COMUNICADO DE PRENSA
Demandan la eliminación de la incineración
y la búsqueda de soluciones que apunten hacia la Basura Cero

Manila / Berkeley / Buenos Aires / Tenerife: 7 Septiembre,
2005.
Ciudadanos de más de cincuenta países participan este
miércoles del Día de Acción Global contra la Basura
y la Incineración haciendo un fuerte llamamiento a aplicar soluciones
innovadoras y ecológicas que solucionen el problema generado
por el incremento del volumen y la toxicidad de los residuos. El Foro
Ciudadano contra la Incineración de Residuos de Tenerife participa
de esta campaña mundial pidiendo a las autoridades locales abran
definitivamente el necesario debate social sobre el futuro de la gestión
de los residuos en Canarias.
A lo largo de esta semana más de 200 coaliciones
y grupos ciudadanos están organizando actividades informativas,
diálogos comunitarios, asambleas pacíficas y reuniéndose
con funcionarios para hablar sobre el manejo de residuos. Los participantes
desafían a los gobiernos a que, en lugar de caer en el uso indiscriminado
de vertederos, rellenos e incineradores, dañinos para la salud,
adopten y apliquen medidas para prevenir la generación de residuos
desde la fuente, para reducir y eliminar los tóxicos, extender
la responsabilidad del productor y del consumidor, promover el consumo
sostenible, intensificar el reciclaje y el compostaje, respetar la justicia
ambiental, crear trabajo y construir comunidades limpias, seguras, saludables
y autosuficientes.
Esta campaña internacional, que se encuentra
en su cuarto año, está coordinada por la Alianza Global
para Alternativas a la Incineración (también conocida
como Alianza Global Anti-Incineración) o GAIA, una red sin fines
de lucro integrada por individuos y grupos de bien público que
trabajan buscando soluciones al problema de la basura.
El filipino Manny Calonzo, co-coordinador de GAIA, dijo:
"Reducir la generación de basura y el uso de tóxicos
debe ser una prioridad local y mundial si queremos restaurar la salud
de nuestro fragil planeta y de su gente. La promoción de alternativas
a la incineración de residuos que sean sustentables generará
un amplio rango de beneficios ambientales y para la salud, desde proteger
la leche materna de la contaminación con tóxicos hasta
reducir la emisión de gases de efecto invernadero."
Diversos estudios muestran que los incineradores de
residuos son fábricas de cáncer, emiten cientos de contaminantes,
como dioxinas y metales pesados, que provocan una variedad de problemas
en la salud, incluyendo cáncer, alteraciones en la reproducción
y el desarrollo, y problemas en el sistema inmune. De hecho, los gobiernos
han acordado, bajo el Convenio de Estocolmo sobre Compuestos Orgánicos
Persistentes (COPs), trabajar para la continua minimizacón y
eliminación última de las dioxinas y otros COPs que se
forman como sub-productos durante la incineración, con el objetivo
de proteger la salud pública y el ambiente.
Ya sean incineradores de quema masiva, hornos pirolíticos,
de gasificación, de arco de plasma o equipos con "recuperación
de energía", GAIA considera que no existe lugar para la
incineración en el marco de un futuro sustentable. Los incineradores
queman y derrochan recursos valiosos, producen emisiones y residuos
tóxicos, imponen deudas financieras a las comunidades que los
utilizan, y compiten con los programas de prevención y reciclaje
de desechos que generan trabajo y benefician a las economías
locales.
GAIA aplaude a las exitosas iniciativas comunitarias
que se alejan de los métodos costosos y ambientalmente dañinos
de manejo de recursos. Hoy en día existe un creciente número
de comunidades que están trabajando en alternativas de Basura
Cero y Producción Limpia para reducir la cantidad y toxicidad
de los materiales que se usan y se desechan, y para maximizar la reutilización,
el reciclaje y compostaje de materiales desechados. Las experiencias
comunitarias muestran que las alternativas que apuntan a la meta de
Basura Cero reducen los impactos negativos sobre la salud, hacen un
uso más sustentable de los recursos naturales y fortalecen las
economías y democracias locales.
