No voy a engañar
a nadie ni a hacer creer al personal que tengo por costumbre coger la
guagua, eso no es cierto. No es menos cierto que siempre me ha parecido
un disparate que viviendo en el centro de La Laguna y trabajando en
el centro de Santa Cruz me haya visto en la necesidad durante años
de ir en coche, y siempre he pensado que eso no ocurre en ningún
país civilizado. Dentro de las ciudades la gente no tiene porqué
moverse en coche a no ser que se dirija a alguna zona periférica
o realice desplazamientos extraños por motivo de trabajo, etc.
Yo he tenido este comportamiento
caro para mi bolsillo, insolidario con el entorno y contaminante por
una razón exclusivamente de tiempo. Si cojo la guagua en la estación
de La Laguna tardo aproximadamente media hora sólo en salir del
casco urbano porque es imposible ponerle más obstáculos
a las guaguas que los que se encuentra en este tramo, sin carril exclusivo
alguno, con semáforos, todos los "ceda el paso" habidos
y por haber en contra de la guagua, colas interminables para acceder
porque se empeñan en que la gente pague en la puerta para ahorrarse
revisores o por si alguno se escapa sin pagar (que cree la empresa que
es más rentable tener la guagua parada durante un cuarto de hora
por las colas para subir que el hecho de que diez tíos se escapen
sin pagar), tarjetitas exclusivas para publicidad de Caja Canarias que
complica el sistema... todas las chorradas superadas en el mundo desarrollado
se las encuentra uno en el transporte público de Tenerife. Últimamente,
después de más de 20 años desde que llegaron este
tipo de guaguas, se han dado cuenta en algunos trayectos que las dos
puertas delanteras se hicieron para abrirse, lo cual nos produce cierto
grado de esperanza en el futuro.
Sin embargo, hoy he descubierto
que lo mío son chorradas comparado con los problemas que se encuentran
otras personas. Tuve que coger la guagua, que quede claro que porque
se me rompió el coche que no voy de ecologista ni practicante
ni convencido, en el llamado puente de la Pepsi-Cola, en dirección
a Santa Cruz, y el simple hecho de llegar a la parada significa no sólo
jugarse la vida sino que debe estar tipificado en algún sitio
como delito tanto para el que intenta llegar allí como para el
irresponsable que tuvo la ocurrencia de situar esta parada en ese lugar
sin poner un cartel de ¡sálvese quien pueda! (foto 1)
La segunda experiencia
que para mí, que aún tengo cierta agilidad para correr,
resultó más dramática fue la de sentarme en la
parada y verme en medio de la curva de una autopista con coches y camiones
circulando a altas velocidades delante de mis narices sin más
protección que la de la gracia divina que dicen nos acompaña
muchas veces en situaciones de peligro (foto 2). ¿Y qué
si se desestabiliza un coche de esos por un despiste, pinchazo, fatigón,
colocón o un camión pierde los frenos y el control? Coincidí
con una familia con varios niños pequeños en la parada,
no sé cómo consiguieron llegar hasta allí -no quiero
ni pensarlo- pero la imagen de aquellos niños en aquel peligro,
sinceramente, me encogió el corazón.
El que diga que Dios no
existe, cada día estoy más convencido de eso, es un necio,
Dios existe y además trabaja para el Cabildo.

¿Por dónde cruzar para llegar
allí?

Lo que se ve sentado en la parada