Alberto Rodríguez Álvarez
Que se prepare Arico. Y que se prepare
esa iniciativa, ingenua o engañosa, con la que tratan de darnos
a entender que separando y tirando los residuos sólidos en contenedores
diferentes vamos a contribuir, de manera decisiva, en un control racional
de los residuos que permitirá una recuperación, aceptable,
de materia prima. Todo eso que se nos trata de enseñar a través
de la propaganda en los medios de comunicación, ese mensaje con
apariencias convincentes que convierte en ciudadanos de primera a todos
los que estemos dispuestos a poner en práctica todas estas fórmulas
de selección es, sencillamente, el chocolate del loro. Miren
ustedes, uno nació en una época en la que casi todo lo
usado era recuperable: las botellas de vidrio vacías se guardaban
para vendérselas a las fábricas de lejía, los pañuelos
-para limpiarnos los mocos- se restregaban en los liliputienses escalones
de las piedras de lavar, se tendían en las liñas y al
sol, se planchaban con esmero y volvían a ser utilizados una
y mil veces, la talega para el gofio y la bolsa para el pan nunca fueron
a parar al cubo de la basura, se reparaban las llaves para el agua,
las cocinillas de petróleo, los platos de loza -se lañaban-,
los calderos de aluminio, se recuperaba el crin de los colchones, se
afilaban tijeras y cuchillos, se reparaban los aparatos de radio, los
relojes de bajo precio... Tanto y tanto se exprimía el uso de
las cosas que, cuando llegaban las hogueras por San Juan, teníamos
que realizar un esfuerzo colosal para conseguir algo que pudiera ser
quemado. Es decir, que cuando éramos pocos, era muy poco lo que
se tiraba a la basura. Y ahora, que somos muchos, es muy poco lo que
no va a parar el vertedero de Arico. Si nos paramos a pensar sobre la
oferta comercial de productos de limpieza nos daríamos cuenta
de la sorprendente cantidad de marcas de jabones, suavizantes, etcétera,
que generan con sus cartones y envases de plástico una importante
cantidad de residuos. Añadir a esto las servilletas de papel,
los manteles -también de papel-, los pañuelitos, todos
los alimentos que vienen envasados en cartón... Al fabricante
y al comerciante les importa un pimiento que la mayor parte de las cosas
que salen de una gran superficie se conviertan en residuos porque ellos
lo que quieren es vender. Vender, incluso, los contenedores de colores
en los que separar los residuos. Casi todo está pensado para
usar y tirar, y se los dice alguien a quien estos días se le
ha averiado una nevera con menos de cuatro años de uso y que
al ponerse en contacto con la casa que lleva el mantenimiento oficial
ha recibido, después de describir al detalle la avería,
el siguiente consejo: "Quiere que le diga una cosa, ahora que no
me oye mi jefe, lo mejor es que tire esa nevera a la basura y se compre
una nueva; saldrá ganando". Manda... aquello. Lo dicho,
que se prepare Arico. Porque como esta tendencia no cambie, y no tiene
visos de cambiar, no habrá espacio en ese término municipal
para poder acoger tanta basura.
Fuente: La Opinión de Tenerife, 19-08-05
