El visceral ataque
que ha lanzado el periódico El Día contra todo el
que, alguna vez durante su existencia, ha osado criticar a Unelco-Endesa,
nos ha vuelto a poner en evidencia la total y absoluta subordinación
de la mayoría de los medios de comunicación -y de la clase
política canaria- a los intereses de media docena de grandes
empresas y caciques que lo controlan absolutamente todo.
Afortunadamente existen aún hoy,
no sabemos por cuánto tiempo, algunos resquicios que permiten
que determinadas informaciones se distribuyan y se conozcan, consiguiendo
-de una manera casi miligrosa- sobrepasar la feroz barrera de la censura
impuesta.
Este es el caso de las torres podridas
que Unelco-Endesa perdió entre Arico y Fasnia al paso de una
tormenta que dejó intactos a la mayoría de los invernaderos
que se encontraban en la misma zona. Todavía no sabemos muy bien
cómo fue posible -hasta la fecha El Día no ha publicado
una sola imagen de esas torres podridas- pero desde muchos sitios nos
han pedido imágenes -como recientemente para una revista de una
organización de consumidores-, información o artículos.
Es el caso del que te reproducimos que nos solicitó la reconocida
revista madrileña Página Abierta, de amplia difusión
el la capital de España, que ha sido publicado en el primer número
de este año y que te invitamos a leer y a difundir.
En el día de ayer la Consejería
de Industria ha
anunciado un nuevo trazado para el tendido eléctrico de Unelco
hacia el sur de Tenerife, que la jodida multinacional pretendía
pasar por seis espacios protegidos porque le salía más
barato. El argumento de Unelco, que hasta llegaron a cortarle la luz
a la gente para presionarla, se basaba en que no había alternativas.
Pero no era sólo Unelco, sino Emilio
Fresco (político e ingeniero que tiene que controlar a Unelco
desde la Consejería), Ricardo Melchior (ingeniero, presidente
de el Cabildo y empleado de Unelco toda su vida), Benicio Alonso (que
era consejero del PP en el Cabildo -que contrata proyectos millonarios
con Unelco- y que tachó de ignorante, como ingeniero, a todo
el que pedía un trazado parecido al que ahora se acaba de aprobar)
y, como no, las editoriales de El Día, que despellejaron literalmente
al alcalde de Vilaflor y a todo el que se atrevió a poner un
solo "pero" a Unelco o a sus esbirros.
Ninguno de esos sinvergüenzas políticos
o mediáticos se va a disculpar jamás ante esta sociedad
por el daño tan terrible que le han causado. Ni mucho menos,
los culpables seguimos siendo los
otros, los que teníamos razón al defender que había
alternativas. El daño que han causado es tal que es imposible
plantear proyecto alguno para esta isla sin que una buena parte de la
sociedad desconfíe absolutamente de todo, acostumbrados como
estamos a las mentiras y a la defensa de los intereses particulares
por encima de los intereses generales por parte de nuestros políticos
y por periódicos como El Día. Hasta el PSOE llegó
a cargarse a uno de sus principales valores políticos, como era
José Luis Fumero -alcalde de Vilaflor- por defender algo que
unos años después se ha mostrado no sólo como posible
sino como lo más racional. Eso en el caso de que exista algo
racional en esta isla todavía en lo que tiene que ver con la
producción, distribución o desenfrenado consumo energético.

ARTÍCULO PUBLICADO EN EL NÚMERO
DE ENERO- FEBREO DE 2006:
Una tormenta tropical que sembró el caos
en Tenerife
El pasado 28 de noviembre la tormenta tropical Delta, la penúltima
de la temporada de huracanes, se aproximó desde primeras horas
de la mañana, al Archipiélago Canario, dejando en muy
pocas horas un rastro que ha puesto al descubierto el grado de vulnerabilidad
que padecen estas islas ante acontecimientos de este tipo.
