Siempre han existido, no cabe duda,
pero la imagen que podemos ver en muchas zonas del sur de Tenerife,
en lo que a vertidos incontrolados se refiere, nos retrotrae a épocas
que a muchos nos podía dar la falsa impresión de que estaban
superadas. Ya no se trata de aquellos vertederos que son intocables
porque no hay autoridad pública que se meta con determinadas
"empresas" que mandan más que ellos sin presentarse
a las elecciones, sino de vertidos de todo tipo a lo largo de caminos
poco transitados.
Periódicamente los residuos son
quemados mientras las autoridades no están por la labor de ofrecer
auténticas alternativas a los vecinos, mediante puntos limpios
en mayor cantidad y mejor ubicados. Eso sin contar con la necesaria
política de concienciación y de represión de estas
acciones, que no se lleva a cabo en serio porque resta votos o persiguen
al desgraciado y dejan impune al amigo o al cacique de turno. Sencillamente
no interesa, como el fuego hace "desaparecer" estas basuras
de vez en cuando y como además los turistas -que sensatamente
cada vez salen menos de los hoteles- no suelen transitar ya nada que
se salga un poco de la ruta turística, nadie tiene prisa por
afrontar estos graves problemas en serio.
A estas alturas de la película,
francamente, resulta muy decepcionante que en una tierra como ésta,
que no hace tantos años era una referencia para un turismo que
buscaba unos valores naturales y unos contrastes paisajísticos
incomparables, hayamos sido capaces de meternos en esta dinámica
tan irresponsable y vergonzante.