Foro contra la Incineración

Tenerife
                         
El (verdadero) rostro de Isaac Valencia
                         
14 - 03 - 05

 


Alfonso González Jerez

La tensión vecinal en La Orotava alrededor de las obras de demolición del ruinoso teatro Atlante ha evidenciado, de nuevo, la particular concepción que el alcalde Isaac Valencia tiene de sus responsabilidades como alcalde, del papel del ayuntamiento en los problemas colectivos, de la democracia y sus normas. El avestrucismo en los problemas sociales y vecinales, la altanería y el autoritarismo, la opción por las soluciones de fuerza, el desprecio sobre los ciudadanos no ovejunos y la demagogia más o menos farfullada son los rasgos principales de la gestión de Valencia hace lustros, y que se observan también en esta crisis.

El verdadero rostro de Isaac Valencia, alcalde de La Orotava desde hace más de veinte años, veinte y pico años de un gobierno municipal omnipotente, a menudo opaco, impermeable a la crítica y de estilo cada vez más despótico y agorafóbico, se dibuja en cuanto el político abre la boca y se fotografía cuando lo hace para agredir a alguien, ejercer el desprecio o bufar ante una situación que no controla perfectamente. Por ejemplo, la manifestación de un grupo de vecinos orotavenses por las obras de derribo del antiguo teatro Atlante y dos viviendas colindantes. Las declaraciones de Valencia al respecto, pocas horas antes de que la Policía Local, siguiendo sus instrucciones, arremetiese contra los manifestantes, definen con precisión lo que entiende Valencia por democracia, convivencia cívica, respeto a la legalidad o responsabilidades de un alcalde. E ilustran, asimismo, las pésimas relaciones que Saso el Maceta (así conocido, cariñosamente, por los vecinos) mantiene desde siempre con el lenguaje humano. A Valencia el idioma le molesta como a otros les molesta un golondrino. La gente empieza a hablar, se pone a charlotear, se acostumbra a debatir y termina por discutir tus decisiones y tu mismísima autoridad.

A un señor se le prohíbe, porque los vecinos lo estiman así, que pueda construir en su terreno lo que por ley le corresponda, esto no se había visto nunca en ningún lugar de España". Los vecinos que se han manifestado en los últimos días no están prohibiendo nada. Los vecinos no disponen de potestad para prohibir nada en absoluto. Los vecinos se habían dirigido previamente al ayuntamiento, e intentado hacer lo mismo con la empresa promotora de José López. Los vecinos consideran que no han recibido suficientes garantías técnicas (ni en el consistorio ni por parte del promotor) sobre el impacto de los derribos en la estabilidad estructural de sus casas. Los vecinos, por decirlo suavemente, se están interesando por no correr el riesgo de que sus casas se vean reducidas a ruinas. Algo que ha ocurrido en España en bastantes ocasiones, incluso recientemente, cuando las autoridades municipales no han actuado con la suficiente eficacia, diligencia o transparencia.

Las obras tienen todos los requisitos y licencias, como es el informe favorable de la Comisión de Patrimonio para poder trabajar, y no entiendo la actitud de los vecinos que están coartando la libertad de otro ciudadano que quiere fabricar en su finca". Esta es muy buena. Breve, fresca y olorosa: como perejil en maceta. Ilumina una de las convicciones ideológicas más insobornables de Isaac Valencia: la libertad es, sobre todo, la libertar de fabricar, de construir, de levantar edificios. Valencia cree firmemente que ser es ser constructor, que la libertad democrática consiste en poder adquirir un adosado y que la prosperidad está construida, siempre, con ladrillo. Solo debe observarse el desarrollo urbanístico de La Orotava para comprobarlo. O tal vez observar la aniquilación paisajística del Valle. ¡Qué pena que todavía queden antiguallas como la Rambla de Castro! En esta materia, don Isaac siempre ha sido un incomprendido. Valencia siempre despreció la platanera, no desde la crítica a la concentración de riqueza agraria y el maltrato a los jornaleros, sino desde un señoritismo que identificaba actividad agrícola con ordinariez. No es que Valencia sea un coburgo o siquiera coburgófilo. Nació en una familia de artesanos y pequeños comerciantes, y estudió precisamente Ciencias Agrarias, así que su desprecio hacia la agricultura es, también, una forma de olvidar su grisáceo pasado como anónimo profesor de una escuela universitaria. No ha conseguido acabar del todo con la platanera, ni abrir un gran hotel en su término municipal, pero no renuncia a la esperanza de un campo de golf. Valencia desprecia el derecho a manifestarse. Valencia pasa por alto que dicha manifestación había sido informada a la Subdelegación del Gobierno. Valencia profesa un cinismo estúpido al obviar que la juez de guardia del juzgado número uno había dictado una orden para la retirada de la pala mecánica de la vía pública.

