Hace poco un diario canadiense (Toronto Globe
and Mail) publicó un artículo que describía las
"bondades" de los incineradores de última tecnología,
refieriendo especialmente a uno que funciona en la región de
Peel, Canadá.
Paul Connett, un miembro de GAIA que es profesor de química,
experto en el tema y que ha combatido incineradores por 20 años,
escribió una respuesta al diario, cuya traducción copio
abajo. La respuesta es interesante y útil para todos porque refuta
los clásicos argumentos sobre los incineradores modernos (muchos
defensores de la incineración argumentan que en países
europeos o en EEUU los incineradores funcionan bien y son aceptados),
sobre los supuestos beneficios de la incineración con recuperación
de energía, sobre las emisiones y el monitoreo y sobre otros
puntos recurrentes.
RESPUESTA DE PAUL CONNETT AL TORONTO GLOBE AND MAIL:
Estimado Editor:
Me sentí desilusionado al ver que a pesar de la extensión
del artículo de Marcus Gee sobre el controversial tema de la
incineración de basura (28 de julio), el mismo solo presentó
un solo lado de la historia. No entrevistó a ningún oponente
a esta práctica. Por favor, permítame ofrecer una visión
diferente de esta tecnología, basada en 20 años de oposición
a su instalación en Norteamérica y en 47 otros países.
Cuando el Sr. Gee alega que "En otras partes del mundo, la incineración
es un método de disposición de basura popular y nada controvertido"
y ofrece como ejemplos a EEUU, Alemania, Japón, Francia y Suecia,
se aleja de la realidad. Desde 1985, la gente ha rechazado más
de 300 propuestas de instalación de incineradores de basura en
EEUU, y en 8 años no se ha construido ningún establecimiento
nuevo de ningún tamaño. En Alemania, donde probablemente
los incineradores se manejen mejor que en cualquier otra parte del mundo,
sólo han construido unos pocos incineradores desde los ´80.
A principios de los ´90 había más de 500 grupos
ciudadanos oponiéndose a la incineración en Bavaria, más
de 1 millón de ciudadanos fueron a sus municipalidades en 1991
para pedir la votación de una nueva ley sobre basura (Das Bessere
Mullkoncept) que en esencia hubiera prohibido los incineradores por
completo. Si bien los incineradores son muy populares en Japón
entre las autoridades gubernamentales (tienen tres veces más
incineradores que el resto del mundo junto) la gente está menos
entusiasmada, especialmente cuando se enteran que Japón es el
emisor número 1 de dioxinas en el mundo. Hay un movimiento muy
fuerte contra la incineración en Francia, conducido por el grupo
CNIID, en parte porque han encontrado altos niveles de dioxinas en leche
de vacas en lugares cercanos a varios establecimientos, así como
elevados índices de cáncer y malformaciones congénitas.
Recientemente autoridades del pueblo Albertsville fueron llevadas a
prisión por el rol que jugaron al permitir que un incinerador
contamine ampliamente con dioxinas las granjas cercanas. Con respecto
a Suecia, si bien están orgullosos de su tecnología, también
encuentran dificultades para encontrar sitios para plantas nuevas y
en 1986 una autoridad de medio ambiente de Suecia me dijo que estuvieron
a punto de prohibir la incineración completamente debido a la
oposición pública a esta tecnología.
Sin duda la industria incineradora ha mejorado sus operaciones, pero
lo han hecho sobre la marcha, utilizando a los habitantes locales como
conejillos de indias. Considerando lo que hemos descubierto en los últimos
20 años sobre las emisiones al aire es poco probable que el tema
quede cerrado con las dioxinas. Por ejemplo, las dioxinas y los furanos
son subproductos clorados; más recientemente se ha llamado la
atención sobre los subproductos que se generan cuando se queman
materiales bromados y fluorados (por ejemplo, éteres de bifenilos
polibromados (PBDE) y el ácido perfluorooctanoico (PFOA)). Apenas
hemos comenzado a medirlos, ni siquiera a comprender todas sus ramificaciones
toxicológicas.
Además, mencionar las estrictas regulaciones gubernamentales
no satisfará a un público sospechoso que adhiere al viejo
refrán "quien se quema con leche, cuando ve una vaca llora".
Saben que para proteger a la gente se necesitan tres cosas: 1) regulaciones
estrictas; 2) monitoreo adecuado y 3) fuerte control de que se cumplan
las obligaciones. Habiendo cortado los recursos y el personal del Ministerio
de Medio Ambiente de Ontario, es poco probable que el control sea riguroso
en un futuro cercano. En lo que al monitoreo refiere, esto es una broma
desquiciada. Las emisiones de los incineradores modernos con frecuencia
se miden sólo una vez por año, y el operador está
avisado con alrededor de un mes de anterioridad. En el día elegido,
se toman tres muestras de seis horas de los gases de escape. Los resultados
luego se promedian. Por ende se usan solo 18 horas de datos "ideales"
para extrapolar y calcular 8000 horas de operación. Esto no tiene
sentido ni desde el punto de vista estadístico ni desde el físico.
