Apenas seis días ha durado el
mural que activistas contra el crimen
de Granadilla habían pintado en un viejo muro abandonado,
a la altura de Tajao, junto a la autopista TF-1. Se trata de nuestras
autoridades a las que nos les basta con controlar los medios de comunicación,
con insultar y arrinconar a todo el que se opone a la mamandurria que
se han montado entre unos cuantos a costa de lo que sea, sino que están
dispuestos a usar el dinero de los ciudadanos para impedir que estos
mismos ciudadanos se expresen, sea cual sea el modo empleado.
Habría que ver con qué
argumentos utilizan ellos dinero público para entrar a una propiedad
particular a borrar un cartel pintado en un viejo muro de bloques, porque
si es para que no se despisten los conductores hay que decir que estos
sinvergüenzas han permitido colocar un cartel luminoso de una conocida
marca de whisky en un punto negro de la autopista del norte,
concretamente a la altura del antiguo puente que daba acceso al aeropuerto.
Lo han borrado lisa y llanamente porque no soportan que nadie exprese
su opinión pacíficamente, sin molestar a nadie. Prefieren
pintadas por ahí por todas las fachadas que descalifiquen a los
autores, por eso cuando lo hacen sin molestar a nadie les fastidia tanto
que actúan con una eficacia inusitada, lo que contrasta con su
lentitud a la hora de resolver los problemas importantes que afectan
a la gente.
Del lenguaje pre-fascista del
que alguien había hablado ya en alguna ocasión, para
describir la falta de auténtico debate democrático sobre
los grandes asuntos y la descalificación
institucionalizada hacia el que piensa distinto, nos estamos acercando
ya al nivel más bajo de degradación moral y política
que una sociedad moderna puede soportar. Son 56.000 firmas, al menos,
que representan la mayor iniciativa legislativa popular presentada nunca
antes en Canarias, contra el crimen de Granadilla, lo que han borrado
con unos rodillos unos operarios bajo las órdenes de éstos
que dicen trabajar para el bien común, y que lo que hacen es
engordar y engordar sus estómagos y sus cuentas corrientes, a
base de favores políticos hacia los piratas
del cemento.