Un estudio de la Ulpgc detecta que la población más
afectada es la joven
VERÓNICA MARTÍN / SANTA CRUZ DE TENERIFE
Un estudio realizado en la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria
(Ulpgc) detectó restos de insecticidas que se prohibieron en
1977 en España por su toxicidad. En concreto, el 72 por ciento
de los canarios presentaron Endrín; el 67 por ciento, Aldrín;
y el 27, Dieldrín. El estudio determinó, además,
que la población joven tenía más restos de pesticidas
en su organismo que la mayor.
Hace unos meses, el grupo de investigación en Medio Ambiente
y Salud de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria, liderado por
Luis Domínguez-Boada, publicó un trabajo científico
en el que se demostraba que más de la mitad de los canarios mantenían
en su organismo restos del pesticida DDT, prohibido desde 1977.
Este equipo publicará, en breve, en un artículo en una
revista científica la segunda parte de este estudio sobre la
contaminación química de la población canaria donde
se demuestra que los ciudadanos isleños presentan restos de otros
tóxicos que también se prohibieron en 1977.
El responsable de esta investigación adelanta algunas conclusiones,
como que el 72 por ciento de los isleños presenta restos de Endrín,
un pesticida que fue prohibido en España en 1977 después
de que se sospechara de las consecuencias negativas sobre la salud de
las personas.
El documento aporta otros datos como que el 27,2 por ciento de la población
canaria manifiesta restos de Dieldrín, otro tóxico prohibido
en 1977; y el 66,9 por ciento mantiene Aldrín, también
ilegalizado en esa misma fecha. El Aldrín, el Dieldrín
y el Endrín son insecticidas que se utilizaron en la agricultura
y, también, en otros ámbitos como el higiénico-sanitario.
Otro elemento ilegalizado para el uso agrícola aunque se permite
para otros usos fue el Lindane, un producto que se usaba hasta hace
unos dos años -cuando se prohibió- contra los piojos y
otros insectos como pulgas y que se mantiene en el 59,3 por ciento de
los ciudadanos de las Islas.
Resultados similares
"Lo más relevante, es que estos resultados concuerdan con
los del estudio anterior en el sentido de que ambos indican que la población
canaria ha estado expuesta a estos pesticidas a pesar de haber sido
prohibidos", asegura el investigador quien explica que todos estos
productos son, en principio y hasta que se estudien en más profundidad,
"menos tóxicos que el DDT, del que se hay sospechas de que
tiene una relación con algunos tipos de cáncer".
Sin embargo, en los años 70 se prohibieron "porque se detectó
que eran muy persistentes en el Medio Ambiente y, por ello, se sospechaba
de su alta toxicidad".
Luis Domínguez-Boada insiste en que se trata de agentes poco
estudiados y, por eso, no se puede determinar qué efectos concretos
tienen sobre la salud humana. En el caso del Dieldrín, existen
estudios que relaciona con algunas patologías de origen metabólico.
El investigador asegura que uno de los resultados más llamativos
de esta segunda fase del estudio es que "la población joven
canaria tiene mayores niveles de contaminación que la población
adulta". La hipótesis que maneja este científico
para explicar este dato es que "los contaminantes llegan a los
canarios a través de la cadena alimenticia y por la contaminación
ambiental pues estos insecticidas se filtran en el subsuelo y pueden
haber contaminado tanto el agua como los vegetales o, incluso, la ganadería".
La explicación de que los jóvenes presenten más
contaminantes que los mayores puede estar en los distintos modos de
vida y de alimentación entre unos y otros, aunque este aspecto
"deberá ser estudiado en el futuro", añade el
investigador.
En total y por edades, se detectó alguno de estos compuestos
en el 22 por ciento de los menores de 18 años; en el 20 por ciento
de las personas comprendidas entre los 18 y los 34 años; en el
24,5% de los que se encontraban en el tramo de 35 a 49 años;
en el 22% de los mayores de 50 y menores de 64 años; y en un
12% de los mayores de 65 años.
Hipótesis para la causa de estos datos
El científico de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria
(Ulpgc) mantiene las mismas hipótesis que en el trabajo anterior
sobre la presencia de estos elementos en la sangre de los canarios.
Una de las posibilidades es que estos químicos se usaron de forma
tan masiva entre los años 50 y 1977 que aún continúan
en el agua y en el suelo de Canarias y que aún se trasmite a
los habitantes de las Islas.
La otra hipótesis es que estos contaminantes lleguen al Archipiélago
por el aire o en otros productos agrícolas desde otros países
pues, aunque en España estén prohibidos,en otras zonas
del mundo, como África o Sudamérica, no lo están.
Una tercera teoría es que aún se utilizan estos productos
en las Islas pese a su prohibición, algo que las organizaciones
de agricultores negaron cuando se hizo pública la primera fase
de este estudio. Lo único claro es que estos pesticidas siguen
presentes en el organismo de los canarios.
