Que la recogida de residuos domiciliarios
debe estar diferenciada de la de los residuos de origen comercial e
industrial, forma parte de ese A-B-C que ya en muy pocos sitios del
mundo se discute. Si bien en los residuos que generamos en nuestras
casas podemos encontrarnos variedad de elementos y productos que, si
no se separan adecuadamente, complican mucho cualquier tratamiento posterior,
no ocurre lo mismo, en la mayoría de los casos, con los residuos
que genera la actividad comercial en industrial, cuya tipología
suele muy concreta, dependiendo del tipo de actividad.
Ya hemos dicho, en
alguna ocasión, lo ridículo que resulta que en los
polígonos industriales se pretenda reproducir el mismo tipo de
contenedores que nos podemos encontrar en cualquier calle de cualquier
pueblo. Y es que los polígonos industriales no deberían
tener ni contenedores en las calles, sino que esas empresas que, por
lo general, son grandes productoras de determinados tipos de residuos,
deberían llevar a cabo su propia separación y concertar
servicios de recogida que vayan directamente a al reciclaje.
Pero más lamentable todavía
resulta ver cómo determinadas empresas, que no cuentan con contenedores
suficientes en sus inmediaciones, son capaces de trasladar grandes cantidades
de residuos a otras áreas donde se han instalado contenedores
para la recogida domiciliaria, como es el caso de lo que está
ocurriendo en el barrio de El Socorro, en la costa de Güímar.
En este caso, por lo que se observa, una empresa de electrodomésticos,
al menos, traslada a esa zona grandes cantidades de cartón y
restos de otro tipo, que arroja junto a los contenedores de cualquier
manera. Existe, en esta zona en concreto, un contenedor azul para la
recogida de papel y cartón que se encuentra generalmente vacío,
porque estos grandes embalajes de los electrodomésticos evidentemente
no caben en este tipo de contenedores. Ni caben ni da la impresión
que ellos estén dispuestos a meterlos si no se les obliga.
Por eso los esfuerzos por mentalizar
a los ciudadanos para que separen la relativamente pequeña cantidad
de residuos que generan en sus hogares, caen por los suelos cuando se
observa cómo los grandes productores de estos residuos los gestionan
de esta manera sin que se ofrezcan alternativas razonables. Véase
el escándalo de lo que ocurre con este tema en Mercatenerife,
por ejemplo.



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