GAIA es una red internacional de más de 500 organizaciones
sin fines de lucro e individuos de 77 países que reconocen que
los recursos finitos de nuestro planeta, la fragil biosfera y la salud
de la gente y los demás seres vivos se encuentran en peligro
a causa de prácticas de producción contaminantes e ineficientes
y métodos de disposición que afectan a la salud. GAIA,
lanzada en diciembre de 2000 en Sudáfrica, y sus miembros están
involucrados en luchas locales y regionales contra los incineradores,
así como en decenas de proyectos que apuntan a aplicar los principios
y sistemas de Basura Cero. Por favor entren en www.no-burn.org
o a www.noalaincineracion.org
para mayor información sobre GAIA y su trabajo.
Para más información por favor contactar en Tenerife
a:
Juan Jesús González Afonso. Tlf. 617.948.054
También pueden llamar a:
Para prensa de habla hispana: Cecilia Allen +54 11 4552- 8480
Para prensa de habla francesa: Fatou Souare +1-510-8839490 interno 101
Para prensa de habla china: Herlin Hsieh +8862- 29383406
Para prensa de EEUU: Monica Wilson +1-510-8839490 int 103
Para el resto del mundo: Abi Jabines o Manny Calonzo, Secretaría
de GAIA
+632-9290376

http://www.no-burn.org/gdaw05/
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INCINERACIÓN DE RESIDUOS: UNA TECNOLOGÍA
MURIENDO
Informe realizado por la Alianza Global para Alternativas a la Incineración/
Alianza Global Anti Incineración (GAIA)
Resumen
La incineración es un método obsoleto y no sustentable
para lidiar con los residuos. Mientras continúa aumentando la
oposición global a la incineración, se están desarrollando
y adoptando innovadoras filosofías y prácticas para el
manejo sustentable de los materiales descartados en todo el mundo.
Sección 1: Los Problemas de la incineración
La sección 1 trata sobre los problemas de la incineración
de residuos: emisiones contaminantes, tanto al aire como a otros medios;
costos económicos y costos laborales; pérdida de energía;
no-sustentabilidad e incompatibilidad con otros sistemas de manejo de
residuos. También trata sobre los problemas específicos
para los países del Sur. Las dioxinas son los contaminantes más
conocidos asociados a la incineración. Causan una gran variedad
de problemas en la salud, incluyendo cáncer, daños al
sistema inmunológico, y problemas reproductivos y en el desarrollo.
Las dioxinas se biomagnifican, lo que significa que pasan a través
de la cadena alimentaria desde la presa al predador, concentrándose
en los productos a base de carne y lácteos y, finalmente, en
los humanos. Las dioxinas son de particular interés porque en
todas partes están presentes en el medio ambiente (y en los humanos)
a niveles que han demostrado causar problemas en la salud, lo que implica
que la población entera está sufriendo sus efectos ahora.
En todo el mundo, los incineradores son la principal fuente de dioxinas.
