Este pasado viernes ha comenzado la
primera pegada de carteles llamando a la ciudadanía de Tenerife
a movilizarse, el próximo 27 de noviembre, para intentar poner
freno a los piratas del cemento, que están dispuestos a llevarse
por delante lo que sea a fin de poder llevar a cabo sus dos o tres proyectos
de grandes infraestructuras que no atienden al las prioridades de lo
que se entendería como el interés general de la isla de
Tenerife, sino al interés de los cuatro especuladores de toda
la vida -más algunos nuevo- para los que el negocio está
en la construcción de estas obras y en la especulación
que se creará entorno a ellas, para lo que ya han tomado posiciones
previamente adquiriendo los terrenos. Todo ellos a costa del dinero
público que tanto escasea para las verdaderas
prioridades de una sociedad avanzada.
La descarada y antidemocrática
campaña de algunos medios de comunicación -los más
poderosos- en la que se ensañan vilmente contra los ciudadanos
por el simple hecho de pensar distinto insultándolos,
acusándolos y no ya negándoles la palabra como tradicionalmente
se había hecho, hace que la necesidad de llevar otros planteamientos
e información al conocimiento de la sociedad haya exigido un
esfuerzo extra de comunicación. Aunque también se
intenta boicotear vilmente por lo políticos claramente vendidos
a media docena de especuladores, que están alertas para actuar
con una rapidez nunca antes contemplada para borrar de las calles cualquier
mensaje contrario al puerto de Granadilla, principalmente, que es donde
tienen planteado su mayor negocio y uno de los mayores destrozos con
la única justificación del pelotazo más injustificable
social y económicamente hablando.
Pero toda esta persecución ha
hecho que entre determinados ciudadanos se
haya reavivado un espíritu social desconocido en Tenerife
desde la época de la transición democrática y de
las luchas sociales en defensa de la Democracia, que creíamos
tener medio conquistada cuando hemos venido a caer en la cuenta de que
esto se lo han repartido entre cuatro caciques cuya voracidad es insaciable,
y pasan del pelotazo de Las Teresitas -unos ocho mil millones de pesetas
de dinero público regalados literalmente a dos empresarios- al
crimen de Granadilla que se justificó en la imposibilidad de
ampliar el puerto de Santa Cruz, lo que ellos mismos tuvieron que reconocer
recientemente que era absolutamente falso.
Todos por Tenerife de todos y no de
unos cuantos, por un futuro habitable para los que vienen detrás
de nosotros, por una democracia donde se tenga en cuenta a la gente
y donde los políticos no se
sienten a recibir instrucciones de unos especuladores disfrazados
de empresarios. Contra los pelotazos, por priorizar el uso del dinero
público en la mejora de las carreteras actuales, en fomentar
el transporte público viable, en favorecer a una sanidad y una
educación que se encuentra a la cola del Estado en resultados...
Contra los piratas del cemento y contra los que criminalizan al que
discrepa o lo silencian vilmente, cuando su única fuerza son
unos argumentos para los que no tienen respuesta los caciques y quienes
les apoyan ciegamente, hagan lo que hagan, al precio que sea necesario,
quizás porque ellos, con mucho
dinero, les han sentado en sus puestos de responsabilidad.