Las obras de "mejora" que
se están llevando a cabo en el municipio palmero de Breña
Alta para la reposición, esencialmente, del firme de la carretera
general LP. 123, han desatado la polémica. Y es que muchos vecinos
ya están hartos de que los políticos sólo tengan
en cuenta a los coches, como si los peatones o los ciclistas no existiesen,
a la hora de llevar a cabo actuaciones
de este tipo.
En La Palma, la isla que puede presumir
hoy en Canarias de tener carísimas obras en carreteras emblemáticas,
como el túnel de La Cumbre o el puente sobre el barranco de Los
Tilos gracias, según dice él, a que el consejero de obras
públicas es palmero, resulta que la mayoría de sus carreteras
son auténticas trampas mortales para aquellos que no se ponen
sobre cuatro ruedas, en ocasiones para ellos también. Parece
como si la consigna fuese la de prohibir a nadie salir a la calle si
no se va echando humo por un tubo de escape, cuanto más mejor.
Un caso paradigmático lo representa
esta vía, que mantiene prácticamente el mismo trazado
y condiciones que cuando se construyó, que eso debió ser
a principios del siglo pasado, cuando la carretera era usada por algún
carromato, por los rebaños de cabras y, al mismo tiempo que de
vía de comunicación, servía como campo de fútbol,
terrero de lucha o de bolas, siendo el lugar escogido por los niños
para desarrollar todo tipo de juegos. Los coches eran lo menos peligroso
en esa época, porque sobraban dedos de las manos para contar
los que pasaban por ellas al cabo del día, momentos que eran
todo un acontecimiento para muchos.
El tiempo fue pasando y los coches cada
vez eran más y circulaban más rápido, pero la carretera
seguía siendo la misma, con lo que comenzaron a producirse todo
tipo de accidentes y la gente, lógicamente, se fue refugiando
más en sus casas y cogiendo miedo a algo tan recomendable y sano
como caminar o montar en una bicicleta. A algunas de esas víctimas,
incluso, los políticos les rindieron sentidos homenajes que no
les llevaron, ni les llevan, a reflexionar sobre el peligro que corren
los ciclistas y los peatones, que cada vez quedan menos pese a tratarse
de unos kilómetros ideales pare este tipo de actividad. A eso
se le llama progreso.
Las autoridades, mientras tanto, sacando
cuentas sobre el alto nivel de desarrollo que estábamos alcanzando
porque aumentaba a un ritmo vertiginoso el número de coches por
habitante. Ya eran los menos los hogares donde las familias disponían
de un solo coche ¡qué atraso! sino dos, tres y hasta cuatro,
porque todo el que quería moverse tenía, necesariamente,
que coger un coche aunque sólo fuese para desplazarse quinientos
metros a comprar el pan. Al niño había que llevarlo al
colegio en el coche, al abuelito al médico, no se podía
ir a la farmacia en bicicleta o simplemente salir a dar un paseo por
la tarde. Imposible, todo el mundo al coche, que eso es sinónimo
de desarrollo.
Pero lo que está ocurriendo en
Breña Alta, que es algo que nunca se había visto por allí,
es el síntoma de que algo extraño está ocurriendo
y que estamos comenzando a entender que el progreso y la calidad de
vida no debería medirse simplemente por la cantidad de coches
que podamos o no tener por familia, ni por las grandes y costosísimas
infraestructuras. La gente también quiere caminar, pasearse en
bicicleta y tener las condiciones necesarias para hacerlo sin jugarse
la vida. No es ya la obsesión por reducir distancias en una isla
donde no hay distancias, donde el espacio ya de por sí se hace
pequeño como para seguir acortándolo. Si por nuestros
constructores y políticos fuera a una isla como La Palma se le
daría la vuelta en media hora. Si tuvieran dinero lo harían,
con lo que en lugar de una isla tendríamos una especie de tiovivo.
No entienden, ni les interesa entender,
que calidad de vida es otra cosa, que hay que mejorar primero lo que
hay con unas condiciones mínimas, no con chapuzas como la que
están haciendo en la carretera de la polémica, y después
lanzarse a inaugurar todos los túneles y puentes que el dinero
de nuestros impuestos les permita. Que la sanidad, la educación
o la miseria pueden esperar.
Se trata de un caso muy parecido a lo
que ocurrió recientemente en Tenerife con la "mejora"
de la carretera de Chío a Guía de Isora, un tramo de los
más peligrosos de la isla y totalmente criminal para peatones
y ciclistas, donde se han gastado el dinero sin dar respuesta a la necesidad
que tiene la gente de salir de su casa y darse un paseo caminando, en
ese caso entre esos dos núcleos de población bastante
próximos, pero imposible cualquier comunicación que no
sea sobre cuatro ruedas, por lo menos. Claro que allí no arreglan
nada porque quieren justificar la necesidad de una nueva carretera.
Como lo de las guaguas y el tranvía en Santa Cruz, más
o menos.
También hay ejemplos positivos,
como no. Hace un par de años se hizo una acera y se mejoró
un poco la carretera entra Tejina y Valle de Guerra, en La Laguna. Todas
las tardes eran centenares de personas las que, simplemente por placer,
salieron de delante del televisor y caminaban de una población
a la otra, cosa que muchos, seguramente, no habían podido hacer
en toda su vida. Era como si los hubiesen tenido encerrados en una cárcel
y alguien les hubiese abierto la puerta de la calle. Y es que verdaderamente
en muchas zonas la gente vive encerrada porque estamos planificando
sólo para los coches.
Bueno, en Tenerife también se
planifica ahora para el tranvía, sin tener un sólo kilómetro
de carriles para guaguas. Pero eso es otra historia.

La carretera ha aparecido llena de pintadas,
con dibujos de peatones y bicicletas.


La única obra importante que parece
que van a hacer es una pared de piedra
para delimitar bien la finca de naranjeras del alcalde del pueblo. Eso
sí, sin tocarle un metro de su propiedad, ni llegando a la curva
que clama al cielo que se rectifique
un poco y se haga un paseo peatonal. Si algún día quieren
ampliar que
amplíen hacia el otro lado, para donde están las casas.

Puentes en las mismas condiciones que tenían
incluso antes del Generalísimo.
El peatón que se atreva a cruzar por
ahí es un héroe, de los de medalla, o un loco

Tanto llenarse la boca con Europa y al final
les imitamos
en todo menos en calidad de vida

No se puede caminar



En Tenerife la acera entre Tejina y Valle
de Guerra ha supuesto todo un
escándalo, porque la gente se ha echado a la calle a caminar
porque
todavía no terminan de creerse que se pueda ir de un pueblo al
otro caminando
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