cabildo que debería dar un poquito de ejemplo y no
meterse en aventuras si no dispone de los recursos suficientes para
terminar las obras adecuadamente, con su emisarios, sus depuraciones...
no digamos nada de esa autosuficiencia
energética de la que hablaba Melchior en la inauguración.
De todas formas nada ha de asombrarnos,
cuando uno se da una vuelta por la plaza que rodea el Auditorio,
hay un lugar en el murito que da hacia el Parque Marítimo, en
el que mucha gente se ha llevado un buen susto cuando sentados disfrutando
de la brisa marina de repente se observa cómo -de vez en cuando-
sale un gran chorro
de mierda de entre las rocas que deja el agua color chocolate. Como
si alguien bajase la cisterna, una porquería junto a lo que ellos
dicen que le ha robado el título al Teide o al Drago de Icod
como símbolo de Tenerife.
Ellos son así y se sienten muy
orgullosos de ello, no hay más que verles con el desparpajo que
predican sobre cualquier asunto, o cómo insultan a lo que ellos
llaman despectivamente "plataformas del no", aunque después
se quieran poner a la cabeza de esas plataformas como hicieron en la
manifestación
de Vilaflor, de la que salieron intactos porque gobiernan sobre
un pueblo que no se lo merecen, al reaccionar tan pacíficamente
ante semejante provocación.
Este no es, aparentemente, el mejor
camino a seguir. Si sobre los graves impactos que ya implica en sí
mismo un campo de golf, en una tierra como ésta, tenemos que
enfrentarnos a estos desatinos apañados estamos.

Mangueras que descienden por un acantilado
hasta la playa