MANUEL IGLESIAS
El castillo de San Juan es uno de los símbolos históricos
de Santa Cruz de Tenerife, ya que fue uno de los elementos fundamentales
de su defensa, al igual que otras construcciones similares ya desaparecidas
y que durante mucho tiempo le dieron un aspecto a la capital probablemente
más recio que el actual.
Lo bautizaron con el sugestivo y aventurero nombre de ’castillo
negro’, seguramente por el color de sus piedras, pero acorde con
las nuevas circunstancias que nos tocan vivir, sigue siendo negro, pero
ahora por la influencia del petróleo.
Como se sabe, uno de los singulares problemas de la zona de Los Llanos,
en Santa Cruz, en la que está el Castillo, en las inmediaciones
del parque marítimo y del Auditorio, es que se ha detectado la
presencia de hidrocarburos procedentes de filtraciones del terreno.
Lo más obvio es que, al mirar hacia arriba y ver una refinería
de crudo, se piense que, evidentemente, debe proceder de allí.
Pues puede ser que sí,? o puede ser que no. Al menos eso es lo
que dice Cepsa, que reta a probar que tales derrames son fruto de sus
filtraciones y alega que en el pasado en ese sector también hubo
depósitos de otras compañías petroleras, de manera
que quién sabe si se trata de un vertido de otro.
Acepto que es difícil observar una refinería, apreciar
a su lado una filtración de petróleo y creer que nada
tiene que ver lo uno con lo otro, pero esa es la defensa de la empresa.
Que al argumento también se le puede aplicar eso de ’puede
ser que sí, puede ser que no’. Lo que sí está
claro es que Cepsa está colaborando con las autoridades locales
para intentar poner soluciones al problema y eso hay que reconocérselo.
Pero estarán ustedes conmigo en que esta tierra tinerfeña
es muy singular. En todos los sitios del mundo la gente se pelea por
el petróleo y el lugar que lo contiene. Aquí no. Aquí
aparece petróleo y nadie quiere que le digan que es suyo.
Fuente: Diario de Avisos, 27-08-05

27-08-05
Lo que nos faltaba por oír: ¡Cepsa nos perdona la vida!