La discusión sobre si este tipo de fenómenos meteorológicos
son el preludio del tan traído y llevado cambio climático
está sobre la mesa. Sin embargo en la historia del archipiélago
canario existen registrados acontecimientos verdaderamente dramáticos
que tienen que ver con fenómenos meteorológicos adversos
como inundaciones, temporales o incluso verdaderos huracanes como el
que llegó a las islas 7 de noviembre de 1826, que produjo verdaderos
estragos en la isla de Tenerife. En el año 1957 el municipio
palmero de Breña Alta sufrió especialmente los efectos
de unas potentes inundaciones que dejaron tras de sí decenas
de muertos y viviendas y campos arrasados y, no tan lejos en el tiempo,
todos recordamos las dramáticas horas vividas en Santa Cruz de
Tenerife el 31 de marzo de 2002 al precipitar unos 300 litros de agua
por metro cuadrado en pocas horas.
Por tanto los principales riesgos asociados a fenómenos naturales
tienen que ver en Canarias con el clima, no como mucha gente piensa
todavía en la falsa creencia de que son los fenómenos
volcánicos y terremotos el principal peligro. Históricamente
no ha sido así, y jamás un terremoto o un volcán,
de los muchos que ha vivido Canarias en los últimos 500 años,
ha producido víctima alguna, excepto un caso de imprudencia que
provocó un víctima mortal en 1971 con ocasión de
la erupción del Teneguía en La Palma.
Frente a estos hechos, lo que sí ha dejado meridianamente claro
el reciente paso de la tormenta Delta por Canarias es que el grado de
vulnerabilidad de estas islas ante acontecimientos de esta naturaleza
ha crecido exponencialmente en las últimas décadas. “El
riesgo es el producto de la peligrosidad por la vulnerabilidad”,
constatan los científicos a nivel teórico, cuestión
que se está confirmando desde la práctica en Canarias
y en otras muchas regiones del mundo en los últimos años.
De ser cierto que ya estamos viendo las consecuencias del cambio climático,
la única fórmula para reducir los riesgos, y sobre la
que podríamos actuar con cierta rapidez, es disminuyendo todo
lo posible nuestra vulnerabilidad, justo lo contrario de lo que estamos
haciendo en Canarias, que, por otro lado, no se prevé que sea
una de las primeras regiones del Planeta en ver de cerca las consecuencias
de la transformación del clima, sino que, a decir de los entendidos,
más bien ocurriría lo contrario.
La magnitud de la Tormenta
Lo que vimos el pasado 28 de noviembre en Canarias no es, como quieren
hacernos ver las autoridades políticas o determinadas empresas,
para justificar su incompetencia e irresponsabilidad, una tragedia de
proporciones desconocidas. Muy al contrario, no hay que viajar muchas
generaciones al pasado –acaso ni muchos lustros- para conocer
de fenómenos climatológicos adversos de magnitudes mucho
más importantes. La tormenta Delta trajo vientos medios que,
según los datos registrados por el Instituto Nacional de Meteorología,
oscilaron entre los 87 km/h del aeropuerto Tenerife Sur y los 116 km/h
del aeropuerto de Los Rodeos, con rachas máximas de 134 y 147
km/h respectivamente.
Afortunadamente la tormenta tropical Delta, a su paso por Canarias,
no sólo no tuvo a bien pasar directamente sobre nosotros, sino
que además, no dejó precipitaciones de importancia, lo
que sin duda nos libró a todos de una tragedia de consecuencias
inimaginables hoy en día.
Se puede decir que el fenómenos, en lo que a vientos intensos
se refiere, afectó principalmente a la isla de El Hierro, desde
primera hora de la mañana del día 28, a La Palma, ya entrada
la tarde y a Tenerife y Gran Canaria al caer la noche y primeras horas
de la madrugada del día 29. Pero fue la isla de Tenerife la que,
sin duda, ha sido la más afectada, no por la peligrosidad del
fenómeno, que en otros lugares fue mucho mayor como es el caso
de La Palma, sino porque se puso de manifiesto, de manera más
flagrante, la gran vulnerabilidad que presenta esta isla en cuanto a
la fragilidad de servicios públicos básicos como puede
ser el suministro de energía eléctrica o agua potable
para la población.
