No se ha conformado, el señor
alcalde de Santa Cruz de Tenerife, con intentar cargarse la manifestación
publicando un día antes un
panfleto amenazador, desafiante y provocador -pagado con dinero
de todos los ciudadanos- hacia los convocantes. No le ha parecido suficiente
y ha vuelto a la carga enrabietado contra decenas de miles de ciudadanos
este domingo, en su habitual homilía en el periódico El
Día que, como en otras ocasiones, recomienda
y suscribe desde su Editorial
las palabras del alcalde (por favor, no la lean todavía porque
va a ser nuestro siguiente modesto análisis de las reacciones
del la prensa a la maravillosa manifestación de este sábado).
Hay que advertir, para el que lea esto
desde fuera, de que no estamos hablando del alcalde de un pueblito de
nada. No, Santa Cruz de Tenerife es capital de Canarias, el alcalde
está entre los mejor pagados de España y cuenta
con escoltas, chofer, Audi... y todas esas cosas que a ellos les
hacen sentirse tan importante.
Por si usted lee esto desde fuera, también,
debe saber que don Miguel Zerolo es el único alcalde del mundo
que quiere cargarse la principal industria
de la ciudad, que es el histórico puerto de Santa Cruz de
Tenerife que podría ser ya hoy un
impresionante puerto en medio del Atlántico, pero que se
han empeñado entre media docena en cargárselo porque,
según algunas fuentes,
algunos han comprado terrenos a cuatro perras en Granadilla y piensan
ponerse más multimillonarios todavía al especular con
esos terrenos si se construye el puerto.
Por cierto, sabían ustedes que
hay muchas empresas pequeñas de Tenerife que están muy
interesadas en comprar algún solar para instalarse en el polígono
Industrial de Granadilla, porque hacen servicios auxiliares -como empaquetados
y demás- para el centro logístico que Mercadona ha instalado
allí, y no hay forma de conseguir un jodido metro cuadrado -pese
a estar prácticamente vacío- porque, al parecer y según
algunas fuentes, se lo tienen acaparado unos cuatos...
Pues bien, a don Miguel Zerolo no le
parece suficiente intentar cargarse una derecho constitucional, generando
un colapso en la ciudad sin precedentes, al pretender cortar la arteria
principal de la ciudad, según él, para que corriera por
allí un Ferrari ¡a 300 Km/h!, para ejemplo de nuestra juventud.
Todo eso coincidiendo en el tiempo -y casi en el espacio- con una manifestación
que concentraría a decenas de miles de personas.
El que no tenga claro que si hubiesen
presentado el disparate del Ferrari, antes que se solicitase la manifestación,
jamás y nunca la Subdelegación del Gobierno -con toda
lógica- nos hubiese autorizado a cortar Ramblas con un manifestación
a la misma hora, el que piense que eso hubiese sido posible, es un ingenuo
o consume sustancias no recomendables. Esa es la única realidad.
Pero se encontraron con que la manifestación estaba convocada
desde hace meses y, lógicamente, solicitado el permiso desde
hace semanas porque nosotros no somos Disa-Shell y si se nos pasa una
fecha no nos dan permiso ni para ir a mear. Imagínese lo que
nos ocurriría si con permisos y todo la
policía arremetió contra nosotros en el Padre Ancheta
y nos hay noticias de que haya dimitido ningún responsable (ni
las habrá, a no ser que lo pida El Día, cosa que es poco
probable por el momento, aunque todo se andará). Perdón,
algún "irresponsable", queremos decir.
Con respecto a la polémica del
Ferrari, como ya informamos
aquí, se reunió,
con responsabilidad, la Asamblea por Tenerife el domingo día
20. El resultado de la reunión, está dicho, fue que no
se habló del puto Ferrari, de la puta Disa-Shell ni del honorable
alcalde de Santa Cruz. Se habló de redoblar los esfuerzos
para ser capaces de contrarrestrar semejante cacicada si la Subdelagación
del Gobierno autorizaba semejante cosa a la misma hora. Por cierto,
que en la Subdelegación nos decían que no sabían
nada todavía del Ferrari. Lo que don Miguel Zerolo se quiera
inventar, no conformándose sólo con querer cargarse su
puerto, sino además intentando dañar la imagen de su ciudad
y de sus pacíficos y ejemplares ciudadanos, requiere algún
tipo de tratamiento que nosotros no estamos en condiciones de ofrecerle.
Lo sentimos.
Si tanto le interesaba el Ferrari -¿estará
pensando en comprarse uno?- para la promoción de la ciudad ¿cómo
es que la primera noticia que se tuvo de semejante cosa fue sólo
con apenas una semana de antelación y en un
solo periódico, como si hubiese sido una especie de secreto,
cuando esas cosas se presentan en una rueda de prensa con un mes de
antelación? Venga hombre, no sabemos cuánto tendremos
que esperar, pero algún día, más pronto que tarde,
se sabrá con pelos y señales cómo ha sido urdida
la maniobra más burda jamás contada, en democracia o en
dictadura, para cargarse una manifestación, pacífica y
democrática. ¿Tan difícil era poner la carrera
de coches a las cinco de la tarde con más éxito porque
mucha gente trabaja por la mañana? ¿Se escapaba algún
avión? ¿No se deben programar estas cosas, como se hizo
en La Castellana recientemente con Fernando Alonso, un domingo por la
mañana? ¿Es que don Miguel Zerolo cree, como los que se
han puesto de oro -o más de oro todavía- especulando
con Las Teresitas, que es que aquí todos somos completamente
tontos menos él?
