Cuando ya habían transcurrido
24 horas desde la finalización del concierto Son Latinos y
Cochinos 2003, nos hemos dado una vuelta por la playa de Las Vistas
a primera hora de la mañana del lunes 1 de septiembre aprovechando
un viaje a Adeje por otros asuntos. No esperábamos, francamente,
encontrar demasiadas huellas del desastre después de que más
de 100 hombres y maquinaria de todo tipo hubiesen estado más
de un día entero desarrollando un intenso trabajo de adecentamiento
en la zona. Cuando llegamos el personal de limpieza comentaba que
se habían retirado en el día posterior al concierto
más de 100 toneladas de residuos de la playa, otro empleado
-mientras daba el enésimo repaso al paseo que discurre junto
a la playa- saludaba a los comerciantes de la zona con un efusivo
y sentido "nunca máis".
En general las grandes
masas (edición
anterior) de residuos habían desaparecido, sólo en
los rincones o en los lugares más inaccesibles permanecían
visibles cantidades importantes de envases, ropa, y todo tipo de restos
de la batalla. Junto al personal que trabajaba en tierra, desde una
zodiac se intentaba retirar los residuos depositados en el fondo de
la playa o flotando en el agua mientras las máquinas peinaban
una y otra vez la arena, pese a lo cual tras cada pasada continuaban
apareciendo pequeños trozos de cristal, latas, plásticos,
toneladas de colillas, etc.
Nos quedamos, sin embargo,
con la imagen del primer niño que pisó la playa con su
madre que, tras correr apenas dos minutos sobre la arena, su santa madre
lo retiró corriendo a la ducha y nunca máis se
les volvió a ver por allí. Está también
la imagen de esa pareja de extranjeros que observa incrédulos
las labores de limpieza, o esa madre que situada en el extremo de la
playa opuesto al escenario, mantiene sobre la toalla prudentemente a
su niño que apenas si comienza a caminar, ajena a lo que ocurre
al otro lado de la playa.
La arena de mitad de
la playa desprendía un penetrante olor a alcohol, mientras las
zonas improvisadas como urinarios mantenían ese inconfundible
aroma amoniacado característico. Somos Latinos y Cochinos, 24
horas después de este acto de desprecio de nuestros gobernantes
hacia la que dicen que es la principal fuente de riqueza de nuestra
tierra, pagado de nuestros bolsillos sin que se nos quiera decir a cuánto
ha ascendido la factura que ya nos han descontado de la sanidad, de
la educación o de las ayudas sociales, tiene este aspecto a simple
vista. Para el Cabildo, más concretamente para el Área
de Medio Ambiente y Paisaje, este concierto produce un impactito "de
nada", y en términos estrictamente de contaminación
de la playa lo más que puede ocurrir son unas cuantas cortadas,
unas cuantas infecciones y seguramente poco más y, además,
esas ronchas que le puedan aparecer a uno serán difícilmente
atribuibles a este desaguisado.
El Cabildo y los promotores
ponen ejemplos de festivales similares en España, pero una cosa
es un concierto al que van 10 o 20 mil personas durante dos horas, que
la gente puede ir a mear a su casa, que pretender aglutinar a un gentío
de más de 200 mil personas durante 12 horas, con unas inmensas
cantinas colocadas en el centro de la playa, cuando parte del éxito
del concierto depende de la cantidad de gente que se coja el colocón.
Especialmente menores, que son los que más alegres y chillones
se ponen con la bebida. La Demarcación de Costa, que ya a esas
horas de la mañana tenía su coche oficial en la zona,
fue a constatar el éxito de su decisión de levantar la
prohibición del concierto en esa ubicación, ese lapsus
mental de Costas de prohibir el evento fue inmediatamente rectificado
con los informes
favorables de la consejería de Medio Ambiente del Cabildo.
Estamos con don Wladimiro
en que la mayoría de los efectos son reversibles, que nadie se
va a morir por esto, las heridas en los pies -por ejemplo- cicatrizan
con rapidez sobre todo en niños... Lo que es más difícil
de recuperar es el efecto que, sobre la conciencia ambiental de la gente,
produce el tener a 200 mil jóvenes bailando y saltando sobre
basura durante 12 horas en la arena de la playa donde, aunque no se
vayan a bañar ellos ni sus hermanos pequeños, lo harán
otras personas que vienen a Tenerife porque confían todavía
en lo que fue uno de los destinos turísticos más apetecibles
para los europeos. La contribución de esta macro fiesta a la
educación ambiental y a la conciencia cívica de nuestros
jóvenes, don Wladimiro, sí que es jodida de recuperar
o de alcanzar por este camino. No le van a agradecer esas empresas a
usted lo suficiente, en forma de publicidad gratuita, el nivel de degradación
ideológica al que está llegando por un poco de poder.