Aparecer o no es voluntad exclusivamente mía, nadie me obliga a ir a ningún sitio. El promotor tiene licencia, y si los vecinos se oponen no es problema mío, es problema de ellos, y el propietario tiene que defender sus intereses en los juzgados, porque el ayuntamiento cumplió con su deber con el propietario como con cualquier ciudadano". Valencia parece estar a punto de estallar. ¿Pero qué es esto? ¿Es que acaso estamos en el comunismo? ¿Es que le van a obligar a ir por algún sitio? Hombre, mucho cuidado con eso, ¿eh?, mucho cuidado con eso. A ver si alguien cree que puede obligarme a moverme de aquí para allá o vicervesa. El alcalde pretende dejar claro a los alborotadores que no piensa correr a ningún sitio. Es muy tranquilizador. Una manifestación de protesta que se prolonga durante varios días no es argumento suficiente para que Valencia se digne a personarse en el lugar e intentar dialogar con los vecinos. ¿Pero saben algo? Al promotor que lo zurzan también. Que los vecinos se opongan a la demolición y a las nuevas edificaciones no es problema de Valencia, pero que el constructor no pueda hacerlo, por la presión de los vecinos, tampoco es de su incumbencia. A él que lo dejen en paz, joder, que está gobernando La Orotava, intentando atraer capital inversor, llenando las calles de farolas, mástiles y tiestos de flores y aprendiendo a escribir Humboldt correctamente, y no puede distraerse con tonterías. Que lo resuelvan entre ellos. No deja de ser llamativa la frase "el ayuntamiento cumplió con su deber", utilizada para justificar el escaqueo con un ligero y heroico aroma militar.

Por mi parte no hay nada que conciliar, ya que el propietario cumple con todos los requisitos legales para poder construir... Hemos dado la licencia porque los informes técnicos son favorables... El ayuntamiento no tiene competencias, he mandado a la Policía Local para evitar que surjan problemas no convenientes".

Aquí el estilo valencístico llega a su máximo esplendor. Valencia suele perorar tanto de tribunales y abogados que a veces se cree una autoridad judicial. Si así no fuera, no se entiende la frase "por mi parte, no hay nada que conciliar". No se trata de conciliar nada, sino de ejercer una de las funciones de un cargo público, particularmente imprescindible en el caso de un alcalde, como es respetar los intereses privados sin perjudicar en ningún momento los intereses generales públicos ni los de otros ciudadanos. Valencia, obviamente no lo entiende así; en realidad, no quiere entenderlo de ninguna manera. Pero eso sí: no se olvida de enviar a la Policía Local, y el pasado viernes, ordenó que se desalojase la zona para que la pala mecánica pudiera trabajar. Un poco confuso, porque se suponía, así lo expuso antes, que el ayuntamiento no tenía arte ni parte. Entre los manifestantes, que en la tarde del viernes estaban practicando una sentada, se encontraba la concejal Montserrat Hernández, de Iniciativa por La Orotava, al que los agentes arrastraron por el suelo sin el menor respeto. Valencia detesta a IpO casi tanto como al PSOE. Y eso que IpO es una hijuela de su talento político: el veterano alcalde siempre se opuso al proyecto de CC, si eso suponía meter en la lista electoral a los rojos de Ican, y ahora se los encuentra de frente, aliados o no con los ecologistas. Pero lo mejor de todo, lo mejor sin reservas, está en su justificación final: "He mandado a la Policía para evitar que surjan problemas no convenientes". En efecto, alcalde, hay problemas convenientes y hay problemas inconvenientes. ¿Es un problema conveniente que una pala mecánica amenace, ante la impasibilidad absoluta de los agentes de la Policía Local, a medio centenar de manifestantes pacíficos, mientras el empresarios les llama hijos de puta? ¿Es un problema inconveniente que un grupo de vecinos se manifieste porque teme por el futuro de sus viviendas? Los manifestantes seguían ahí ayer sábado. La pala sigue allí.

El conflicto sigue allí. Quien no está allí es Isaac Valencia. No abandona su despacho de la Alcaldía. Como si tuviera miedo de no saber regresar a ella.

Fuente: La Opinión de Tenerife, 13-03-05

12-03-05 La Policía Local cargó contra vecinos apostados frente a la pala mecánica


 
                         
Subir
 
Anterior
 
Volver
 
Siguiente
 
Indice noticias
 
Inicio