Varias comunidades de vecinos del centro
de Santa Cruz han acudido a los juzgados debido a la indefensión
en la que se encuentran, año tras año, ante un mal entendido
Carnaval, consistente en llenar las calles de coches con equipos de
música a toda pastilla durante un montón de días,
con las consiguientes molestias, no sólo por eso, para los vecinos
de la zona. Las chorreras de meados bajan por las entradas de los garajes
formando auténticos charcos en el interior de éstos, de
portales y demás y los vecinos con recursos han optado desde
hace muchos años por mandarse a mudar de allí durante
un par de semanas.
Obviamente todo esto es ilegal, sobre
todo en lo que se refiere al establecimiento de potentísimas
discotecas móviles en las calles donde hay niños que intentan
dormir, personas mayores o trabajadores que al otro día se tienen
que levantar y abrirse paso entre la mierda para acudir a su trabajo.
La falta de soluciones durante años, durante los cuales la situación
ha ido empeorando drásticamente, sobre todo a medida que ha ido
aumentando la potencia de los equipos de sonido, ha llevado a los vecinos
a recurrir a lo que se recurre ante estas situaciones en los países
que tienden a ser civilizados, como es la vía judicial.
Claro que los antidemócratas
que no entiende que el recurso a la justicia es un derecho ciudadano
fundamental, los fascistoides de toda la vida, están lanzando
desde los medios de comunicación todo tipo de amenazas y descalificaciones
a estos vecinos por ejercitar un derecho de los de andar por casa, que
no quiere decir que les tengan que dar la razón, pero si los
tribunales les dan la razón será, o debería ser,
sencillamente porque el ayuntamiento no está cumpliendo con la
legalidad, o haciéndola cumplir, que es lo mismo.
Los vecinos, que se sepa, no han amenazado
nunca a nadie, ni se dedican a tirar aceite hirviendo por los balcones
para que los dejen dormir, ni han nombrado a la madre del alcalde...
sólo han acudido a los tribunales pidiendo que se haga cumplir
la Ley porque se sienten perjudicados por los derroteros que están
tomando estas fiestas en estos últimos años. Pues algún
concejal, niñato por otro lado, ha llegado a decir que los carnavales
estaban allí antes que ellos y que si no les gusta que no hubiesen
comprado. Asombroso, sobre todo porque la mayoría de los denunciantes
-por su edad- podrían ser padres, o incluso abuelos, de semejante
individuo.
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-¿Por qué asegura usted que el ayuntamiento pretende
presionar al poder judicial?
-Me remito a las palabras que le escuché pronunciar en un programa
de radio al concejal de Fiestas, Bruno Piqué, afirmando que ellos
no quieren, en modo alguno, presionar al juez, pero que si
suspendiera el Carnaval en las calles de la zona centro no habría
Carnaval este año y que, además, no respondían
de los disturbios públicos que se pudieran llegar producir.
Esto es, a mi juicio, una falta de respeto absoluto al Estado de Derecho
y creo que vivimos en un Estado de Derecho.
Declaraciones del abogado de los denunciantes (El Día, 29-01-06)
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-¿Qué opinión le merece la presentación
del contencioso que podría deparar la suspensión del Carnaval
en el centro?
-Esta iniciativa me parece una deslealtad
para con la ciudad de Santa Cruz. El trabajo de muchos
años se puede tirar por la borda si este contencioso consigue
suspender el Carnaval. Los daños que se podría producir
serían irremediables. El Carnaval
genera a la ciudad decenas de millones de euros en recursos y eso se
puede ver amenazado no sólo este año, sino en el futuro.
Estoy de acuerdo en que necesitamos seguridad jurídica para esta
fiesta y que es preciso y necesario garantizar un marco jurídico
que se desarrolle, pero eso no significa que se ponga en tela de juicio.
Hay medidas correctoras para recurrir el impacto en los vecinos del
centro. El pueblo no puede permitir que esta fiesta se suspenda, lo
que no se logró ni con la dictadura. Vamos
a movilizar lo que haga falta para defender la fiesta en la calle.
Declaraciones de Dámaso Arteaga, Consejero de Deportes del
Cabildo de Tenerife, El Día, 29-01-06)
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Dámaso Arteaga
Por su parte, el discurso del también ex concejal de Fiestas
Dámaso Artega es algo más crudo. Lamenta que "algunos
ciudadanos haya tomado la determinación de cargarse el Carnaval,
una fiesta que viven en la ciudad mucho
antes que los que ahora se rebelan contra ella".
El Carnaval, resalta el edil, "forma parte de nuestra idiosincracia
como chicharreros". El hecho, juzga,
merece que "el mundo del Carnaval reaccione y defienda su fiesta,
que tenemos que defender de los que no creen en ella".
El actual consejero de Deportes del Cabildo de Tenerife apunta que enarbola
la protección del Carnaval "tal y como es, y
sé que si me compro un piso en el centro de la ciudad, cuento
con el Carnaval". En esta espera de plazo de presentación
de alegaciones, expresa "confiar en el criterio de la Justicia
para que no se suspenda la fiesta" ya que "la muerte del Carnaval
supondría un daño irreparable".
José Carlos Acha
El concejal José Carlos Acha, que estuvo al frente del área
de Fiestas desde el 2002 hasta el pasado año, defiende que "el
Carnaval es eminentemente urbano". En la misma línea que
Oñate, reconoce "el derecho al descanso y a la diversión,
y hay que buscar la forma de conciliarlos". "El problema"
de los vecinos, lamenta Acha, "es que en vez de sentarse a hablar
hayan ido a los juzgados".
El año pasado, recuerda el edil, se produjeron quejas en torno
al ruido y los sonidos demasiado elevados, "pero llegamos a acuerdos",
puntualiza. En este sentido, recordó que "en la avenida
de Anaga, se colocaron los bafles sólo en la zona de edificios
administrativos y no en los bloques de viviendas. Buscamos también
que hubiera una sóla música y
obligamos a desconectar la música de los quioscos a partir de
las 7.00 horas". Otra de las situaciones en este
sentido conflictivas "y a la que pusimos solución fue la
zona del quiosco Numancia. Además, se procuró controlar
que no hubiese coches engalanados con música fuera del perímetro
del Carnaval".
Acha recalca que el Consistorio "nunca ha sido inconsciente"
frente a las quejas de los vecinos, que "cada vez son más
exigentes con su entorno y a veces sólo
buscan la solución de su problema particular y se olvidan del
bien general". Por último, el edil expresó
un deseo muy escuchado por diversas y variadas voces estos días,
"espero que por bien de todos, se
pueda celebrar el Carnaval".
Fuente: Diario de Avisos, 29-01-06


Carnaval:
sí, pero no