Las lluvias que en las últimas
semanas han caído en toda la isla de Tenerife, y que tan agradecidamente
han recibido nuestros campos, han vuelto a poner al descubierto las
deficiencias de control que existen en el vertedero de Arico, sobre
todo en lo que tiene que ver con el control de los lixiviados y la presencia
de volados en los barrancos que son arrastrados hasta el mar por la
escorrentía en épocas de lluvia.
Estos problemas son visibles en el tramo
del barranco Guasiegre que transcurre desde la autopista TF-1 hasta
la misma costa. En este último tramo del barranco, en el que
se encajó en su día la primera celda del vertedero, son
visibles tanto las emanaciones de lixiviados desde las paredes del cauce
como la presencia de gran cantidad de basura, sobre todo plásticos,
que proceden de los volados que se producen en las operaciones de descarga
de la basura y que, según toda la legislación vigente
tanto europea, como española y canaria, la empresa gestora estaría
obligada a controlar y evitar por todos los medios, cosa que no hace
con la debida diligencia.
En este sentido hay que subrayar el
grave riesgo que estos plásticos suponen para la fauna marina,
siendo frecuente la muerte de muchas especies que se tragan o se enredan
con estos residuos. En ocasiones se da la paradoja de que algunos de
estos animales muertos son recogidos en la costa y trasladados en grandes
camiones, para su enterramiento, al vertedero de Arico, de donde cabe
la posibilidad que procedan los plásticos que los mataron.
En cuanto a los lixiviados, que arrastran
las sustancias tóxicas producidas en el vertedero, en su
momento un estudio de contaminación de suelos recomendó
la apertura de una zanja en la base del vertedero para intentar controlar
la salida descontrolada de estos líquidos, dado que en su momento
no fue impermeabilizado, pero esta recomendación nunca fue atendida
por el Cabildo, pese a que fue una de las alegaciones que presentó
el Foro al proyecto de sellado del vertedero.