Foro contra la Incineración

Tenerife
                         
Cuando el problema era el puerto de Granadilla
                         
10 - 07- 04

 

Hubo un momento, sin duda, en el que en esta isla nos enfrentamos a un problema referente a la justificación, a la viabilidad o a los impactos del puerto industrial de Granadilla. Debió ser hace unos cuantos años cuando alguien tomó la decisión de que era imposible ampliar el puerto de Santa Cruz –lo que después se ha demostrado incorrecto- o ese momento en el que alguien decidió especificar en el PIOT que todo el tráfico de mercancías se trasladase al sur de la isla sin debate público o explicación alguna, cosa que al parecer también han rectificado. Aunque todas esas rectificaciones no han traído como consecuencia la modificación de una sola coma del proyecto inicial del macro puerto.

Pero es que en este momento ya ha pasado la hora de todos esos debates que se debieron producir en su día. Hasta el día de la fecha ha sido imposible sentar en una misma mesa, cara a cara, a los dos planteamientos para que se discuta con datos públicamente, para permitir a los ciudadanos una toma de postura razonada sobre el asunto. Y es que eso, junto con la actitud de algunos potentes medios de comunicación, ha llevado el problema del puerto de Granadilla a un terreno en el que hoy en día no se llevan las cosas en los países con democracias medianamente consolidadas. Y es que el puerto de Granadilla se ha convertido en un problema, más que nada, de concepción de la democracia.

Y esto es así porque alguien está muy interesado en confundir el interés general con el legítimo interés particular. Alguien quiere confundir lo que es el poder económico con el poder político. Otros desprecian sin reparo alguno la mayor iniciativa legislativa popular presentada nunca antes en Canarias. Otros han decidido insultar –no desde las columnas de opinión- sino desde las ¡editoriales! de los medios a todo el que opine distinto. Se insulta a los ecologistas, a la Universidad, a especialistas como los cuatro o cinco últimos presidentes de los puertos de Santa Cruz de Tenerife, a investigadores de todo tipo y pelaje, a ciudadanos por el simple hecho de opinar, a plataformas ciudadanas, a pescadores…

Una demoledora maquinaria puesta al servicio pura y exclusivamente de matar cualquier posibilidad de debate abierto, nada de contrastar criterios o de dar la más mínima opción a cualquier planteamiento discrepante. Lo que ha dicho Antonio Plasencia, Ignacio González y José Fernando Rodríguez de Azero (como todos sabemos defensores destacados del interés general en esta tierra, como demostraron –por poner un ejemplo- los dos primeros con la compra y posterior venta a los ciudadanos de Santa Cruz del frente de playa de Las Teresitas) es la primera y última palabra en todo este asunto.

Con todo esto ahora nos encontramos en un momento totalmente distinto y al que nunca se debió haber llegado. Y es que cuando hay un verdadero debate social, cuando se da opción a todo el mundo a opinar, cuando se plantean públicamente los temas y cuando los medios de comunicación y la clase política no se decanta de antemano por unos intereses muy particulares y muy concretos, no hay nadie capaz de parar ningún proyecto porque la decisión última estará abalada por un trabajo previo incontestable. Justamente lo que no ha existido -ni estos poderes están dispuestos a que exista- en este caso.

Es el momento, por tanto, de hablar de democracia, de participación social, de interés general… y no ya tanto de hablar de los metros que debe o no tener el puerto, y es que habrían dos motivos para priorizar estos objetivos. El primero es que sin duda es más importante la salvaguardia de nuestros derechos como ciudadanos, a la libertad de expresión o a la participación social de todos -y no sólo de los que pagan las campañas electorales- que cualquier otra cosa. Y, en segundo lugar, porque el debate sobre el puerto de Granadilla está plagado de tantas mentiras –contradicciones con el PIOT, metros de la línea de atraque que primero son 300 o 500 y han salido a concurso más de 2000 que representa el macro puerto que todos niegan, escombros de un aeropuerto que no necesitamos, estudios sobre viabilidad económica disparatados, vientos en la zona que dificultarían tremendamente operaciones de descarga, supuesta imposibilidad inicial de ampliar Santa Cruz, compra especulativa de terrenos…) que ya no hay por donde coger el tema de cara un debate sosegado. El asunto está total y absolutamente contaminado, quizás como nunca antes se había contaminado nada en esta tierra.

La lucha ahora habría de ser, tal y como se han puesto las cosas, la defensa del derecho a discrepar y de una democracia que se encuentra totalmente cautiva, en manos de media docena de personas a las que nadie les ha votado. Aunque seguramente sí que se presentan a las elecciones, pero no con sus verdaderos rostros sino con los rostros de muchos de los que se sentaron como lacayos a los piés de ellos el otro día en el Recinto Ferial. Es ese el objetivo irrenunciable en el que debemos empeñarnos una vez que la batalla de la sensatez se ha perdido, según parece, casi definitivamente. Y en esta lucha ya poco importa que estemos a favor o en contra de un puerto, puertito o macro puerto en Granadilla. La defensa de derechos fundamentales nos incumbe a todos.

Juan Jesús González

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