Desde primeras horas de la mañana de este domingo un numeroso grupo de operarios, ayudados de maquinaria pesada, continúan instalando una barrera metálica en las paredes que delimitan el foso del Castillo Negro en Santa Cruz. El derrame de hidrocarburos, que desde hace años se detecta en la zona, se ha agravado considerablemente en las últimas horas.
Si se pregunta a los operarios sobre el motivo de esta instalación las órdenes de guardar silencio sobre el asunto parecen terminantes. Sin embargo estos días la compañía Cepsa ha dejado meridianamente claro que no tiene nada que ver con el asunto y que colabora en la limpieza porque son unos tíos de puta madre, pese a que los movimientos y operaciones que se realizan en la zona parecen dar a entender que el petróleo no proviene de derrames en el mar, sino que más bien pareciera que se trata de filtraciones desde tierra. Todo ellos porque la barrera que instalan forma un depósito en el interior del cual se observa la presencia de una espesa capa de petróleo.
Ya hacíamos referencia ayer a la obsesión por exculpar a la compañía Cepsa antes de tener datos o, mejor dicho, antes de dar a conocer a la opinión pública el origen y el alcance del problema. Un auténtico disparate en una tierra donde no existe -o existe muy contadita- prensa independiente que llegue al fondo de las informaciones, sobre todo cuando se trata de empresas gracias a las cuales existen como medios de comunicación, porque les financian directamente.
Una auténtica tragedia democrática que puede traer graves consecuencias, desde el momento en que empresas como Cepsa o Unelco muestran, cada día más, síntomas de deterioro en sus servicios sin que nadie haga nada por exigirles, al menos, un poco de respeto.

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