Los incineradores son también una fuente importante de contaminación
con mercurio. El mercurio es una poderosa neurotoxina que deteriora
las funciones motoras, sensoriales y cognoscitivas, y la contaminación
con mercurio se encuentra ampliamente expandida. Los incineradores son
también una fuente significativa de otros metales pesados contaminantes,
como plomo, cadmio, arsénico, cromo y berilio. Otros contaminantes
de interés emitidos por los incineradores incluyen a otros hidrocarburos
halogenados (aparte de las dioxinas); gases ácidos, precursores
de la lluvia ácida; efluentes particulados, que deterioran las
funciones pulmonares; y gases de efecto invernadero. Sin embargo, la
caracterización de las emisiones contaminantes de los incineradores
se halla aún incompleta, y muchos compuestos todavía no
identificados están presentes en las emisiones al aire y en las
cenizas. Los operadores de los incineradores con frecuencia alegan que
las emisiones al aire están “bajo control”, pero
la evidencia indica que esto no es así. Primero, para muchos
contaminantes, como las dioxinas, cualquier emisión adicional
resulta inaceptable. Segundo, el monitoreo de las emisiones es irregular
y sumamente defectuoso, por lo que ni siquiera se conocen verdaderamente
los niveles de emisiones actuales. Tercero, la información existente
indica que los incineradores son incapaces incluso de ajustarse a los
estándares reglamentarios actuales. Cuando los equipos de control
de la contaminación del aire funcionan, remueven los contaminantes
del aire y los concentran en las cenizas volantes, creando una masa
de residuos peligrosos que necesita un posterior tratamiento. Por lo
tanto, el problema de las emisiones contaminantes no está resuelto;
los contaminantes son simplemente trasladados de un medio (aire) a otro
(sólidos o agua). Las cenizas de los incineradores son altamente
peligrosas, y por lo general están deficientemente reguladas.
Ni siquiera es segura su disposición en rellenos sanitarios ya
que éstos tienen pérdidas; sin embargo en algunos lugares
se deja las cenizas expuestas o incluso esparcidas en áreas residenciales
o de producción de alimentos. Con frecuencia los incineradores
son instalados deliberadamente en barrios de bajos ingresos con minorías,
con la teoría de que los sectores de la población políticamente
débiles serán menos capaces de resistirse. Esto es una
violación a los principios básicos de la justicia ambiental.
Los incineradores modernos son por lejos la propuesta más costosa
para el manejo de residuos; los costos de construcción solamente
pueden ser de millones de dólares estadounidenses. Los costos
de construcción y operación de un incinerador son indefectiblemente
pagados por el público. Las compañías de incineración
han ideado varios esquemas financieros complicados para encasillar a
los gobiernos en pagos a largo plazo, que han demostrado frecuentemente
resultar desastrosos para los gobiernos locales. Muchos pueblos en los
Estados Unidos han sido llevados al endeudamiento por sus incineradores.
Los incineradores generan muchos menos puestos de trabajo por tonelada
de residuos que las tecnologías y prácticas alternativas,
como el reciclaje. Por lo general los incineradores también desplazan
a las redes informales de reciclaje ya existentes, causando mayores
privaciones a los más pobres entre los pobres. Los incineradores
son frecuentemente promocionados como productores de energía,
ya que pueden generar electricidad. Sin embargo, un análisis
detallado del ciclo de vida completo revela que los incineradores gastan
más energía de la que producen. Esto es debido a que los
productos que son incinerados deben ser reemplazados con nuevos productos.
Extraer y procesar materiales vírgenes y convertirlos en nuevos
productos consume mucha más energía – y causa más
daños ambientales – que la que consumiría reutilizar
o fabricar a partir de materiales reciclados.
La historia de la incineración de residuos ha transcurrido mayormente
en los países del Norte; parece ser que los contextos del sur
son propensos a ser aún más problemáticos para
esta tecnología. La falta de capacidad de monitoreo significa
que los incineradores podrán ser aún más contaminantes
de lo que son en el Norte. Los problemas administrativos, como los presupuestos
irregulares y la corrupción, pueden interferir en su necesario
mantenimiento. Las condiciones físicas diferentes, tales como
el clima y las características de los residuos, pueden tornar
las operaciones difíciles o hasta imposibles. Finalmente, debe
comprenderse que los incineradores son incompatibles con otras formas
de manejo de residuos. Los incineradores compiten con otras formas de
tratamiento de residuos por el mismo presupuesto y los mismos materiales
en desuso, y socavan la ética de la segregación en la
fuente, que conduce a un manejo apropiado de los residuos.
Sección 2: Las Alternativas
La sección 2 trata sobre las alternativas a la
incineración. Los rellenos sanitarios no son una alternativa
viable, ya que no son sustentables y son ambientalmente problemáticos.
