Estos días se han agravado significativamente
las filtraciones de petróleo que salen al mar desde las paredes
del foso del Castillo Negro en Santa Cruz de Tenerife, junto al Auditorio
de Calatrava. Lo único que sabemos es que Cepsa está aislando
esos muros con unas estructuras metálicas y que las emanaciones
resultan ciertamente impresionantes.
Para los que pudieran considerar que
la refinería de Cepsa tiene algo que ver con este asunto, que
repetimos no es nada nuevo, decirles que no, que se han buscado a unos
auditores y a una gente muy inteligente que dice que no se sabe nada
pero que, por descontado, Cepsa no tiene nada que ver, que han emprendido
labores de limpieza y demás por el cariño que nos tienen
a todos nosotros y por lo bien que nos tratan un día sí
y el otro también.
Situados ante esta disyuntiva cabría
plantearse la posibilidad de que exista petróleo en el subsuelo
de Santa Cruz que, además, presenta la insólita característica
de que sale a la superficie por sí sólo, sin necesidad
de bombeo alguno. Y claro, ante esto, habría que plantearse muy
seriamente el ofrecerle a Repsol que aproveche este recurso en lugar
de iniciar esas carísimas prospecciones en la costa de África,
que lo único que nos traerán, posiblemente, son problemas
ambientales y también políticos con nuestros vecinos.
Aquí hay petróleo para
dar y regalar, que sale solo sin que haga falta gastarse un duro en prospecciones
ni nada de eso. Además, la calidad debe ser buena porque es negro
como el diablo y huele que no veas. Un auténtico chorro de oro
sin dueño que está contaminando desde hace décadas
toda la costa sureste de la isla de Tenerife, desde el Auditorio hasta
la Montaña de Guaza.
Nadie va, y los periódicos más
vendidos lo han dejado meridianamente claro estos días, a investigar
este asunto hasta el fondo. Hasta el Seprona es posible que haya cogido
miedo ante algunas denuncias ciudadanas. Pero la realidad es que esta
tierra no puede ser tratada indefinidamente de esta manera y con esta
impunidad por parte de aquél que más poder económico tiene
para comprar voluntades. Una auténtica vergüenza que, esperemos,
no nos traiga males mayores en un futuro inmediato.
Si estos tíos se sienten protegidos
por la prensa a la que compran con publicidad y promociones, por los
políticos a los que les pagan los carnavales y quién sabe
qué cosas más, lo que podrá ocurrir -como se demuestra
por la recurrencia de los incidentes- es que en algún momento
no tengamos que hablar de daños al medio ambiente, contaminación
y chorradas de esas que a nadie importan (por lo pronto no le importan
a los grandes medios de comunicación), sino que nos encontremos
con otro tipo de acontecimientos más desagradables y de efecto
más rápido y devastador.
Si ese petróleo está circulando
por el subsuelo de la capital de la Isla nos encontramos ante un problema
grave. No sólo el petróleo, sino los gases, pueden acumularse
en grietas, cuevas y demás, y darnos un disgusto en un momento
dado de unas consecuencias imprevisibles. Eso es lo que hay, por mucho
que la orden de silencio y hermetismo haya surtido efecto una vez más.
Lo que es imposible es negar la evidencia, sobre todo cuando la evidencia
tiene un olor penetrante y un color tan oscuro.
Por cierto, varios meses después
de que voluntarios del Foro y del Ayuntamiento hayamos retirado cinco
toneladas de piche en una pequeña cala de la costa de Arico,
que a lo largo de los años había ido llegando al lugar
sin que tampoco nadie sepa su procedencia (por descontado que Cepsa
tampoco tiene nada que ver), hasta hace unos días gran parte
de la montaña de piche seguía allí porque nadie
tiene dinero para llevársela. Qué le vamos a hacer, es
lo que hay, mientras limpiábamos la cala el consejero de Medio
Ambiente del Cabildo se tomaba una cerveza en las inmediaciones y no
se dignó a acercarse pese a que le invitamos. Todo un detalle.


Voluntarios del Foro retirando
hidrocarburos de la costa de Arico
10-10-04
Aumenta la gravedad del derrame de combustible en el Castillo Negro
de Santa Cruz
10-10-04
Se agravan los habituales vertidos de hidrocarburos junto al Auditorio
de Santa Cruz