Foro contra la Incineración

Tenerife
                         
La revuelta de los incontables (los que no cuentan)
                         
23 - 11 - 05

 

Hay mucha preocupación sobre el futuro o no del Puerto de Granadilla. Toda la clase política con representación parlamentaria ha aprobado, por unanimidad, una proposición no de ley, en defensa de su construcción. Las piezas van encajando. Al fin hemos comprendido para qué accedió el alcalde de Adeje a la Secretaría General del partido en Tenerife. El fantasmagórico foro empresarial para el progreso de Tenerife anima a sumar esfuerzos para las que consideran obras básicas con el objeto de que la isla avance, incluyendo por supuesto la conocida lista, que hemos tenido que aprender de forma inevitable, después de habernos librado en la infancia de memorizar la de los reyes godos: la línea eléctrica que suministre al Sur, el puerto de Granadilla, el cierre del anillo insular, la segunda pista del aeropuerto y la puesta en marcha de dos hospitales, en el Norte y Sur de la isla, éstos últimos con permiso de ya saben quién. ¿Qué habrá sido del Puerto de Fonsalía? El autodenominado foro empresarial podría haber incluido la erradicación de la pobreza severa en Canarias, pero ésta no debe tener nada que ver con el progreso.

El pasado 28 de septiembre, el Presidente del gobierno canario admitió que el sector de la construcción había reducido su actividad en los últimos tiempos, entre otras cuestiones, por la aplicación de las directrices de ordenación y del turismo, pero, como no podía ser menos, aseguró que "no se puede hablar de crisis". En realidad, el crecimiento del sector se ha ralentizado de forma alarmante, lo que no tiene que ser negativo en sí mismo, porque se podría aprovechar la oportunidad para reflexionar y no continuar reproduciendo el actual modelo de desarrollo. En el informe de coyuntura socioeconómica correspondiente a octubre de la Confederación Canaria de Empresarios, publicado en canariasahora.com no hay (extrañamente) datos directos sobre el crecimiento de la construcción en las islas, aunque sí sobre matriculación de vehículos, pero en el de la Fundación de las Cajas de Ahorro, FUNCAS, se observa cómo nos hemos quedado literalmente a la cola del crecimiento nacional en este sector.

Cifras (en tantos por ciento) de los años 2003, 2004 y 2005 (proyección). En media total española 4.6, 4.2 y 3.7, respectivamente; en Canarias 3.3, 3.4 y 1.9. No hay ninguna comunidad autónoma en la que el incremento sea inferior a un 2% en la proyección para el ejercicio actual, salvo en la que nos ocupa. Lo siento por los diarios de Canarias, que nunca publicarían estos datos, pero Internet tiene estas cosas.

Las presiones de la aristocracia del ladrillo sobre la política canaria son evidentes. Los empresarios del ramo quieren continuar la construcción por otros medios. El Puerto de Granadilla es un emblema, el acorazado que pretende romper los diques, arrastrando los restos de la resistencia civil. Confiamos en que sea el Bismark, y nosotros la armada inglesa. Los habitantes de Tenerife, que han sido preguntados en una encuesta reciente sobre en qué se han empleado (durante tantos años) los fondos europeos, desconocen la respuesta en un 61 % de los casos. Me sumo a los que no se explican, tras varias visitas a Gran Canaria en qué se ha invertido una cantidad tan ingente de dinero, pues al menos en aquella isla es evidente que se han acometido obras muy importantes en infraestructuras, pero lo que ha ocurrido mientras tanto en Tenerife es un misterio muy bien guardado. Aclarar la cuestión colocaría al gobierno en un dilema: si se ha invertido una cantidad similar, no se ven los resultados, salvo de forma marginal, por lo cual habrá que concluir que ha habido bastante desbarajuste y ningún control; y si no es así, ¿para qué se gobierna teóricamente desde Tenerife? Lo más recomendable, cuando llegue la próxima campaña electoral, será no llevar a los viejitos a Gran Canaria, pues se pueden asustar, e incluso contar a la vuelta lo que han visto. La historia del viaje, contada por el abuelo a sus hijos y nietos, no sería agradable para cualquiera que soporte cada día una cola kilométrica entrando a Santa Cruz desde el Norte o el Sur, indistintamente.

Cuando ocurrió la crisis del petróleo, Canarias dependía mucho más del sector primario; actualmente éste es residual. La economía de las islas, basada en la construcción desaforada y el turismo, está desembocando en una situación de crisis estructural que nos llevará a medio plazo a un callejón sin salida. Lo vamos a pasar mal, mucho peor de lo que imaginamos, porque el escenario internacional tampoco ayuda, y la inversión extranjera, tampoco. Estamos asistiendo al final de un ciclo, y, más aún, de una época.
Se observa mucho nerviosismo en el mundo de la construcción. De hecho, están orquestando, desde hace semanas, una campaña que pretende reducir al máximo el número de manifestantes que saldrá a la calle el 26 de noviembre contra la construcción del Puerto de Granadilla: costoso, innecesario, creador de perturbaciones potencialmente peligrosas sobre, al menos, cuatro hábitats y especies –incluidas dos prioritarias- albergados en dos LIC. Todo ello ha sido expuesto en este medio con unos argumentos que no han sido, ni pueden, ser rebatidos, aunque sí contestados con los exabruptos del chicharrerismo más furibundo.

El sábado coexistirán civilizadamente, a un lado, la intelectualidad de Tenerife y muchos jóvenes que temen con fundamento por su futuro; en el otro, los constructores, con toda la farándula que se mueve alrededor del ladrillo, los que esperan obtener algo con su silencio y el conjunto de los que no-saben no-contestan. Para añadir más morbo, está prevista una exhibición de Fórmula 1 en los aledaños de la Plaza de España. Milagrosamente, el Cabildo o el Ayuntamiento no han organizado aún una sardinada al final de la Avenida de Anaga, muy próxima al recorrido previsto por la manifestación, pero puede ser que lean estas líneas y nos sorprendan.
Creemos que es posible otro modelo de desarrollo, y planteárselo es simplemente una cuestión de supervivencia, aunque antes habría que realizar cambios profundos en la psicología colectiva, y es complicado, sin duda. Los sueños del núcleo duro empresarial, que ha ordenado tocar la corneta y cerrar filas, están hechos de ladrillo y hormigón.

Antonio Valcárcel

18-11-05 Presentada en rueda de prensa la manifestación del 26 N

 


 
                         
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