En lugar de eso, las alternativas deben atacar la entera noción
de la disposición de residuos, reciclando todos los materiales
en desuso de vuelta a la economía humana o la naturaleza misma,
y por lo tanto aliviando la presión que ejerceos sobre los recursos
naturales. Para hacerlo, tres supuestos sobre el manejo de residuos
deben ser reemplazados por tres nuevos principios. En lugar de asumir
que la sociedad va a producir cada vez más cantidad de residuos,
debe darse prioridad a la minimización de los residuos. Los elementos
desechados deben ser segregados para que cada fracción pueda
ser óptimamente compostada o reciclada, en lugar del sistema
actual de disposición de residuos mezclados. Y las industrias
deben rediseñar sus productos para facilitar su reciclaje al
finalizar su vida útil. Estos principios se aplican a varias
clases de residuos. El hecho que la corriente de residuos municipales
constituya una mezcla destruye mucho su valor. Los orgánicos
contaminan a los reciclables, y los tóxicos destruyen la utilidad
de los otros dos. Adicionalmente, una porción creciente de la
corriente de residuos se compone de materiales sintéticos y productos
que no están diseñados para ser fácilmente reciclados;
éstos necesitan ser rediseñados para ser compatibles con
los sistemas de reciclaje, o debe eliminarse gradualmente su uso. Los
programas de manejo de residuos municipales deben adaptarse a las condiciones
locales para resultar exitosos, y no habrá dos exactamente iguales.
En particular, los programas en el Sur no deberían ser desarrollados
siguiendo el modelo exacto de los programas del Norte, ya que las condiciones
físicas, económicas, legales y culturales son diferentes.
En particular, el sector informal (recolectores de basura
callejeros) es un componente significativo de los sistemas de manejo
de residuos existentes, y la mejora de sus condiciones de empleo debe
ser un componente central en cualquier sistema municipal de manejo de
residuos en el Sur. Un ejemplo exitoso es el de los zabbaleen, en el
Cairo, en donde se ha organizado autónomamente un sistema de
recolección y reciclaje de residuos que desvía el 85%
de los residuos recolectados y emplea a 40.000 personas. En general,
en el Norte o en el Sur, los sistemas para tratar los residuos orgánicos
son el componente más importante de un sistema municipal de manejo
de residuos. Los materiales orgánicos deberían ser compostados,
vermicompostados, o entregados a los animales como alimento, para que
sus nutrientes sean devueltos a la tierra. Esto también asegura
una masa de residuos reciclables sin contaminar, lo que resulta clave
para la economía de una corriente de residuos alternativa. El
reciclaje crea más cantidad de puestos de trabajo por tonelada
de residuos que cualquier otra actividad, y genera una masa de materiales
que pueden servir como insumos para la industria. La barrera más
grande para el reciclaje, sin embargo, es que la mayoría de los
productos no están diseñados para ser reciclados al finalizar
su vida útil. Esto es así porque los fabricantes tienen
actualmente muy poco incentivo económico para hacerlo. La Extensión
de la Responsabilidad del Productor (ERP) es un enfoque político
que requiere que los productores reciban de vuelta sus productos y envases.
Esto les proporciona el incentivo necesario para rediseñar sus
productos de modo tal que puedan ser reciclados al finalizar su vida
útil, y para que no contengan materiales peligrosos. Sin embargo,
la ERP puede no ser siempre ejecutable o práctica, y en ese caso
puede resultar apropiado aplicar prohibiciones a los materiales y productos
peligrosos o problemáticos. Utilizando las prohibiciones a ciertos
productos y la ERP para forzar el rediseño industrial por un
lado, y la segregación de la masa de residuos, el compostaje
y el reciclaje por otro, los sistemas alternativos pueden desviar la
mayoría de los materiales municipales descartados de la ruta
a los rellenos sanitarios o los incineradores. Muchas comunidades han
alcanzado índices de desviación del 50 por ciento y más,
y varias han enfocado su visión en el concepto de “Basura
Cero”. La atención a la salud es fuente de una cantidad
significativa de residuos, algunos de los cuales pueden resultar costosos
para manejar. Pero no todos los residuos del cuidado de la salud son
potencialmente infecciosos o peligrosos. La vasta mayoría de
los residuos producidos en los establecimientos del cuidado de la salud
son idénticos a los residuos urbanos. Un sistema riguroso de
separación en la fuente resulta esencial para mantener el pequeño
porcentaje de residuos que son potencialmente infecciosos o químicamente
peligrosos segregados de la masa general de residuos.
