El correcto mantenimiento de una carretera
puede suponer una inversión anual cercana al 10% de lo que fue
el coste de su construcción, es decir, que en muchos casos el
problema no es sólo construirla, para lo que siempre aparecen
perras de aquí y de allí. Más ahora que los empresarios
se han ofrecido amablemente a prestarnos no su dinero, lógicamente,
sino el de toda la sociedad porque proviene de los impuestos no pagados
de la gran mentira de la RIC, una estafa sin precedentes en todo el
mundo. Nos prestan nuestro dinero, le pagamos intereses, lo "blanquean"
y encima lo cobran ellos mismos porque son ellos los que construyen
las obras. El negocio más asombroso nunca antes visto en el mundo
entero. En otros sitios es cierto que los empresarios financian obras
públicas, pero con su dinero, no con impuestos no pagados, pero
en el nido de corrupción en el que se ha convertido Canarias
ya todo es posible.
Sin embargo esas obras no sólo
hay que hacerlas sino mantenerlas. Por ejemplo, en el caso de La Palma
en el que Antonio Castro ha construido otro túnel en la cumbre
y un gigantesco puente en Los Sauces, no sólo hay que mantener
esas nuevas infraestructuras carísimas y de dudosa rentabilidad
social y económica, sino que también el antiguo túnel
de la Cumbre o las antiguas carreteras habrá que seguirlas manteniendo
en buen estado porque no se suprime nada sino que se han abierto nuevas
vías, como se pretende con el anillo insular en Tenerife o la
nueva autopista por detrás del aeropuerto de Los Rodeos.
Y no parece, a la vista de la situación
actual, que los recursos para mantener carreteras sean muy abundantes
que digamos, a la vista de cómo se encuentran algunos tramos
importantes de nuestras autopistas, como se ve en las fotos, no digamos
nada de nuestras carreteras secundarias, de eso mejor ni hablar.