Nosotros no tenemos nada
en contra de los que se han inflado los bolsillos con este concierto,
les felicitamos por ello, nos molesta un poquito que haya sido a costa
de nuestros impuestos sin consultarnos nada, engañando a los
incautos con la supuesta "gratuidad" utilizada como reclamo
sin cesar. Rechazamos que por controlar determinados medios de comunicación
se dediquen algunos a insultar y a calumniar a ciudadanos que, pudiendo
estar más o menos equivocados en sus apreciaciones, se les supone
el derecho a discrepar sobre todo porque somos los ciudadanos los que
pagamos TODA la factura. Que traten con este desprecio al turismo que
nos visita no es sino la demostración palpable de lo poco que
creen en el futuro de esta tierra.
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ALGUNOS RECORTES DE LO DICHO POR LA PRENSA
La Opinión,
31-09-03
No pregunten por la cifra de asistentes. Al cierre de
esta edición, sobre las medianoche del sábado, decenas
de miles de personas llenaban la arena, el agua y la avenida de las
playa de las Vistas, espacio de acogida un año más del
festival Son Latinos. A pesar de las denuncias de los ecologistas, a
eso de las 20:00 horas las papeleras en torno a la playa ya estaban
atestadas de basura y el hedor de la zona de baños portátiles
era pestilente. Pero la limpieza importa poco cuando se va
a disfrutar de la fiesta, porque eso es el Son Latinos, una inmensa
terraza de verano(...)
Música y alfombra roja
La música se oye por los pasillos de los hoteles que acogen
a los artistas del Son Latinos 2003. El mejor cartel de la historia
del festival se refleja en una atmósfera distendida en la que
grandes figuras del sonido internacional intercambian ideas y juegan
partidos de fútbol. El relajado ambiente previo sólo
se enrareció por la disparatada rueda de prensa de presentación
del festival.
Las percusiones afro venezolanas del grupo Huracán de Fuego
ambientan una espontánea fiesta en la playa a la que se suman
los músicos de Carlinhos Brown. Los Valdés, padre e
hijo, sorprenden a los trasnochadores en el vestíbulo del hotel
con media hora de piano sin corsés... Por fin la música
es la protagonista del Son Latinos, una cita que quiere ser festival
pero que se mueve con la intención de una pachanga multitudinaria,
con ciertas figuras famosas a las que la organización maneja
con una exclusividad provinciana.
La Opinión, 01-09-03
Este extraño espíritu de mírame pero no me toques
se respiró al mediodía del sábado durante una rueda
de prensa de presentación peculiar. ¿Imaginan ustedes
una alfombra roja para recibir a las estrellas más rutilantes
de, por poner un ejemplo, el festival de Montreux» Pues el Son
Latinos, como es norma de la casa, dispuso de tamaño artificio
en el exterior del Centro de Cultura de Arona para que los artistas
hicieran su paseíllo previo a la cita con la prensa. El centenar
de seguidores concentrados sólo tenía ojos para el omnipresente
Tony Santos, protagonista de pancartas tan despistadas como la que portaba
una chica: “Tony, mamón, de aquí a mi colchón”.
De la histeria inicial se pasó al esperpento de la conferencia
de prensa. La desubicación motivó que se cometieran excesos
como que un responsable de la productora le pidiera a los artistas,
en público y ante las cámaras, que se atuvieran al horario
de actuación. Otra salida de tiesto tuvo lugar cuando otro de
los organizadores –Martín Rivero, con una media
sonrisa– pidió al público que no ensuciara mucho
la playa, “para que el año que viene podamos seguir haciendo
el festival”.
Por suerte, los artistas acudieron al rescate para articular algunas
frases consecuentes. Carlinhos pidió, con su deslizante acento,
“que si enamoran esta noche, usen el preservativo”,
una idea acogida con patéticas carcajadas por una audiencia en
la que había más curiosos que periodistas y que destacaba
con disparatados aplausos cada intervención.
Basuras
Es fácil pedir aseo y limpieza al público del Son Latinos
como hizo de manera insistente el correcto presentador de la fiesta,
Willy García. Lo complicado es hacer efectiva esa higiene si
el respetable no tiene a su disposición papeleras y contenedores
donde depositar la basura. Ante esa ausencia, el panorama que
presentaba la playa de Las Vistas en la mañana de ayer era espeluznante.
Era difícil encontrar la arena bajo tanto desperdicio.
La ausencia de basureros es otro de los detalles erróneos de
un evento que quiere ser macrofestival de música pero que a veces
se maneja como una mala elección de romera mayor. Son muchos
los detalles que muestran el desenfoque del Son Latinos, empezando por
una conferencia de prensa ridícula, siguiendo por una zona de
backstage –lugar habitual de encuentro de artistas y profesionales
en otros festivales del mundo– que en el ejemplo tinerfeño
se transforma en una especie de centro comercial plagado de adolescentes
a la caza de autógrafos.
Para culminar con los esperpentos, déjenme destacar un delicioso
lío de organización en el foso que termina con los periodistas
desplazados a la trasera del escenario, donde es imposible seguir los
conciertos. Detalles personales que muestran la duda global: el Son
Latinos tiene una crisis de identidad. La interesante programación
cultural paralela se consolida, pero esa inquietud debe continuar en
el cartel del festival. Este año la selección musical
fue buena, aunque la intención fallase por esa delirante mezcla
de horterismo y calidad. Artistas como Manu Chao se sienten extraños
en este festival cuando debería ser al revés, el raro
es Tony Santos.