Los residuos potencialmente infecciosos necesitan un
tratamiento y una disposición, y hay varias tecnologías
disponibles alternativas a la incineración para desinfectar los
residuos. Estas tecnologías son generalmente más baratas,
técnicamente menos complejas, y menos contaminantes que los incineradores.
Una amplia variedad de residuos químicamente peligrosos, incluyendo
los medicamentos, se produce en pequeñas cantidades en los establecimientos
del cuidado de la salud. Estos no son aptos para la incineración.
Algunos, como el mercurio, deberían ser eliminados a través
de cambios en las compras de insumos; otros pueden ser reciclados; el
resto debe ser recolectado cuidadosamente y devuelto al fabricante.
Existen estudios que demuestran cómo funcionan estos principios
en ambientes ampliamente variados, tales como una clínica de
maternidad en India, y un importante hospital urbano en los Estados
Unidos. Los residuos provenientes de procesos industriales no tienden
a ser tan mezclados como los residuos municipales o los generados en
el cuidado de la salud, pero muchos de ellos son químicamente
peligrosos. La Producción Limpia es un enfoque para el rediseño
industrial, que busca eliminar los subproductos peligrosos, reducir
la contaminación en su conjunto, y crear productos, y consecuentes
residuos, que sean seguros dentro de los ciclos ecológicos. Los
principios de la Producción Limpia son: el Principio
Precautorio, que aboga por la precaución ante la incertidumbre
científica, el Principio Preventivo, que sostiene
que es mejor prevenir el daño antes que remediarlo, el Principio
Democrático, bajo el cual todos aquellos que puedan
verse afectados por una decisión tienen derecho a participar
del proceso de toma de decisión y el Principio Holístico,
que busca un enfoque que tome en consideración el ciclo de vida
integral para la toma de decisiones ambientales. Se está empleando
una variedad de herramientas para implementar la Producción Limpia,
desde medidas políticas tales como el derecho a la información
y las reformas tributarias, a la asistencia de la ONU a las firmas que
estén comprometidas con la Producción Limpia. La Producción
Limpia no puede responder al problema de los pasivos existentes de residuos
peligrosos, que necesitan alguna forma de tratamiento alternativa a
la incineración. Un número de programas está desarrollando
tecnologías para tratar este problema. Se han desarrollado ciertos
criterios que deben cumplir estas tecnologías: - alta eficiencia
de destrucción - prevención de la generación de
todos los subproductos no intencionales - identificación de todos
los subproductos no intencionales - y que no existan emisiones no controladas
Varias tecnologías emergentes cumplen con estos criterios, y
han sido seleccionadas en Japón, Canadá y Australia para
la destrucción de PCBs, y en los Estados Unidos para la destrucción
de armas químicas. El programa de armas químicas de EEUU
es un éxito, en gran parte por la fuerte participación
pública, que presionó a un gobierno refractario a investigar
y eventualmente seleccionar las tecnologías alternativas a la
incineración más seguras.
