Si la mitad del interés, del dinero y del tiempo que han dedicado al auditorio desde el Cabildo lo hubiesen invertido en ocuparse del problema de los residuos y de las aguas residuales, por ejemplo, hoy por hoy seríamos un ejemplo a nivel mundial. Hemos optado por lo faraónico y por aquello que pareciera ir más allá de muestras verdaderas necesidades y posibilidades, el tiempo dirá si la decisión ha sido acertada. Los disgustos del Auditorio están aún por venir cuando año tras año tengamos que hacer frente a un galopante déficit, y ya veremos qué sucede con esa obra que, por lo pronto, la hemos inaugurado a medio terminar, llena de parches y herrumbre, esperemos que todo este despropósito se encauce adecuadamente por el bien de todos. Mientras tanto los vecinos de la costa de Arico seguirán, calladamente, sellando las ventanas para poder dormir porque no hemos dado al problema de los residuos una salida de cara al futuro.
Entre nosotros
Diario de Avisos, 27-09-03
Ayer volvimos a comprobar que Tenerife queda demasiado lejos. Madrid, una vez más demostró que la Isla y 'sus cosillas' importan poco. Por notar ausencias, notamos sobre todas las de Pilar del Castillo. La ministra de Cultura, que nos tiene acostumbrados a asistir a cualquier sarao que se precie debió considerar que la inauguración del Auditorio era pecata minuta, tan pecata y tan minuta como para no enviar siquiera a un representante del Ministerio.
El nuevo consejero insular de Cultura, Miguel Delgado, mostraba su decepción: "Del Castillo ha demostrado poca delicadeza con las Islas". Más ausencias: nadie del Gobierno, excepto el ministro Zaplana que curiosamente ayer estaba en la Isla para asistir a un encuentro con los empresarios. Así que Ricardo Melchior se quedó, como comúnmente se dice "compuesto y sin novia".
El presidente del Cabildo, que anunció que a la inauguración tenían previsto asistir embajadores y diversas casas reales europeas, tuvo que conformarse con un solo invitado de honor, eso sí, de altura: el Príncipe Felipe. La lista de ilustres se completó con un segundo nombre: el de la Begum Inaara, esposa del Aga Khan, jefe religioso de la comunidad musulmana de los ismaelitas.
Los 1.600 exclusivos invitados no pudieron por tanto codearse con damas tocadas con preciosas tiaras; duques acostumbrados a asistir a estos saraos o con las jóvenes y guapas príncesas que cada semana llenan las páginas de las revistas del Corazón. El acto de ayer pasará a los anales de la historia cultural de las Islas, pero no tendrá un hueco entre las páginas de papel couché y por lo que se vio tampoco en las agendas de sus señorías los ministros.
Los 1.600 exclusivos invitados tuvieron que conformarse tan solo con el glamour de Zaplana, el presidente de la CEOE, José María Cuevas; el empresario Juan Abelló; el presidente de Trasmediterránea, Miguel Angel Fernández; el presidente de la Unión Europea de Radiotelevisión, Pedro González; la presidenta de la Asociación Española contra el Cáncer (AECC), Cecilia Plañol, y la productora Dania Dévora, flamante ganadora del Grammy Latino en la categoría de Mejor Álbum Clásico, así como diversos Premios Canarias, gerentes de otros auditorios españoles y críticos musicales de España y el extranjero.
Eso sí, el acto estremeció desde primeras horas de la mañana las callejuelas de Santa Cruz en una actividad frenética de compras a última hora y visitas apresuradas a la peluquería. Anoche, Santa Cruz vivió un sueño de gran ciudad. La creme celebró su gran noche de fiesta.
Calatravo
La Opinión de Tenerife, 28-09-03
Job Ledesma
El espíritu de pobre con pretensiones, de la “capital de provincias de tercera” que decía Galdós, siempre aflora cuando en estas Islas pretendemos lo imposible. El Auditorio de Tenerife, por ejemplo, es un imposible que se hizo posible gracias al que todo lo puede: el dinero. Es bueno hacer la comparación. Imaginen que en Melilla se gastaran 14.000 millones de aquellas pesetas en hacerse una sala para conciertos. Pensaríamos: “Qué tontos estos melillenses”. Pues sucedió en Tenerife, y está listo. Y todos babeando porque vino el príncipe a la inauguración, y todos salivando a través de esas informaciones henchidas donde se destacaba que a la inauguración acudieron más de veinte medios de comunicación extracanarios... pagados, alimentados y cobijados gracias a la alegre arca pública. Se abre un Auditorio y aflora el catetismo, no lo podemos remediar, no se puede pasar del folclore a la vanguardia clasicista en dos fines de semana.
El gasto en el Calatravo es tan injustificable que llevan toda las semana justificándolo, con alcaldes y cabilderos vaticinando un futuro de engolamiento cultural que no está sustentado ni en pasado ni presente. El Auditorio entonces es como una cueva del hermano Calatrava, donde se van a pedir imposibles culturales.
