La espectacular torre que sirve de helipuerto
al Hospital Universitario de Canarias, propiedad del Cabildo de Tenerife,
y que en su momento costó unos mil millones de pesetas, se encuentra
inoperativa desde hace más de un mes después de que el
Consorcio de Bomberos, también dependiente del Cabildo, dejase
de enviar sus efectivos porque, al parecer, no hay dinero para pagar
este servicio.
Esa torre, que sirve también
de torre de evacuación, quedó también inoperativa
el único día que, hasta el momento, fue necesario su uso
para evacuar enfermos, como fue la noche del pasado 28 de noviembre,
cuando con motivo de la tormenta tropical
Delta hubo que evacuar varias plantas del hospital ante el temor
de que reventaran las puertas y ventanas de cristal. Al final las cristaleras
que reventaron fueron precisamente las de la moderna y carísima
torre de evacuación-helipuerto, con lo cual tampoco puedo ser
utilizada en una situación de auténtica emergencia para
evacuar a los enfermos, que bajaron por las escaleras de toda la vida.
La justificación para la construcción
de esa disparatada torre era que podría contribuir a salvar vidas,
cuando la única realidad es que supone un auténtico peligro
y que cada vez que llega un enfermo el personal sanitario tiene que
hacer verdaderas virguerías para desembarcarlo debido a las condiciones
generalmente muy ventosas que se dan a esa altura sin protección
alguna. De hecho, las dos únicas torres en altura en centros
hospitalarios en España, construidas en época franquista,
no se utilizan por el riesgo que representan, aterrizando los helicópteros
generalmente en los jardines, como es el caso del La Paz en Madrid y
Vall d'Hebron en Barcelona.
Es completamente falso que esa torre
salve o pueda salvar la vida de nadie, lo que hace es precisamente,
poner en peligro la seguridad de otras muchas. Para trasladar a un enfermo
es primordial que esté estabilizada, si un enfermo sufre una
parada durante el traslado lo más normal es que no se pueda recuperar
porque el helicóptero no tiene ni espacio físico para
poder llevar a cabo labores de reanimación. La diferencia de
tiempo entre llevar a un enfermo hasta la torre del hospital o al aeropuerto,
con todas las condiciones de seguridad necesarias, podría ser
de unos cinco minutos -como tienen que hacer los enfermos que van al
Hospital de La Candelaria- y, para bien o para mal, generalmente esos
cinco minutos nunca van a suponer la diferencia entre la vida y la muerte
de un paciente, entre otras cosas porque un protocolo para trasladar
a un enfermo puede tardar unos dos horas o mucho más si el traslado
es desde otra isla.
Pero es más, la única
prueba que necesitamos para saber que esa torre lo único que
ha supuesto es un gasto superfluo y que, además, no representa
mayor seguridad ni mayor garantía para el enfermo, es que hace
más de un mes que está cerrada porque no le pagan al bombero
que se tiene que trasladar hasta allí por lo que pueda pasar.
Que tampoco tenemos claro qué carajo es lo que puede hacer un
bombero encaramado allí arriba, con un extintor, en el caso de
que un helicóptero de esos pierda el control en el momento del
aterrizaje por una mala ráfaga de viento. A no ser que le den
un rosario para que se ponga a rezar.


El
helipuerto está inoperativo desde diciembre