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Cartas a Santa Cruz Miguel Zerolo Aguilar*
Un fracaso para Tenerife
DESCONOZCO cuántas personas habrán acudido ayer a la
manifestación convocada contra el puerto de Granadilla y por
el "cambio de modelo" de desarrollo de Tenerife (el modelo
que nos ha permitido salir en las últimas décadas del
atraso y subdesarrollo secular en que vivía esta isla). El baile
de cifras, como ocurre cada vez que se convoca una manifestación,
pinta escenas completamente diferentes, pero lo único que hoy
por la mañana estará claro, meridiana y transparentemente
claro, con independencia del éxito o fracaso de la convocatoria,
es que esta ciudad ha perdido, quizás para siempre, su mayor
patrimonio. No hablo de la publicidad que hubiera supuesto para Santa
Cruz la celebración de la prueba de fórmula 1 (más
de medio centenar de medios nacionales e internacionales acreditados
que hubieran llevado el nombre de Santa Cruz a las primeras páginas
de muchos periódicos y revistas). No hablo tampoco de la pérdida
de una oportunidad única para nuestros jóvenes, para los
amantes del motor y para la ciudadanía en general de ver en directo
en la avenida de Anaga, por primera y única vez en su vida, una
exhibición de fórmula 1. No hablo de eso. Hablo de que
esta semana el pueblo de Santa Cruz ha dejado de ser dueño de
sus calles.
Los ciudadanos de Santa Cruz han salido siempre a la calle para manifestar
su alegría o su tristeza. Los carnavales, las victorias y derrotas
del club deportivo Tenerife, las Fiestas de Mayo... la calle, la convivencia
cívica y festiva en nuestras calles, es (era, quizás)
nuestro mayor patrimonio. Pero esta semana, algo ha fallado. Y no lo
digo porque haya personas que protesten con toda legitimidad contra
el puerto de Granadilla, contra el cierre del anillo insular o contra
lo que sea. Porque están en su derecho. Nos ha costado mucho
conseguirlo y es justo que lo ejerzan. Pero no ellos solos. No ellos
en exclusiva.
El nivel de crispación al que se ha llegado ha sido tal que
no ha sido posible compatibilizar (por temor a que hubiera habido serios
problemas de seguridad para los asistentes, algo insólito en
esta ciudad) dos actos. Por una lado una manifestación y por
otro, una prueba deportiva. Los convocantes de la manifestación
contra el Puerto de Granadilla entendieron que no era posible. Que ese
día, la calle era sólo para ellos. Que nadie más
podía ese día hacer uso de nuestras avenidas y paseos,
ni siquiera cuando hablábamos de una prueba deportiva que se
le "regalaba" a la ciudad.
Esa pérdida es la que nos tiene que llevar a una seria reflexión.
Puede que el modelo de desarrollo de esta isla no concite el consenso
de todos, como tampoco ocurre en Gran Canaria, donde 6.000 personas
salieron a la calle en protesta por el modelo de carreteras y para pedir
la ampliación de una autopista. Pero lo que no puede ser, no
debe ser, es que una protesta ciudadana se convierta en una amenaza.
Ahora dirán que no hubo amenazas. Claro que las hubo. Es una
amenaza llenar de panfletos la isla criticando a los organizadores de
la prueba deportiva, es una amenaza llamar a los ciudadanos al boicot
de los productos de DISA y es una amenaza, una forma de amenaza, advertir
de que si se mantenían los dos actos, al mismo tiempo, podría
haber serios problemas de seguridad.
Los organizadores (que hasta el último momento defendieron Santa
Cruz como sede del acto) prefirieron desplazar la prueba deportiva a
otro municipio porque corrían el riesgo de que un acontecimiento
de ocio y de diversión derivara en un problema de seguridad.
Y ese temor, ese razonable temor a lo que podía haber ocurrido,
es lo que realmente nos tiene que preocupar a todos. Porque la diferencia
está en que unos querían la calle para ellos solos, los
otros no. Debe ser por lo mismo que se creen en posesión de la
verdad absoluta, por lo mismo que insultan y desprecian a quienes no
pensamos como ellos. Porque es "su" modelo el único
que vale. Pero un modelo que no se practica a través de las instituciones
y el gobierno democrático, sino a golpe de manifestación
para gritar que "el pueblo ha salido a la calle" cuando es
lo matemáticamente cierto que la mayoría del pueblo no
lo hace.
Por eso, con independencia del número personas que haya acudido
a la convocatoria de ayer, la manifestación habrá sido
un fracaso. Un fracaso de la convivencia. Un fracaso para los que creen
en la libertad. Y un éxito para quienes se propusieron -y consiguieron-
que la calle fuera sólo de ellos y nada más que de ellos.
Ese es el auténtico cambio de modelo que estamos consiguiendo.
Del modelo de la tolerancia al del insulto. Del modelo del respeto al
del miedo. ¡Vaya cambio!
* Alcalde de Santa Cruz de Tenerife (esperemos, por el bien de
todos, que por poco tiempo)
Fuente: El Día, 27-11-05 (El Día después)
PREGUNTA: ¿NO hay oposición
en ese ayuntamiento que defienda a la ciudadanía de semejante
mente calenturienta?
VEA
LA ÚNCIA VERDAD DEL 26 N