El Auditorio es bello. El Auditorio debe ofrecer algo: una programación, una intensidad, un riesgo, una diferencia. El Auditorio, de aquí a fin de año, no es nada. Sus fechas se rellenaron con lo ya conocido: la temporada de la Orquesta Sinfónica y la programación de ópera que se ofrecía en el Guimerá. Hay amagos hacia músicas tan arriesgadas como el jazz o los ritmos étnicos, aunque resulta curioso que la propuesta de una pequeña sala como el Blue Note de Tejina para esta temporada sea más excitante, vanguardista y, sobre todo, barata. La oferta más transgresora del nuevo Auditorio es una noche de boleros con las selectas voces de Santiago Segura, Pablo Carbonell y el Gran Wyoming, como teloneros no desentonaría la banda de Agaete tocando la Polka de la cerveza.
A este Auditorio le sobran directivos sin idea musical y sin ningún afán de búsqueda, le sobran campañas publicitarias de mentira porque aquí no se emociona nadie con Torrente cantando Sabor a ti. Este Auditorio no es de todos porque le falta de todo; es elitista, estirado y aburrido. El Auditorio padeció del provincianismo en su idea, le faltó más modestia y tranquilidad, más guardar para el futuro, para hacer una programación digna que vire los ojos del mundo hacia Tenerife, ese deseo perenne de ATI y los suyos, esa inquietud por un afán de protagonismo que Canarias jamás tendrá. No podemos despertar una mañana y creernos cultos y modernos entre los dolores de la resaca del baile de magos. Fue de locos gastar tanto en un Auditorio que ahora nada muestra, pero ya es demasiado tarde.
El Auditorio es tan bello como esas chicas rubias y tontas, vacías por dentro.
Espero leer estas líneas dentro de cinco años y comprobar que estaba equivocado.
Auditorio para todos
La Opinión de Tenerife, 29-09-03
Alberto Rodríguez Álvarez
Después de años de espera, de gastos adicionales –varios miles de millones de pesetas–, de incumplimiento en las fechas de entrega y de revisiones del propio proyecto, la Muy Leal, Invicta y Muy Benéfica Ciudad, Puerto y Plaza de Santa Cruz de Santiago de Tenerife, ya cuenta con el referente arquitectónico preciso para que el nombre de esta isla sea pronunciado en todos los rincones del planeta: el Auditorio de Tenerife. Un símbolo más que nos hará caminar, haciendo camino, en busca de la adanmartinista felicidad. Y de esta felicidad deseada, un “momento feliz” –la felicidad, en definitiva, no es un estado prolongado en el tiempo sino una suma de momentos, como el que yo tuve la noche en la que escuchando a Adán Martín en el Club La Opinión de Tenerife, pude ver como una mariposa nocturna abanicaba mis ojos tratando de hacerme volver a la realidad después de haber percibido la cita que el presidente realizó de Son Latinos– el vivido por Ricardo Melchior, presidente del Cabildo de Tenerife, cuando, radiante, se animaba y decía que el Auditorio era una obra de todos y para todo. Desde luego no seré yo el que diga que el Auditorio será un recinto para todo –el tiempo lo dirá– pero sí el que recordará, siempre, que se ha realizado con el dinero de todos; con dinero público, del erario. Una participación económica del común, sin cuya existencia el símbolo no hubiera nacido, que no ha sido tenida en cuenta, que ha sido ignorada y burlada, por quienes llenaron la sala de conciertos –1600 personas– con un público escogido a partir de unos muy peculiares criterios de selección. No se tuvo en cuenta a los muchos aficionados a la música clásica, a la gran mayoría de los amigos y socios de la OST, a los que han mostrado su interés por el Auditorio a lo largo de todos estos años, a esa parte del pueblo llano que sabe y entiende de música… a nadie. Solamente a un grupo muy numeroso de personas, no escogidas al buen tuntún, que presumiblemente se enteraron de esta historia después de haber recibido la invitación oficial. Que supieron del evento con el tiempo preciso, y no más, para pedir hora en la peluquería y acudir, presurosas, a comprarse unos trapitos para no desentonar. El Auditorio de Tenerife no fue para todos el día, grande, de su inauguración. El día en el que un príncipe de Borbón tuvo el gesto, plausible para muchos, de presidir un evento en el que se estrenó Fanfarria Real. Cierto es que la cuestión de las invitaciones anduvo reñida y mantuvo a la greña a los organizadores: lo comprobamos al vislumbrar el sitio ocupado por Ana Oramas y Benito Cabrera; alejados, inmerecidamente, de toda posibilidad de protagonismo. El Auditorio no fue para todos a la hora de engullir los canapés –que sí pagamos todos– y atacar a los gaznates con la bebida libre y gratuita. Después de la inauguración, con la llegada de los conciertos de la OST y del Festival de Música de Canarias, con toda seguridad, ante la ausencia de los que ahora han ejercido de advenedizos sustitutos, se recurrirá a la cita y convocatoria de los verdaderos aficionados. Lo siento por Prokofiev; ya he cancelado la cita que tenía con él el próximo 18 de enero.
Pólvora de rey
Juan Ignacio Jiménez Mesa
