Hay mucha preocupación sobre
el futuro o no del Puerto de Granadilla. Toda la clase política
con representación parlamentaria ha aprobado, por unanimidad,
una proposición no de ley, en defensa de su construcción.
Las piezas van encajando. Al fin hemos comprendido para qué accedió
el alcalde de Adeje a la Secretaría General del partido en Tenerife.
El fantasmagórico foro empresarial para el progreso de Tenerife
anima a sumar esfuerzos para las que consideran obras básicas
con el objeto de que la isla avance, incluyendo por supuesto la conocida
lista, que hemos tenido que aprender de forma inevitable, después
de habernos librado en la infancia de memorizar la de los reyes godos:
la línea eléctrica que suministre al Sur, el puerto de
Granadilla, el cierre del anillo insular, la segunda pista del aeropuerto
y la puesta en marcha de dos hospitales, en el Norte y Sur de la isla,
éstos últimos con permiso de ya saben quién. ¿Qué
habrá sido del Puerto de Fonsalía? El autodenominado foro
empresarial podría haber incluido la erradicación de la
pobreza severa en Canarias, pero ésta no debe tener nada que
ver con el progreso.
El pasado 28 de septiembre, el Presidente del gobierno canario admitió
que el sector de la construcción había reducido su actividad
en los últimos tiempos, entre otras cuestiones, por la aplicación
de las directrices de ordenación y del turismo, pero, como no
podía ser menos, aseguró que "no se puede hablar
de crisis". En realidad, el crecimiento del sector se ha ralentizado
de forma alarmante, lo que no tiene que ser negativo en sí mismo,
porque se podría aprovechar la oportunidad para reflexionar y
no continuar reproduciendo el actual modelo de desarrollo. En el informe
de coyuntura socioeconómica correspondiente a octubre de la Confederación
Canaria de Empresarios, publicado en canariasahora.com no hay (extrañamente)
datos directos sobre el crecimiento de la construcción en las
islas, aunque sí sobre matriculación de vehículos,
pero en el de la Fundación de las Cajas de Ahorro, FUNCAS, se
observa cómo nos hemos quedado literalmente a la cola del crecimiento
nacional en este sector.
Cifras (en tantos por ciento) de los años 2003, 2004 y 2005 (proyección).
En media total española 4.6, 4.2 y 3.7, respectivamente; en Canarias
3.3, 3.4 y 1.9. No hay ninguna comunidad autónoma en la que el
incremento sea inferior a un 2% en la proyección para el ejercicio
actual, salvo en la que nos ocupa. Lo siento por los diarios de Canarias,
que nunca publicarían estos datos, pero Internet tiene estas
cosas.
Las presiones de la aristocracia del ladrillo sobre la política
canaria son evidentes. Los empresarios del ramo quieren continuar la
construcción por otros medios. El Puerto de Granadilla es un
emblema, el acorazado que pretende romper los diques, arrastrando los
restos de la resistencia civil. Confiamos en que sea el Bismark, y nosotros
la armada inglesa. Los habitantes de Tenerife, que han sido preguntados
en una encuesta reciente sobre en qué se han empleado (durante
tantos años) los fondos europeos, desconocen la respuesta en
un 61 % de los casos. Me sumo a los que no se explican, tras varias
visitas a Gran Canaria en qué se ha invertido una cantidad tan
ingente de dinero, pues al menos en aquella isla es evidente que se
han acometido obras muy importantes en infraestructuras, pero lo que
ha ocurrido mientras tanto en Tenerife es un misterio muy bien guardado.
Aclarar la cuestión colocaría al gobierno en un dilema:
si se ha invertido una cantidad similar, no se ven los resultados, salvo
de forma marginal, por lo cual habrá que concluir que ha habido
bastante desbarajuste y ningún control; y si no es así,
¿para qué se gobierna teóricamente desde Tenerife?
Lo más recomendable, cuando llegue la próxima campaña
electoral, será no llevar a los viejitos a Gran Canaria, pues
se pueden asustar, e incluso contar a la vuelta lo que han visto. La
historia del viaje, contada por el abuelo a sus hijos y nietos, no sería
agradable para cualquiera que soporte cada día una cola kilométrica
entrando a Santa Cruz desde el Norte o el Sur, indistintamente.
Cuando ocurrió la crisis del petróleo, Canarias dependía
mucho más del sector primario; actualmente éste es residual.
La economía de las islas, basada en la construcción desaforada
y el turismo, está desembocando en una situación de crisis
estructural que nos llevará a medio plazo a un callejón
sin salida. Lo vamos a pasar mal, mucho peor de lo que imaginamos, porque
el escenario internacional tampoco ayuda, y la inversión extranjera,
tampoco. Estamos asistiendo al final de un ciclo, y, más aún,
de una época.
Se observa mucho nerviosismo en el mundo de la construcción.
De hecho, están orquestando, desde hace semanas, una campaña
que pretende reducir al máximo el número de manifestantes
que saldrá a la calle el 26 de noviembre contra la construcción
del Puerto de Granadilla: costoso, innecesario, creador de perturbaciones
potencialmente peligrosas sobre, al menos, cuatro hábitats y
especies –incluidas dos prioritarias- albergados en dos LIC. Todo
ello ha sido expuesto en este medio con unos argumentos que no han sido,
ni pueden, ser rebatidos, aunque sí contestados con los exabruptos
del chicharrerismo más furibundo.
El sábado coexistirán civilizadamente, a un lado, la intelectualidad
de Tenerife y muchos jóvenes que temen con fundamento por su
futuro; en el otro, los constructores, con toda la farándula
que se mueve alrededor del ladrillo, los que esperan obtener algo con
su silencio y el conjunto de los que no-saben no-contestan. Para añadir
más morbo, está prevista una exhibición de Fórmula
1 en los aledaños de la Plaza de España. Milagrosamente,
el Cabildo o el Ayuntamiento no han organizado aún una sardinada
al final de la Avenida de Anaga, muy próxima al recorrido previsto
por la manifestación, pero puede ser que lean estas líneas
y nos sorprendan.
Creemos que es posible otro modelo de desarrollo, y planteárselo
es simplemente una cuestión de supervivencia, aunque antes habría
que realizar cambios profundos en la psicología colectiva, y
es complicado, sin duda. Los sueños del núcleo duro empresarial,
que ha ordenado tocar la corneta y cerrar filas, están hechos
de ladrillo y hormigón.
Antonio Valcárcel

18-11-05
Presentada en rueda de prensa la manifestación del 26 N