Fuente: La Opinión de Tenerife, 31-12-05
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La UGR demuestra la relación
entre el cáncer de mama y la ingesta de alimentos tratados con
pesticidas
El grupo de investigación "Oncología básica
y clínica" de la Universidad de Granada (UGR), dirigido
por el catedrático Nicolás Olea Serrano, ha demostrado
en su último trabajo la relación entre el cáncer
de mama y la ingesta de alimentos tratados con pesticidas agrícolas,
en concreto, el lindano y el aldrín, unas conclusiones que fueron
presentadas hace poco más de una semana en Zurich (Alemania)
ante una comisión de expertos de la Unión Europea.
Según explicó el director
del estudio, el proyecto de investigación se inició en
1995 y se basó fundamentalmente en un método clínico-experimental,
comparando los niveles de grasas de las muestras tomadas a 200 mujeres
afectadas por el cáncer y a otras 300 libres de cualquier afección
tumoral y ginecológica.
Dicho estudio comparativo --en el que
también se tuvieron en cuenta otros factores de riesgo ya conocidos--
dio como resultado que las mujeres afectadas por el cáncer de
mama tenían en sus muestras de grasa una concentración
de organoclorados (sustancias químicas presentes en los plaguicidas
que producen alteraciones en el equilibrio hormonal) muy superiores
al resto, en concreto, de lindano y aldrín. Estos dos plaguicidas,
usados históricamente en los campos andaluces, están actualmente
prohibidos, por lo que su presencia en las grasas humanas se debe a
que son difícilmente degradables, tanto en el medio natural (suelo
y agua) como en el cuerpo una vez ingeridos a través de los alimentos.
"Esto significa que las madres
también se lo transmitirán seguramente a sus hijos durante
el embarazo y la lactancia, sobre todo teniendo en cuenta que en la
lactancia la mujer se "limpia" en un 60 por ciento, pero a
costa de transmitirle sus sustancias al bebé", explicó
Olea.
El grupo de investigación de
la UGR, que representa a España en una comisión de expertos
de la Unión Europea sobre las consecuencias para la salud humana
de la exposición a productos químicos, considera que este
nuevo avance viene a corroborar definitivamente la relación entre
el cáncer de mama y determinados factores externos, más
aún que otros elementos de riesgo tradicionalmente conocidos
como el consumo de alcohol y tabaco, los anticonceptivos, la retirada
tardía de la regla o la menstruación temprana.
De hecho, según explicó
Olea, ninguno de estos factores llega a duplicar el riesgo de padecer
cáncer de mama, mientras que la exposición prolongada
a disruptores endocrinos (es decir, sustancias químicas que alteran
el equilibrio hormonal de personas y animales, como las que contienen
los organoclorados de los plaguicidas) supone aumentar estos factores
de riesgo en un 400 por ciento.
Estos disruptores están presentes
en numerosos productos cotidianos, desde cremas estéticas a bronceadores,
envases de plástico, latas de conserva, empastes dentales e incluso
biberones. "Es una vergüenza que la Administración
esté mirando a otro lado cuando hay dudas más que razonables
para el uso de estos productos, incumpliendo el principio elemental
de la precaución por las presiones de los fabricantes",
declaró Olea.
En el caso del cáncer de mama,
el riesgo que produce la exposición a este tipo de factores externos
sólo es superado, según el catedrático, por el
factor genético, es decir, el hecho de que algún familiar
más o menos cercano también haya estado afectado por la
enfermedad.
A este respecto, Olea quiso hacer una
puntualización: "hasta hace poco tiempo pensábamos
que la transmisión familiar del cáncer de mama sólo
era genética, ahora hemos probado que también tiene otras
características, como la transmisión de las sustancias
contaminantes durante el embarazo y la lactancia".
Todo ello implica, según Olea,
que las mujeres universitarias que residen en núcleos urbanos
tengan más posibilidad de padecer cáncer de mama que aquellas
con bajo nivel de estudios y residentes en zonas rurales debido a sus
particulares hábitos de consumo y a su exposición a estos
factores externos.
Los disruptores endocrinos, no obstante,
no se traducen únicamente en el aumento de los factores de riesgo
del cáncer de mama, sino también en el de otras afecciones
como alteraciones en el desarrollo sexual, malformaciones genitales
o la disminución en la calidad del esperma.
Precisamente este último asunto
será objeto de un nuevo trabajo de investigación del grupo
"Oncología básica y clínica", que trabajará
conjuntamente con expertos de otros 21 países europeos para dilucidar
qué otros efectos tienen la acumulación de sustancias
químicas sobre el organismo, un proyecto para el que la UE tiene
ya asignado un presupuesto de 8,5 millones de euros, según explicó
el propio Olea
