Todos sabemos que hay residuos y residuos, es decir, existen muchas tipologías de residuos que resulta fundamental conocer a la hora de buscar un posible tratamiento o método de eliminación. Eso está claro y bastante bien estudiado, sobre lo que no se ha profundizado tanto es sobre la tipología de los productores de residuos que, cuando nos referimos a las situaciones que ocurren en territorios de escasa tradición democrática o las tan desafortunadamente denominadas repúblicas bananeras tiene su importancia o trascendencia.
De este modo todos conocemos casos, incluso junto a las autopistas o carreteras, de determinados residuos de alto impacto, cuando menos visual, que durante años -en algunos casos décadas- llevan formando parte del paisaje sin que nadie se ocupe de exigir medida alguna contra esta situación. Y es que, en ocasiones, es muy importante no sólo la tipología del residuo sino la tipología del productor o dueño del residuo y su poder económico e influencia política. A cada rato nos plantean campañas de embellecimiento de nuestras casas y propiedades que, sin duda, están muy bien; pero alguien podría preguntarse, con razón o sin ella, porqué los de siempre campan por sus respetos sin que exista autoridad pública alguna capaz de chistarles una palabra sobre cosas que a ningún otro ciudadano trabajador se le permiten. Es sólo una reflexión, la misma reflexión de siempre pero que no pasa de ser eso, una reflexión que tenemos que seguir haciéndonos los canarios cuando van a cumplirse 30 años de la muerte del último dictador que, dicen, hubo en España.