Un auténtico caos se vivió en Tenerife, con uno de los
apagones más importantes de los producidos en estado español
en las últimas décadas –hasta cinco días
sin luz- que afectó, en muchas zonas del área metropolitana
Santa Cruz–Laguna, al suministro de agua potable que depende de
la electricidad para la desalación de agua o para el bombeo de
ésta desde pozos o a zonas de mayor cota. Sorprendentemente,
no se puede pasar por alto, la noche del temporal fallaron infraestructuras
básicas como la moderna terminal del aeropuerto de Los Rodeos,
cuyos techos se vieron afectados, lo que originó que los pasajeros
se tuviesen que refugiar primero en los aparcamiento y después,
aunque parezca mentira, en la terminal antigua que resistió perfectamente.
Pero más sorprendente todavía fue la situación
que se vivió en el Hospital Universitario de Canarias, donde
varias plantas, las más altas, tuvieron que ser desalojadas ante
el temor de que todas las viejas ventanas –que cancanean habitualmente
con los vientos alisios- saltaran por los aires provocando una tragedia.
La responsabilidad de las administraciones públicas
De forma casi instintiva los responsables políticos pusieron
en marcha un impresionante ventilador que alejase las responsabilidades
de lo ocurrido de entorno del ámbito competencial de las administraciones
que cada uno de ellos representaba. El alcalde de Santa Cruz apuntó
directamente a Unelco-Endesa cuando se vio acorralado y al fracasar
todos los sistemas de comunicaciones y demás que presumía
de haber instalado después de la última tragedia del 31
de marzo del 2002, inundaciones que se llevaron por delante la vida
de varios ciudadanos de la capital tinerfeña. El presidente del
gobierno, Adán Martín, más firme en su afán
por hacer de escudo protector de las responsabilidades de la eléctrica
que José María Aznar vendió hace uno años
a un compañero de pupitre del colegio, apuntó directamente
a los vientos, abriendo su intervención en el Parlamento hablando
de vientos nada menos que entre 180 y 300 km/h, un huracán de
categoría cinco, la máxima en la escala, en toda regla.
El presidente del Cabildo de Tenerife, Ricardo Melchior, que durante
años ocupó cargos de responsabilidad en Unelco, de donde
después sacó también a muchos de sus amigos para
“colocarlos” en el Cabildo, culpó al Instituto Nacional
de Meteorología por no haberle avisado, cuando profesionales
y aficionados llevaban días siguiendo la ruta de esa tormenta
con todo detalle. Curiosamente, mientras el presidente del cabildo de
El Hierro llevaba desde primera hora de la mañana movilizado
con esta tormenta, tomando todo tipo de medidas, a última hora
de la tarde del fatídico día el presidente del Cabildo
de Tenerife fue uno de los pasajeros que se quedó atrapado en
el aeropuerto de los Rodeos, donde se encontraba intentando volar a
Madrid en medio de una situación de emergencia ya declarada desde
por la mañana, cuando el Gobierno de Canarias instó a
los padres a que recogiesen a sus hijos de los colegios con toda urgencia.
Como en las películas de Cantinflas.
A dos conclusiones llegó el pleno extraordinario del Cabildo
de Tenerife con motivo de la tormenta Delta. Primero, que la culpa era
del Instituto Nacional de Meteorología porque, al parecer, si
hubiesen avisado con tiempo se hubiesen podido reponer los tendidos
de alta tensión que, en estado de podredumbre, mantiene la compañía
Unelco-Endesa en Tenerife. O se podrían haber reforzado las ventanas
del hospital del Cabildo o retirado las vallas publicitarias de las
autopistas que a punto estuvieron de provocar otra gran tragedia y que,
por cierto, pocas semanas después han sido repuestas en iguales
o peores condiciones representando un peligro intolerable para la seguridad
de las personas con ocasión de vientos fuertes.
