Es evidente, por lo que se puede ver,
que para el Cabildo de Tenerife existe espacio suficiente en Arico para
seguir construyendo celdas de "juguete", sin planificación
alguna y con unas perspectivas de futuro nulas.
Se han cepillado, como era de esperar
ante la nula política tendente a reducir la cantidad de basura
que llega al vertedero, la segunda celda de vertido en mucho menos del
tiempo previsto. Los voluminosos, por ejemplo, que en todos los vertederos
decentes del mundo se trituran antes de ser vertidos -lo que no se puede
reciclar- no se han triturado en Arico porque el Gobierno de Canarias
les metió una máquina trituradora que no han sido capaces
de ponerla a funcionar, pese a que lleva allí varios años,
por un asunto de toma de corriente, además de que la máquina
es una auténtica pena en cuanto a sus prestaciones. Pero, como
pasa en todo esto, lo importante es que el vendedor se embolsara las
perras. Sacarle rendimiento al aparato sin perder un minuto es ya menos
importante. En el vertedero de Juan Grande, que tan mala impresión
nos causó, existen tres trituradoras: una de voluminosos, otra
específica para neumáticos y una tercera para restos vegetales.
Pero es que lo más lamentable
es que los alrededores del vertedero de Arico están llenos de
canteras para extraer materiales para cementeras y demás, con
el consiguiente daño ambiental, y nos permitimos el lujo de hacer
una celda sin darle la mayor profundidad posible, excavando el terreno
para hacer un vaso con perspectivas de futuro, al menos para seis o
siete años a ver si somos capaces de invertir la desastrosa tendencia
actual de no reciclar ni reducir nada, aunque sólo sea en volumen.
Dicen que es muy caro excavar para enterrar basura, ¿pero si
en los alrededores del vertedero se excava para aprovechar esos materiales
para hacer cemento y otros usos? Nadie lo entiende, el Ayuntamiento
tampoco lo entendía en la visita que hicimos con ellos pero la
realidad es que ya el ridículo vaso está siendo cubierto
por una capa de polietileno con lo que los hechos consumados, una vez
más y por muy irracionales que nos parezcan, están ahí.
Ya nosotros lo hemos dicho, por activa
y por pasiva al Cabildo y al Ayuntamiento, pero todos parecen que quieren
que se demuestre cuanto antes que todo conduce inevitablemente la la
"milagrosa" solución de la incineración, sin
pensar que la incineración no hará desaparecer los vertederos
porque todos los años nos veremos con miles de toneladas de cenizas
tóxicas que tendremos que enterrar, nos veremos con una factura
económica carísima que tendremos que pagar, nos veremos
con un riesgo para la salud de las personas inevitable en el aire que
respiramos, nos veremos destruyendo recursos aprovechables y arruinando
las posibilidades de empleo que la gestión sostenible de los
residuos ofrece, nos veremos hipotecando las posibilidades de avanzar
en el compostaje y en el reciclaje de unos residuos que necesitará
la incineradora para poder funcionar... En definitiva, lo que venimos
diciendo desde ya hace bastante tiempo sin que estén dispuesto
a hacer el más mínimo caso, por lo que se ve.
Hay mucha gente en esta Isla, más
de la que algunos nos podíamos imaginar, que defiende la incineración
y se ríe cuando uno les comenta los riesgos ambientales, y eso
puede ser hasta respetable, como es lógico. Pero lo que sorprende
es que lo que tienen también clarísimo es que no la quieren
cerca de sus casas bajo ningún concepto, defendiéndola
siempre que se la lleven a los vecinos de la costa de Arico que, por
lo que parece, están hechos de una pasta especial. No les importa
nada, ni cuando uno les dice que, en todo caso, habrá que buscar
otra ubicación porque por la noche los gases -debido a las condiciones
climáticas de la zona- se irían directamente sobre los
barrios costeros, como ocurre con la central de Unelco que hace penosa
las condiciones de trabajo de los pescadores frente a ella. Pero aún
así le importa un carajo, y te saltan con la solemne afirmación
de que "alguien tendrá que chupársela". Alguien
menos ellos.
Esta es, como sentenciaría Wladimiro,
"la sociedad que tenemos". Otra cosa es que a algunos, algunas
veces, nos gustaría estar lo más lejos posible de tanta
insolidaridad hacia nuestros vecinos y, en el fondo, hacia nosotros
mismos que hipotecaremos cualquier posibilidad de avanzar hacia modelos
de desarrollo más homologables, para un siglo XXI que deberá
caracterizarse por la recuperación de los recursos, no por quemarlos
o enterrarlos. Y esto no porque seamos muy ecologistas, sino porque
estamos viviendo muy por encima de nuestra posibilidades y deberíamos
pensar que no seremos la última generación sobre este
Planeta. Cabría la posibilidad, como ha ocurrido hasta ahora,
que después de nuestra generación también tengan
derecho a abrirse paso nuestros hijos y los hijos de nuestros hijos,
por lo menos. ¿Les vamos a dejar unos recursos que necesitarán
enterrados en los vertederos o convertidos en cenizas tóxicas
y en un aire más irrespirable? Esta claro que si eso es lo que
hemos decidido hacer, "avanzamos" en la dirección adecuada.