Se están repartiendo los premios
de una siniestra "lotería" en el sur de Tenerife. A
algunas de las miles de viviendas ilegales o irregulares que se reparten
a lo largo y ancho de la Isla (por obra y gracia, sobre todo, de unos
alcaldes irresponsables que han utilizado la permisividad en esta materia
como poderosa arma para el clientelismo político más miserable),
les está llegando su hora gracias a un siniestro concurso donde
el premio se lo llevan unos cuantos, cuando en realidad los que han
jugado son miles.
Verdaderos dramas personales y familiares
son las consecuencias de esa célebre frase de algunos dirigentes
políticos: "Tú pon el techo rápido y no pasa
nada". La realidad ha sido que efectivamente para muchos, seguramente
los muy muy amigos, no ha pasado nada. Pero para otro grupo muy importante
de incautos que se han dejado llevar por los alcaldes, a los que la
Fiscalía ha calificado como auténticos "delincuentes
ambientales" en uno de sus últimos informes (vea el informe
publicado por ATAN, pag.17), les ha tocado y les está tocando
pasar por el trago más amargo de sus vidas.
No saben cómo explicarle a sus
hijos que la casa en la que se han criado va a ser demolida a parte
de pagar altísimas multas. Pero lo más difícil,
y lo que ya nadie entiende, es porqué caen unas sí y otras
a pocos metros y en las mismas condiciones no caerán. El imperio
de la Ley no es para todos, con algunos se puede llegar a arreglos y
con otros no, todo depende de por dónde decida pasar la raya
el político de turno en el nuevo planeamiento. Es más,
a muchos les van a tirar las casas sin saber si existe posibilidad de
legalizarla en los nuevos planes que aún no están terminados.
Con lo que se podrán encontrar con su casas "legalizables"
convertida en un montón de escombros.
Un auténtico drama por el que
no pagarán, como siempre, los auténticos responsables,
los que han sacado miserable rédito electoral del derecho constitucional
de disponer de una vivienda digna. Esos serán ascendidos a consejerías
en el Cabildo o al Gobierno de Canarias por sus grandes méritos,
como es el de que en un municipio como Arona se hayan construido cerca
de 800 viviendas en estas condiciones mientras alguien, al que se le
supone responsable público, miraba respetuosamente para otro
lado. Una vergüenza pero que, en primer lugar, representa un drama
humano de incalculables consecuencias.
En el número XVI del periódico
gratuito OCIO Y NEGOCIO del mes de julio de 2004, apareció este
espeluznante documento sobre esta problemática.