Este sábado una parte importante
de los ciudadanos de la isla de Tenerife saldrán a la calle al
grito de "Ya está Bien", en una manifestación
legal, democrática y pacífica, pero contestada de una
manera furibunda por los piratas del cemento y por los políticos
de todos los partidos financiados por aquellos, ambos escondidos cobardemente
detrás de organizaciones que ponen anuncios carísimos
en televisión, que hacen contra campaña con cartelería
que no pegan voluntarios, sino cuadrillas a sueldo perfectamente organizadas.
Todo ello pagado con dinero del gigantesco saqueo de lo público
que, con tanto éxito, se está llevando a cabo en Canarias
en los últimos años. Y esto no es que lo digamos cuatro
locos, sino que se lo dicen entre ellos mismos a poco que se molesten
un poco por cualquier prebenda o privilegio no conseguido.
Es por eso que el cariz que han tomado
los acontecimientos estas últimas semanas ha cambiado, radicalmente,
la situación de partida. Ya no se trata de ciudadanos que se
organizan en defensa del medio ambiente, de los barrios y las agresiones
que suponen para los más débiles las últimas propuestas
en planeamiento que han sido presentadas por las administraciones, totalmente
irreconciliables con un modelo de desarrollo más armónico,
más social y más en defensa del suelo rústico y
nuestras principales señas de identidad. En realidad el motivo
fundamental por el que la gente se va a echar masivamente mañana
a la calle es el de la defensa del simple derecho a discrepar, a pensar
distinto y a manifestar públicamente una opinión contraria
a los intereses que defienden los que tienen casi todo el poder.
El último ataque a la Fundación
César Manrique, la vergonzosa campaña lanzada por algunos
medios de comunicación con insultos y amenazas de todo tipo,
el despellejamiento público hacia profesores de gran prestigio
de nuestras universidades, hacia todos los colectivos ecologistas desde
Greenpeace hasta Ben Magec, pasando por ATAN, el TEA y todos los demás
que, lógicamente, se oponen al crimen de Granadilla; son acontecimientos
que, analizados con un poco de perspectiva histórica, supondrán
un capítulo de lo más tenebroso, de lo más desagradable
y una muestra lamentable de cómo la obsesión de algunos
por el dinero fácil y preferiblemente público, al precio
que sea, ha hecho que saquen a relucir su cara más agresiva,
violenta y antidemocrática.
La respuesta de la sociedad a este ataque
sin precedentes desde la muerte en la cama del dictador, va a ser ajustada
y proporcionada a la agresión que está sufriendo. Pero
este sábado sólo asistiremos a un paso más en un
largo camino. Los problemas ambientales, las agresiones a las capas
más desfavorecidas de la sociedad en beneficio de unos pocos
con el expolio generalizado de lo público, la situación
de merma intolerable en derechos fundamentales como la libertad de expresión
o la corrupción política cada vez más generalizada,
no van a terminar el 27 de noviembre. La lucha habrá de seguir
pese al rotundo éxito que supondrá esa manifestación,
precisamente gracias al impresionante despliegue de medios que se han
puesto en marcha para hacerla fracasar.
El Foro Ciudadano contra la Incineración
estará presente en esa lucha, pero no porque en el manifiesto
de la Asamblea por Tenerife se rechace la incineración. Nosotros
hemos estado con los vecinos del Riquel, con los del Pris, con la Coordinadora
de Pueblos y Barrios, estamos con los vecinos de Güímar
y el problema de las extracciones ilegales e incontroladas de áridos
o, como no, con las organizaciones que se han opuesto a este terrible
e injustificado crimen ambiental que representará el macropuerto
de Granadilla. Y es que tras el crimen de Granadilla se esconde la mayor
estafa y la mayor mentira nunca antes planteada en Tenerife, donde el
Plan de Integral de Ordenación del Territorio advierte que el
puerto de Santa Cruz -la mayor empresa del área metropolitana-
se quedará relegado al tráfico de pasajeros y cruceros
turísticos, sin que nadie esté dispuesto a cambiar una
coma de ese disparatado planteamiento.
Ninguna ciudad del mundo ha renunciado
nunca antes a que se desarrolle y a que crezca su puerto, menos Santa
Cruz de Tenerife. La presión social ha hecho que tengan que admitir
que se pueda ampliar, pero los ojos de los caciques y los piratas del
cemento están puestos en Granadilla porque es donde hay suelo
con el que especular. Por eso llevan años ahogando al puerto
de Santa Cruz sin invertir un céntimo, al igual que llevan 20
años sin reciclar absolutamente nada porque su intención
es quemar prácticamente toda la basura, o por lo menos ese fue
el plan que presentaron hace dos años y que se ha conseguido
paralizar por el momento. Se trata de la misma dinámica, crean
el problema y después ellos mismos nos ofrecen la solución
sin admitir alternativa alguna. Jamás van a arreglar el ahogamiento
de tráfico que se produce en el Padre Ancheta hasta que no tengan
más o menos claro que sus proyectos especulativos relacionados
con la vía exterior, y ésta misma, están más
o menos encauzados.
Mañana nos vemos en las calles
de Santa Cruz, pero hemos de ser capaces de seguir organizados al día
siguiente y al otro y durante muchos días más, para hacer
frente a la reacción visceral y violenta de los que han visto
amenazadas sus ilegítimos negocios a costa del interés
general y del dinero público. Y es que están dispuestos
a todo por acallar la voz de la calle. Con los medios de comunicación
ya lo han conseguido y con un rotundo éxito, los políticos
han demostrado que no pintan nada más que no sea seguir fielmente
las directrices que les marcan los que les pagan las campañas
y los que los han puesto ahí casi a dedo. La única esperanza
es la de una sociedad cada día más consciente y más
unida la voz de un rotundo y contundente ¡YA ESTÁ BIEN!