La Opinión de Tenerife, 30-09-03
Todavía con la miel en los labios tras la brillante inauguración del Auditorio de Tenerife, nadie muestra la más mínima preocupación ni por su coste final, ni por el asombroso recorrido que ha vivido esa obra desde el presupuesto originalmente aprobado hasta su inauguración. Al contrario, parece constituir todo un orgullo que un proyecto que fue aprobado unos cuatro mil millones de antiguas pesetas, que ya estaba bien, se convierta en 72,3 millones de euros, que no es ni un diez ni en un veinte por ciento de sobrecosto, sino exactamente el triple, o sea, tres veces más de lo que se pensaba que debía costar y estábamos dispuestos a pagar los ciudadanos, que para eso, para controlar el gasto, y no para otra cosa, se hacen presupuestos de obras y se aprueban en las sociedades democráticas.
Leyendo los periódicos de la isla, podría decirse que la totalidad o la mayoría de los ciudadanos de Tenerife, que son al fin y al cabo los que han pagado esa obra a través de los presupuestos del Cabildo, están bastante satisfechos con el resultado final y no se preguntan por su costo, pero aun a riesgo de resultar impertinente tengo que pensar que ha de haber unos cuantos a los que asalten no pocas dudas leyendo los generosos reportajes documentales dedicados al evento. Dudas y cierto complejo de víctimas deslumbradas ante el fogonazo de genialidad de Calatrava, que no conforme con tirar con pólvora de rey, en este caso con pólvora de las arcas públicas de la hacienda isleña, se permite el lujo de decir que el auditorio ha tenido un coste “irrisorio”. Lo irrisorio, en cuanto que mueve a risa, es que se hayan tenido que hacer 7.000 planos de reformado, con los consiguientes suplementos de crédito, para una obra que, inicialmente, según el propio autor de la idea, podría haber sido proyectada y edificada por la tercera parte de precio.
Suponiendo que haya que consentir genialidades como la de Calatrava en razón de su valía, lo que tiene poco recibo es que las entidades públicas jueguen tan alegremente con el sistema presupuestario. En Tenerife conocían ya las mañas del ilustre arquitecto e ingeniero, pues ahí está el Palacio de Congresos y su complejo mantenimiento, de forma que las autoridades podían haber previsto perfectamente el desenlace. Aun así lo consienten, y piensan que en este caso merecía la pena, puesto que buscaban algo, como dicen, “emblemático”, palabra ésta tan socorrida que ha terminado perdiendo valor, y que, referida a edificios, no se logra ni por el montante de la inversión ni por la fama de los arquitectos. No todas las grandes catedrales, ni todos los palacios, son emblemáticos. El carácter de insignia o distintivo de una ciudad casi nunca se consigue a propósito y me temo que en esta ocasión tampoco está garantizado que a Tenerife o Santa Cruz las vayamos a reconocer por ese singular edificio.
Con todo, y rendidos al valor arquitectónico del Auditorio de Tenerife, lo que nos debe preocupar es que ese vicio de tirar con pólvora de rey, despreciando todo control y garantía presupuestaria, se extienda a obras públicas de cualquier isla y de cualquier municipio canario. Algo de eso estamos viendo ya cuando se convocan y se fallan concursos de ideas sobre las cosas más peregrinas, desde una especie de parque acuático en Las Canteras, a un mirador sobre el barranco local. Bien está, en todo caso, si se ajustan a un presupuesto aprobado con todas las garantías democráticas, pero si luego lo consideran “emblemático” para su pueblo y se gastan el doble o el triple, pronto nos quedaremos todos sin pólvora
Auditorio de Tenerife, inaugurado por tercera o cuarta vez el 26 de septiembre de 2003


De los 44 iniciales ahora se habla de 80, pero eso nadie lo sabe
De julio de 2001 hemos llegado a septiembre de 2003 con la obra a medio terminar
Por cierto ¿queda alguna cosa en esta tierra donde se mueva dinero en cantidad en la que no esté metida Promotora Puntalarga? ¡Qué cosa!

¿Parte trasera?





Terraza de verano

Entrada a los baños, que por estar cerrada ya ha comenzado a utilizarse por fuera




Calatrava se olvidó de que existen minusválidos o pasó de ellos, que para el caso es lo mismo


Las grietas que ya presenta el ala están cogidas, seguramente, con aguaplast

Hay que andarse con ojo al caminar por la plaza porque han colocado unos focos de forma adecuada para que una persona mayor o no tanto se dé un buen leñazo


La famosa ala u ola o lo que sea, nos la han entregado con remiendos con Aguaplast


El día después de la inauguración ya se observa cómo las estructuras metálicas ya chorrean herrumbre dada la cercanía del mar. Estas obras de Calatrava, al menos las que ha hecho en Tenerife, al nadie se le escapa su carácter llamtivo, pero mira que dan disgustos -sin ser el del bolsillo- en estalladuras, etc.




¿Emisario del Auditorio?
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