De hecho, en 1998 dos científicos belgas reportaron al Simposio
sobre dioxinas en Estocolmo que habían comparado la tradicional
prueba de seis horas con un método de muestreo de dos semanas
y encontraron que las concentraciones de dioxinas en los gases de escape
proyectadas por el último eran 30-50 veces mayores. Esto probablemente
se debió a que el muestreo de dos semanas recogió dioxinas
en condiciones irregulares y durante los momentos de encendido y apagado,
cuando las emisiones de dioxinas aumentan. Lo más relevante de
este asunto es que a pesar de que la metodología de muestreo
de dos semanas (el sistema AMESA) ahora se encuentra comercialmente
disponible, y por ende se podrían tomar veintiseis muestras de
dos semanas a lo largo de todo el año, prácticamente ningún
operador de incineradores ha optado por usar esta metodología
para convencer a la gente que realmente pueden cumplir con los estándares
en un período prolongado de tiempo. Si ellos no confían
en su tecnología ¿por qué habría de hacerlo
la gente?
(...)
Cuando Gee describe a las dioxinas y furanos como sustancias "que
se pueden "bioacumular" en el tejido humano con el tiempo"
apenas hace justicia a las preocupaciones científicas sobre estos
problemáticos químicos. Se acumulan de hecho en nuestras
grasas. Para el hombre se acumulan de manera fija durante toda la vida,
pero la mujer tiene la capacidad de deshacerse de ellas. Se llama tener
un hijo. A lo largo de los nueve meses de embarazo las dioxinas, que
se han concentrado en su cuerpo por más de veinte años,
cruzan la membrana placentaria y se trasladan al feto. Por ende las
más altas dosis de dioxinas inevitablemente pasan a los más
frágiles y vulnerables seres humanos.
Ahora mismo en los países industrializados tenemos demasiadas
dioxinas en nuestros alimentos (increiblemente, en un día de
pastoreo una vaca pone la misma cantidad de dioxinas en su cuerpo que
la que pone un ser humano respirando 14 años el mismo aire) en
nuestros cuerpos y en nuestos bebés. Tal es así que el
Instituto de Medicina el año pasado (NY Times, 1 julio, 2003)
recomendó a los padres incentivar a sus niñas jóvenes
a comer menos grasa animal y a cambiar la leche entera por leche descremada.
Su argumento era que las dioxinas deberían ser evitadas mucho
antes que se llegue al embarazo.
Uno de los precios que se paga por un mejor control de la contaminación
aerea es que más metales pesados y dioxinas van a parar a las
cenizas. A pesar de la esperanza expresada por el operador del incinerador
de Peel, que se encontrarán usos para las cenizas, él
no ha sido capaz de nombrar una empresa en Norteamérica que haya
creado un negocio viable con tales usos. El hecho es que los incineradores
modernos convierten tres toneladas de basura en una tonelada de cenizas
que nadie quiere. La noción que esta es una buena forma de generar
electricidad también es engañosa. Se genera muy poca electricidad
quemando la basura. De hecho, se podría ahorrar alrededor de
4 veces más energía reutilizando, reciclando o compostando
los mismos materiales que se queman en un incinerador. Cuando se quema
algo hay que reemplazarlo extrayendo materiales vírgenes: aquí
es donde se usa la energía y se genera la mayor contribución
al calentamiento global.
Por eso, aunque se logre hacer segura a la incineración, nunca
será sensata. Simplemente no tiene sentido gastar tanto dinero
destruyendo recursos que deberíamos compartir con el futuro.
El error que cometió Gee fue limitar su comparación a
incineración y disposición de residuos en rellenos sanitarios.
Hubiera sido más util a sus lectores si hubiera comparado ciudades
con incineradores con otras como Halifax, Nueva Escocia; Canberra, Australia
y San Francisco, California, que se encuentran garantizando un gran
desvío de los rellenos sin recurrir a la mágica máquina
de la incineración. Avanzando hacia una meta de "basura
cero" están llevando a sus comunidades al siglo veintiuno,
y no de vuelta al diecinueve. Esto no solo es mejor para el medio ambiente
local y global, sino que es mucho mejor para la economía local,
porque se crean muchos más puestos de trabajo. En Nueva Escocia
han creado más de 3000 puestos de trabajo con su programa. Finalmente,
nuestra tarea no es encontrar tecnologías que se deshagan de
los residuos, sino conducir nuestras tecnologías de producción
a que fabriquen productos que no generen basura en primer lugar. Necesitamos
sacar a la "basura" del sistema. Esto no sucederá si
continuamos permitiendo que carísimos baños se deshagan
de cualquier tonto producto y envase derrochador que la industria imagine.
Dr. Paul Connett,
Profesor de Química,
Universidad de St. Lawrence,
Canton, NY 13617.
Sobre el autor:
El Dr. Paul Connett es graduado de la Universidad de Cambridge
y tiene un doctorado en química de la Facultad de Dartmouth.
Ha enseñado química en la Universidad de St. Lawrence
en Canton, NY, desde 1983, y se especializa en Química y Toxicología
Ambiental. Sus investigaciones sobre manejo de residuos lo han llevado
a 49 estados en EEUU, y a 47 otros países, en los últimos
20 años, en los que ha dado aproximadamente 2000 presentaciones
públicas ad honorem. Ralph Nader dijo sobre Paul Connett "Es
la única persona que conozco que puede hacer interesante el tema
basura." Es co-autor de 6 artículos sobre dioxinas y numerosos
otros artículos sobre manejo de residuos. Su publicación
más reciente sobre residuos es "A Citizens' Agenda for Zero
Waste" (Agenda Ciudadana sobre Basura Cero) cuyo co-autor es el
Dr. Bill Sheehan de Grass Roots Recycling Network (ver http://www.grrn.org).
Además de sus charlas y publicaciones, el Dr. Connet también
produce videos sobre el tema basura.
