Hace poco más de 6 meses se publicó
un artículo titulado Incineradora y Prevención Médica.
Por aquel entonces empezaba a trabajar un grupo de médicos que,
con los datos científicos encontrados en una primera revisión
bibliográfica, elaboramos un manifiesto que alertaba a la población
y a las Instituciones del riesgo que supone construir una incineradora
en proximidad a Colegios y Núcleos de población, como
sucede en Txingudi y ahora también en Donosti.
Ese escrito provocó la entrada
en escena de la Sanidad institucional: Dirección de Salud del
Gobierno Vasco tildó de alarmistas e irresponsables a los más
de 500 profesionales de la Salud, entre especialistas, médicos
de familia, jefes de servicio, enfermeras y técnicos, que firmaron
aquel manifiesto. De esa manera, la Dirección de Salud daba carta
blanca para la construcción de la Incineradora de Txingudi, y
cualquier otra que se quisiera construir en Guipúzcoa, alegando
que las enfermedades provocadas por una incineradora, eran siempre consecuencia
de incineradoras antiguas o de modernas que no controlan bien sus emisiones.
Presionaban al Colegio de Médicos para que sancionara a los médicos
que se atrevían a cuestionar la versión del Régimen
y fomentaban folletos y anuncios, realizados por la gerencia de Servicios
de Txingudi (promotor de la primera Incineradora), denostando la profesionalidad
de los médicos que presentábamos informes y razones para
abandonar ese tipo de tratamiento de las basuras.
Creo que, al principio, pensaban que
nuestra oposición se limitaría a aquel manifiesto y, como
suele ser habitual, por nuestra aburguesada pasividad, eso de ser militantes
activos en contra del poder sólo sería mantenido por los
ya conocidos grupos del “no a todo”. Además, la profesión
médica, en su mayoría, es funcionaria y nunca querrán
enfrentarse con los que les firman su sueldo (hay que reconocer que
este punto retiró a muchos del escenario por temor a represalias).
No creían que los argumentos los defendiéramos
con tanta fuerza como para escribir artículos, realizar ruedas
de prensa, promover charlas y debates y además recurrir al Ararteko
antes que muchas plataformas ciudadanas; ni creían que pudiera
existir un Simposium de categoría nacional dedicado a la Incineración
con profesionales médicos de reconocido prestigio internacional,
que argumentan sin estar afectados por la vecindad a una incineradora,
sin cheques de viaje, y en la sede de la entidad médica más
importante en Guipúzcoa, el Colegio Oficial de Médicos,
(lugar donde se presentan las dudas y reclamaciones de todas las personas
y se resuelven los conflictos que surgen desde el ámbito médico,
que no político).
La Diputación y otras instituciones
guipuzcoanas han creído que basta con traer “sabios”
o “expertos”, a golpe de talonario, para tener toda la razón.
Incluso buscarán algún científico que sin ningún
debate aporte su bendición a la “moderna” industria
incineradora a través de sendas páginas en los principales
diarios y televisión. Pero no quieren saber nada de contrastar
sus datos y consignas dentro de los foros médicos habituales.
El Comité Organizador del Simposium Incineración
y Salud no encontró médico o grupo científico que
defendiera la bondad de las incineradoras de basuras, solo la Dirección
de Salud del Gobierno Vasco se mostraba competente para hacerlo; se
les invitó y se les cedió un espacio libre para su exposición,
con un público nada sospechoso por su posicionamiento…Y
allí no quisieron estar los que tienen la responsabilidad institucional
de nuestra Salud, la Dirección de Salud del Gobierno Vasco, porque
consideraban que “el foro no era constructivo” para sus
intereses. Quizás no sepan que nosotros, como médicos
opuestos a las incineradoras, hemos acudido a las Jornadas de Ficoba
de los Servicios Txingudi, a las Juntas de Guipúzcoa, a la Diputación
y al Consistorio de Irún cuando nos han invitado (no siendo foros
favorables a nuestras tesis) sabiendo que su foto final sería:
somos demócratas, escuchamos a todos y hacemos lo que nos parece
porque para eso nos votaron.
