La Razón Digital - semana del 22 al 28 de julio de 2004
Dícese «Hydrobus», es un proyecto internacional financiado por la UE, está liderado por el Instituto Tecnológico Canario, y tiene un fin muy explícito: fabricar hidrógeno con los vientos isleños para luego emplearlo como combustible en sus autobuses Antonio Barrero F. - Madrid.- Punto primero: en las islas Canarias no hay petróleo, de modo que la dependencia energética es muy considerable. Dependencia en lo que se refiere a la producción de electricidad y dependencia en lo que respecta al abastecimiento del parque móvil. Punto segundo: a lo largo de las últimas décadas el archipiélago ha sondeado varias vías de «in» dependencia energética. ¿Por ejemplo? Los aerogeneradores... Porque según el Instituto Tecnológico de Canarias (ITC) la capacidad eólica del archipiélago ronda los 5.000 megawatios (MW) y porque no está bien desperdiciar tamaña potencia. Hay un pero, sin embargo... léase punto tercero: según el propio ITC, el aprovechamiento de ese potencial eólico está «comprometido» dadas las «limitaciones de las redes eléctricas insulares, que son pequeñas y débiles... lo que dificulta la conexión a la red de nuevos parques eólicos». En fin, mal asunto y decepción, pues no deja de ser frustrante el hecho de que, habiendo recurso, éste no pueda ser aprovechado por culpa de redes insuficientes: «pequeñas y débiles».
Y también desaladoras
Así las cosas, Canarias importa hoy más de tres millones de toneladas de combustible (y la tendencia es al alza). Como contrapartida, el archipiélago «exporta» trece millones de toneladas de CO2 a la atmósfera. ¿Conclusión? De momento, y en tanto en cuanto se resuelven los problemas de las redes insulares, la alternativa energética a la dependencia del crudo (la energía eólica) «parece» en vía muerta por muy mucho que sea el recurso en potencia. Y dícese «parece» porque empiezan a vislumbrarse soluciones. ¿Por ejemplo? Instalaciones «aisladas» (molinos que producen electricidad pero no vierten a la red) a las que asociaremos «consumos eléctricos específicos» (leáse desaladoras, por ejemplo) o bien «almacenes de electricidad». Y es ahí donde llega el hidrógeno (H2). O sea, que volvemos al principio. «Hydrobus».
Dícese de una iniciativa de la UE que tiene por escenario la Macaronesia (región que comprende Canarias, Azores y Madeira) y cuyo fin es, en primer lugar, fabricar H2 a partir de agua y electricidad eólica, y en segundo, diseñar las infraestructuras necesarias para desarrollar el susodicho «hidrobús», una guagua cuyo combustible será ese H2 totalmente limpio. O sea, que el ITC lidera desde septiembre un proyecto europeo cuyo fin no es otro que montar hidrogeneras (eólicas) en Terceira, Tenerife, El Hierro y Gran Canaria para abastecer los «hidrobuses» de la Macaronesia. ¿Coste? Dos millones de euros por hidrogenera y uno más por autobús. Cada guagua tendrá capacidad para 70 pasajeros y una autonomía de 250 kilómetros y alcanzará una velocidad máxima de 80 kilómetros por hora. Pero aún hay más, porque según el consejero de Industria, Comercio y Nuevas Tecnologías del Gobierno de Canarias, Luis Soria, la pila de combustible (de H2) que llevarán los autobuses (la pila es el mecanismo que genera la electricidad que mueve el motor de los vehículos) es tecnología punta. «La tecnología líder en pilas de combustible es la membrana intercambiadora de protones, y es precisamente ésa la que estamos utilizando nosotros.
Los rendimientos energéticos que se consideran superiores han sido obtenidos con esta tecnología. Estaríamos hablando de un 50, de un 60%. O sea, que, de la energía potencial, esa tecnología es capaz de convertir más o menos la mitad en electricidad utilizable» (la otra mitad sería vapor de agua, que es el único «residuo» que producen estos vehículos). Hasta ahí, los números del «hidrobús». Pero es la letra, la letra pequeña, la que explica la verdadera trascendencia de este proyecto. Y esa letra dice «proyecto de fabricación de H2 totalmente limpio». Porque la energía utilizada para conseguir el H2 es eólica, luego limpia; porque la materia prima de la que obtenemos ese gas es el agua y porque el residuo que genera la última fase de todo el proceso ¬esa fase sería el «empleo del H2 en forma de gas a muy alta presión como combustible en el motor de una guagua»¬ no es sino vapor, vapor de agua.
En definitiva: un aerogenerador o varios; una instalación junto a ellos para fabricar el H2; agua como materia prima («y no es necesaria ni mucho menos una cantidad de agua enorme», apunta Soria) y unos depósitos de almacenamiento de ese H2 que harán las veces de estación de servicio o hidrogenera. En fin, H2 con denominación de origen (viento y agua) y totalmente limpio (también es posible fabricar H2 con electricidad fósil ¬carbón, petróleo y demás¬, pero en el proceso se produciría CO2). Además, y ese es otro punto a su favor, cierto es que el propósito primero del proyecto es la creación de sistemas aislados (creación de parques eólicos para fabricar H2) «pero también podríamos plantear» ¬lo apunta Soria¬ el aprovechar los «parques eólicos que están conectados a la red y que en un momento dado generan más de lo que la red puede admitir. Digo yo que ese excedente energético lo podríamos desviar para obtener H2», el H2 con el que se han de alimentar en los próximos años las guaguas ¬las «huahuas», con h de hidrógeno ¬ de Canarias.