Una impresionante campaña de
desprestigio, con dinero público como siempre, han lanzado muchos
políticos de Lanzarote seguramente contra el mejor legado que
ha recibido esa Isla, ampliable a todo el archipiélago canario,
como es la figura de César Manrique y su Fundación.
No llama especialmente la atención
el que los políticos, en estos últimos tiempos, se dedique
a desprestigiar, a insultar o descalificar a todo el que discrepe en
algo de sus proyectos o sus negocios. Eso, lamentablemente, se ha convertido
en algo habitual con la colaboración de algunos medios de comunicación
o estómagos agradecidos. Pero que las autoridades de Lanzarote
se hayan dirigido nada más y nada menos que a la reina de España
para poner en su conocimiento, como presidenta de honor de la Fundación
César Manrique, que la Fundación realiza una actuación
"de naturaleza radical y pretendidamente deslegitimadora
de el orden institucional", ya pasa de castaño
oscuto.
Dicho así, en un estado democrático,
se entendería que se refieren a unos actos terroristas, consistentes
en poner bombas lapa o a quemar sedes gubernamentales o palacios judiciales.
Pero no, se refieren a un acto de protesta contra la ampliación
de una carretera, para la cual contrataron a un conocido payaso para
denunciar lo que ellos, acertada o equivocadamente, consideran un daño
ambiental injustificado. Ese es el delito, precisamente hacer lo que
hizo César Manrique a lo largo de su vida y que, probablemente,
sea lo que ha hecho posible -hasta hace unos años al menos- que
Lanzarote sea un destino turístico reconocido a nivel mundial.
Con lo que estamos padeciendo en Tenerife
en cuanto a ataques a la base misma del sistema democrático,
en el sentido de que se ha emprendido una persecución implacable
y despellejadora hacia todo el que discrepe, parecía
que nada podía sorprendernos al ver cómo salen, cada día
que pasa, más y más antidemócratas de debajo de
cada piedra. Pero hemos de reconocer que las noticias que nos llegan
de Lanzarote superan la capacidad imaginativa de las mentes más
calenturientas. Es, probablemente, la estupidez y la poca vergüenza
llevada a sus últimas consecuencias.
Este sábado, en Santa Cruz de
Tenerife, tendremos la oportunidad de dar un fuerte de abrazo en directo
a nuestros amigos de la Fundación César Manrique de Lanzarote,
que han anunciado su asistencia a la
manifestación contra el crimen
de Granadilla, un auténtico ejemplo y referencia para todo
canario bien nacido y que, de estar en vida entre nosotros, hubiese
hecho lo mismo que la Fundación que conserva su legado no sólo
artístico, sino su espíritu de lucha y de denuncia: acudir
a la manifestación contra el crimen de Granadilla en la cabecera.