La segunda conclusión, más sorprendente que la primera,
es que el Cabildo demandaría judicialmente a todo el que se volviese
a referir a la vinculación laboral del presidente del Cabildo
con la multinacional eléctrica, Endesa, donde trabajó,
con cargos de responsabilidad, la mayor parte de su vida antes de dar
su espectacular salto a la política.
El abandono del suministro eléctrico
Y es que sin lugar a dudas la tormenta tropical Delta ha destapado,
sobre todo, el disparatado abandono que existe en la isla de Tenerife
de servicios esenciales como es el suministro eléctrico. El interés
general se ha supeditado a los intereses de una empresa privatizada,
a su cuenta de resultados. Se les ha permitido absolutamente todo sin
control público de ningún tipo, se han expropiado terrenos
para la instalación de tendidos por la vía de urgencia
utilizando argumentos como que era necesaria la sustitución de
torres que se encontraban oxidadas y suponían un riesgo para
la vida de las personas pero después no se ha procedido a la
sustitución de esas torres que, con la llegada de la tormenta,
han caído como palillos junto a invernaderos que permanecían
intactos. Se han cambiado secciones de cableado para dar mayor capacidad
de transporte a la red sin modificación alguna en los apoyos
y, todo eso, con la necesaria complicidad de la consejería de
Industria del Gobierno de Canarias, responsable de la inspección
y el control de estas instalaciones.
La reacción de Unelco-Endesa ha sido de esperpéntica.
Comenzó negando que la torres estaban podridas cuando centenares
de miles de personas las veían comidas por el óxido en
televisión o en internet, no en la prensa local que, por lo general
y sobre todo el periódico de mayor tirada en Tenerife, como es
El Día, se negó a publicar una sola foto de las torres
podridas por la potente inyección económica de la multinacional
eléctrica en esa empresa editorial. Y es que esa ha sido la primera
y gran estrategia de defensa utilizada por la multinacional, nada original
por otra parte, comprar literalmente a todos los medios de comunicación
más importantes con una campaña publicitaria sin precedentes
donde se hablaba de las excelencias de Endesa aún cuando, todavía,
casi la mitad de la población de la isla se encontraba sin luz
eléctrica. El efecto de este dinero fresco y abundante sobre
la línea informativa de los medios fue, lógicamente, demoledor.
El 28 de diciembre, día de los Santos Inocentes, se constituyó
en el Parlamento de Canarias una comisión de investigación
para, supuestamente, esclarecer las consecuencias de la tormenta Delta.
Se trata, pura y llanamente, de un intento de echar tierra sobre un
asunto en el que las tres fuerzas políticas mayoritarias y representadas
en las instituciones se encuentran “pringadas” hasta el
cuello por acción u omisión (Coalición Canaria,
Partido Popular y PSOE). La connivencia de estos tres partidos con esta
multinacional eléctrica en Canarias en defensa de sus intereses
empresariales por encima del interés general de la ciudadanía
representa, y ha representado en la historia reciente de Canarias, un
verdadero escándalo.
A tal punto ha llegado esta degradación que obras como el puerto
de Granadilla, principal atentado medioambiental de los muchos que se
planean en Canarias, se justifica por el interés de esta empresa
en introducir el gas natural en la generación de energía
eléctrica, para lo cual tenemos que construirles un puerto, con
dinero público, que va a representar una auténtica catástrofe
medioambiental, cuando, en todo caso, existen alternativas para la llegada
del gas natural a Tenerife sin la necesidad de construirles un puerto
carísimo y devastador para los intereses generales de la isla.
Eso por no hablar del total y absoluto abandono de las energías
renovables, en cuya potenciación Canarias podría ser una
región modélica, asunto en el que, como en otros tantos
aspectos, nos hemos quedado a la cola de la Europa a la que decimos
pertenecer.
Juan Jesús González Afonso
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30-11-05
Unelco-Endesa "pierde" entre Arico, Fasnia y Güímar
unas veinte torres de alta tensión

17-02-06
Un falso medio de comunicación desmiente que las torres de Unelco
estuviesen podridas
