Radio San Borondón
Alberto Rodríguez Álvarez
Creo que estoy obligado a decir, para
evitar malos entendidos, que en su día fui considerado miembro
histórico del Centro de la Cultura Popular Canaria y que mis
tres únicas publicaciones han sido editadas y distribuidas por
esta organización. Recuerdo que con el CCPC fui vendedor ambulante
de libros, colaborador en un programa radiofónico vespertino
que era emitido desde Radio Cadena Española, colaborador habitual
en otro programa de la mencionada emisora que cabalgaba en los lomos
de las ondas de radio en las mañanas festivas del caluroso verano
y de pueblo en pueblo, ponente en el Congreso de Cultura de Canarias
-1987-, etcétera. El interés del CCPC y de su máximo
responsable, César Rodríguez Placeres, por la radio viene,
pues, de un tiempo pasado, enriquecedor, comprometido y ajeno a todo
tipo de interés por el dinero. Es más, comento, lo normal
era que en aquellos domingos del estío nos pagáramos nuestro
propio almuerzo cuando el municipio visitado -más de uno- no
tenía el detalle de invitarnos a comer. Durante mi muy estrecha
relación con el Centro siempre ejercí de abogado del diablo,
fui muy crítico con algunas cuestiones y de ahí el que
admita que es posible que se haya cometido algún error. De haber
sido así, señores míos, de humanos es equivocarse;
sobre todo cuando la tarea realizada alcanza unas dimensiones considerables.
Y éste es el caso. Quiero añadir que, hace algunos años,
al finalizar la presentación de la tercera edición de
uno de mis libros fui guiado por César a una emisora de radio
-un auténtico cuchitril- y que allí, ante el micrófono,
le preguntaba a mi fuero interno: ¿Quién coño -con
perdón- estará escuchando esto? Ahora, después
de la experiencia en aquella radio que parecía de mentiritas,
me entero que la misma ha alcanzado unos niveles de audiencia que nadie,
ni tan siquiera sus mentores, esperaban. Y cuando esto ocurre, cuando
comienza a observarse la luz del brocal desde lo más profundo
del pozo (como premio a un esfuerzo siempre marcado por el rigor que
caracteriza a un brillante catedrático de la Universidad de la
Laguna -me refiero a César Rodríguez Placeres-), tuve
que hacer de tripas corazón, para evitar el propio y desagradable
vómito, cuando escuché -en una emisora de televisión
local-, por boca de un militante destacado (?) del PSC, Domingo Medina,
que él cuestiona algunas de las cosas llevadas a cabo por el
Centro y que no entiende el porqué y el ahora de una emisora
que considera ilegal o alegal -¿también clandestina?-.
Escuchando a Domingo Medina -que uno no sabe si es el verdadero subdelegado
del Gobierno en esta provincia, habida cuenta la cantidad de veces que
sale en las fotos- y, sobre todo, el tono -con tintes siniestros- empleado
a la hora de criticar a Radio San Borondón, se me vinieron a
las mientes los tiempos del más aborrecible fascismo; el tiempo
aquel en el que emitía Radio Pirenaica. Porque las preguntas
que proceden no deben ser las que Domingo Medina plantea, sino estas
otras: a)¿Por qué no ahora? b)¿Por qué no
antes?
Cierto es que para hacerse estas preguntas
es menester ser un demócrata auténtico. Una persona con
verdadero sentir progresista y, como tal, abierto al diálogo
y a la tolerancia.
Publicado en La Opinión de
Tenerife, 14-06-05

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