Alberto Rodríguez Álvarez
El principal argumento utilizado, en
pleno alarde prepotente de ATI y del esplendor económico de las
ayudas europeas, para dejar abandonadas las aspiraciones -necesarias
y legítimas- del puerto capitalino, fue aquel que se encargó
de difundir, hasta extremos impensables, que sus diques de abrigo y
la superficie necesaria para llevar a efecto, de manera eficiente, el
tráfico de contenedores, habían llegado al límite.
Se dijo y redijo que el puerto de Santa Cruz había alcanzado
su grado de saturación; que ya no daba más de sí.
Y a partir de ese argumento, que ahora se ha mostrado falaz, surgió
la propuesta alternativa de un nuevo puerto en Granadilla de Abona que
pudiera cubrir las necesidades futuras de la isla de Tenerife en todo
aquello que tuviera que ver con el tráfico de mercancías.
Todo ocurrió así, de esta sencilla manera, y ahí
están las hemerotecas para poder comprobar la veracidad de esta
versión. Sin embargo, para sorpresa de muchos -yo entre ellos-
razones de profundo calado -políticas y económicas- han
dado lugar a que la Autoridad Portuaria sufra por su propia metamorfosis
y se haya dedicado, cuando ya casi nadie lo esperaba, a tomar una serie
de decisiones con vistas a potenciar las actuales instalaciones portuarias
poniendo al descubierto, a lo mejor sin ser consciente de ello, que
el Puerto no estuvo ni está al máximo de sus posibilidades
de explotación. La última decisión asumida, según
información aparecida en La Opinión de Tenerife el pasado
13 de octubre, es aquella que está directamente relacionada con
el rescate de un solar ocupado por la empresa Astilleros Intemburgo
que dificultaba la oportuna y acertada ampliación del dique del
Este.
No sé a que obedece esta apuesta -tardía- para sacarle
ahora, deprisa y corriendo, el mayor rendimiento a las instalaciones
portuarias pero eso no se convierte en un obstáculo para que
nos alegremos por ello. Y si no sé a que obedece esta carrera
de última hora lo que si puedo intuir es que, cuando el semáforo
brille con el color verde para construir el nuevo puerto en Granadilla,
por mucho empeño que se ponga en las obras éstas tardarán
algunos años en verse culminadas. Y no es preciso ser muy listo
para entender que sin el puerto de la ciudad capital al máximo
de sus posibilidades y el de Granadilla en obras iríamos con
la proa hacia el marisco. A decir del director del puerto de Santa Cruz
de Tenerife, José Miguel Pintado, el rescate de Astilleros ascendería
a 3,5 millones de euros -el chocolate del loro- y el modificado del
proyecto para la ampliación del dique del Este podría
estar resuelto antes de fin de mes. He aquí, en este ejemplo
concreto, el alto grado de ocultación por el que se vio afectada
la que parecía una operación más que resuelta.
Ante los primeros embates de las dificultades algunos cabos se soltaron,
la maniobra no pudo llevar a cabo el atraque, y, lo que es más
importante, el pueblo llano ha caído en la cuenta de que en todo
este asunto había gato encerrado. Y se han dado cuenta, precisamente,
cuando las elecciones se nos echan encima.
Fuente: La Opinión de Tenerife,
03 de noviembre de 2005

CRIMEN
DE GRANADILLA