Un Simposium donde estaba un miembro
de la OMS, un miembro del Centro Superior de Investigaciones Científicas,
un Catedrático de la Clínica Universitaria de Navarra
y una Presidenta de la Sociedad Española de Medicina General.
Presentaron ponencias donde se explicaron las carencias de la investigación
medioambiental, se alertó sobre el efecto persistente y transgeneracional
de muchos de los tóxicos de las incineradoras, se llamó
la atención sobre los sectores de la población más
vulnerables a la contaminación por las incineradoras, se insistió
en la necesidad de limitar y disminuir las emisiones tóxicas,
se aportaron datos como el de que mas de 40 millones de muertes en el
planeta se evitarían solo con decisiones políticas, se
presentaron trabajos que evidencian riesgos a mas de 5 Km. de distancia
del entorno de una incineradora “moderna”, se habló
de la mortalidad inmediata y diferida producida por la contaminación,
se insistió en que hay más patologías, además
del cáncer, como riesgo en la salud por proximidad a las incineradoras,
se habló del NO2 y del NO, del CO2, de los gases sulfurosos,
de las micropartículas, de los metales pesados, de los elementos
desconocidos y de las dioxinas y furanos, de las dificultades que tiene
la técnica para su medición, del riesgo de contaminación
masiva en caso de fugas o accidentes…. Hubo, además de
médicos, público de otros ámbitos sociales, algún
político e incluso alcalde interesado por informarse más
allá de los folletos que elaboran los ingenieros de estas incineradoras,
pero faltaron los máximos responsables guipuzcoanos de esta situación.
Hubo muchas preguntas en el coloquio final de las dos jornadas, pero
destacaría la que hizo un baserritarra que vivía y cultivaba
en el área de Txingudi, él preguntó qué
debía hacer si le construían la incineradora a menos de
1000 metros, la respuesta fue contundente: sus productos se contaminarán,
usted lo respirará y usted debe pensar si tiene que seguir allí….
Sinceramente, me asusta e impresiona
la falta de interés, por parte de nuestros políticos,
para contrastar y debatir la información que han recibido de
una Dirección de Salud involucrada políticamente, me escandaliza
la ausencia del Departamento de Sanidad en un foro médico donde
tenían su espacio y oportunidad de demostrar científicamente
sus tesis; pero lo que es peor es la persistencia de políticos
y técnicos en seguir para adelante con este proyecto sin ni siquiera
dignarse a establecer una reflexión o debate alegando que todo
está ya informado y discutido (Dios Santo!! ¿Dónde
vive esta gente?). Todo esto me hace pensar en que no actúan
de manera altruista o inocente sino que están sujetos a intereses
espúreos muy fuertes (económicos, políticos, o
yo que se....)
Y es que no saben que cuando alguien grita “¡por
favor, no me pongan una incineradora de basura!” esa persona no
lo hace solo por protestar contra la injusta distribución del
“mal menor” sino que es porque tiene miedo a que su hija
engendre un niño con malformaciones, que su familia sufra algún
caso de cáncer, o que empeore su calidad de vida por tener alteraciones
hormonales, alergias o cientos de cosas más que con una incineradora
le amenazan. Es algo muy vital y básico. Es el instinto de supervivencia.
Es nuestro llamamiento a la prevención y a la precaución:
No queremos que la Comarca de Bidasoa-Oarsoaldea y la de Donostialdea
(y en definitiva, cualquier rincón de Guipúzcoa), en especial
nuestros hijos, sean el referente de estudios de incidencia de cáncer
y otras patologías, para ser mostrados en Congresos y foros médicos
de otras partes del mundo, como consecuencia de tener una incineradora
de basuras en proximidad.
Jose Cruz Ruiz Villandiego
Médico
Miembro del Grupo de
Estudios Incineración y Salud

Una
decisión y un grito unánime ayer en Irun, “No a
la incineración”