La obstrucción de
los cauces naturales de los barrancos, las construcciones incontroladas,
los vertidos de escombros, etc. fueron la causa de tal desastre. Pero
la memoria es bastante corta en el hombre y somos capaces de olvidar
hasta lo más terrible en pocos meses o semanas. De este modo,
en algunos de los barrios más afectados por la tragedia, ya se
puede contemplar hoy en día cómo se están arrojando
colchones, sillas, maderas... a los escasos cauces naturales capaces
de desalojar el agua. Es posible que esto tenga que ver con las manifestaciones
de algunos políticos en el sentido de que estas tragedias son
inevitables y que ocurren cada quinientos años como dijo en su
día nuestro glorioso y flamante presidente del Gobierno, Adán
Martín, u otros que se apresuraron a deshacerse de cualquier
responsabilidad de lo ocurrido aquel día pese a llevar gobernando
esa capital desde que nuestra memoria nos permite recordar.
Por si don Adán
Martín se equivoca, aunque en él no es costumbre ¿no
sería mejor ser precavidos, por lo que pueda pasar, y evitar
que los colchones viejos permanezcan ni cinco minutos en las barranqueras
o barrancos?