Sección 3: Apagando las llamas
La sección 3 discute sobre el creciente rechazo
a la incineración en todo el mundo. La oposición pública
ha eliminado muchas propuestas de incineradores e incineradores existentes,
y está siendo incorporada a la legislación local, nacional
e incluso internacional. La resistencia popular a los incineradores
es global: cientos de organizaciones de interés público
en decenas de países están comprometidas con la lucha
contra la incineración y en favor de las alternativas. En los
Estados Unidos, los intereses comerciales y una perceptible crisis de
los rellenos sanitarios condujeron a un boom en la instalación
de incineradores en la década de los ´80. Pero el boom
engendró un movimiento masivo de grupos de base que derrotó
a más de 300 propuestas de construcción de incineradores
de residuos municipales. Los activistas lucharon para elevar los estándares
de emisiones y eliminar los subsidios, lo que virtualmente cerró
la industria para fines de los ´90. En Japón, el país
con un uso más intensivo de incineradores en la Tierra, la resistencia
a la incineración es casi universal, con cientos de grupos anti-dioxinas
operando en toda la nación. La presión pública
ejercida ha tenido como resultado el cierre de más de 500 incineradores
en los años recientes, pero las corporaciones y el gobierno japonés
están todavía basados en una fuerte inversión en
la industria de la incineración. En Europa, la resistencia ha
tomado la forma de la implementación de alternativas. Algunas
áreas han reducido dramáticamente la generación
de residuos, aunque la población haya aumentado. Como resultado,
hay muy poco mercado para nuevos incineradores en Europa. En Mozambique,
los ciudadanos se organizaron más allá de los límites
de clase y color, para formar la primera organización indígena
ambientalista del país. Ampliamente aclamada como el retorno
de la sociedad civil luego de la guerra civil, la organización
resultó exitosa en detener una propuesta para incinerar pesticidas
en un horno de cemento en un vecindario residencial. En otras partes,
los activistas han tenido que recurrir a las protestas y a la acción
directa para detener la incineración. Sin embargo, la oposición
pública se está viendo cada vez más manifestada
en la ley. Jurisdicciones en 15 países han promulgado prohibiciones
parciales a la incineración, y un país, Filipinas, ha
prohibido toda forma de incineración.
La ley internacional está también comenzando a relacionarse
con la incineración. Tres principios de la ley internacional
– el de precaución, prevención y el de limitar los
efectos del transporte transfronterizo– entran en conflicto con
la incineración. Se cita a la precaución en los Convenios
de OSPAR, LRTAP, Bamako y Estocolmo y en la Declaración de Río,
entre otros documentos. La precaución argumenta que la incineración
debería ser evitada, debido a que es efectivamente un proceso
descontrolado que genera subproductos no intencionales desconocidos,
y debido a que muchos de esos subproductos ya están afectando
la salud humana. Se hacen amplias referencias a la prevención
y la minimización en la ley internacional, más específicamente
en el Convenio de Bamako, en donde se define explícitamente a
la incineración como incompatible con las prácticas de
prevención y Producción Limpia. Limitar los efectos del
transporte transfronterizo es un principio común de la ley internacional,
y sin embargo los subproductos no intencionales de la incineración,
debido a que son transportados globalmente, contradicen claramente este
principio. Los Convenios de Londres, OSPAR y Bamako también introducen
prohibiciones a la incineración en el mar y en aguas domésticas.
El Convenio de Estocolmo, si bien no prohíbe la incineración,
introduce severas restricciones para su uso. Cuatro de los 12 químicos
que el Convenio toma como objetivo son subproductos no intencionales
de la incineración, y el Convenio llama a su continua minimización
y eliminación. El Convenio de Estocolmo habla, significativamente,
de descargas totales, no sólo emisiones al aire, y llama claramente
a los países a prevenir la formación – no sólo
la descarga- de estos químicos. Ya que la formación de
esos cuatro químicos resulta inevitable en la incineración,
esta medida emite una clara señal de que el fin de la incineración
está marcando su hora.
Escrito por Neil Tangri, Essential Action, EE.UU., para
la Alianza Global para Alternativas a la Incineración/ Alianza
Global Anti Incineración (GAIA). www.no-burn.org