Por si en un futuro próximo los
especuladores y piratas del cemento estos consiguen cargarse las penúltimas
playas naturales que le quedan a la isla de Tenerife, vamos a ir haciéndonos
con un archivito fotográfica para nuestros nietos, si es que
antes estos cuatro caciques y especuladores no nos han echado a todos
de aquí a base de hormigón y piche.
Este viernes 24 de septiembre de 2004,
a media mañana, las cosas estaban así en la zona donde
han planeado el mayor pelotazo y crimen ambiental previsto en varios
miles de kilómetros a la redonda. Y desde luego en toda la costa
de la Unión Europea.

Toda esta bahía
pretenden rellenarla con los escombros que quieren sacar de una
tercera pista de vuelo para la isla que no necesitamos.

La draga a la que ATAN
lleva tiempo siguiéndole la pista, sin que las administraciones
respondan a sus preguntas, había regresado a la zona para seguir
preparando el crimen.

Unelco sigue construyendo el emisario para su
nueva central -supuestamente, porque el hermetismo es absoluto- aunque
nunca se había visto por aquí semejante despliegue para
un emisario de aguas de refrigeración, de hecho en Las Caletillas
todo el mundo puede ver cómo vierten sin emisario ninguno.
Más de
56.000 personas, contra los medios de comunicación y contra los
políticos y especuladores, firmaron en tres meses la mayor iniciativa
legislativa popular realizada nunca antes en Canarias -el Estatuto de
Autonomía exige 15.000 firmas- para proteger esta costa de los
que compraron a 1.000 y quieren vender a 30.000 al coste que sea, en
una de las operaciones especulativas más impresionantes de las
muchas a las que nos tienen acostumbrados este contubernio
político-empresarial (lo de empresarial les queda grande
porque en realidad son simples especuladores). El Parlamento de Canarias,
parece tener la clara intención de hacer caso omiso a esta demanda
social porque son incapaces de respetar las leyes que les han sentado
a ellos en esos escaños. Ellos no se deben a los ciudadanos,
se deben a aquellos que les pagan
sus campañas.
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CRIMEN
DE GRANADILLA